Islas-flotantes-de-Los-Uros,-Lago-Titicaca,-PerúIslas flotantes de Los Uros, Lago Titicaca, Perú / Imagen: Jonas Sosa

Para una mejora continua, a la que aspiran los que brindan bienes y servicios, sean privados o públicos, primero se debe medir; solo así se podrá controlar y posteriormente mejorar.

Y es en la medición que no encontré cifras oficiales sobre turismo rural en el Perú. Solo definiciones, donde se resalta aquello de que es una actividad turística que se desarrolla en un medio rural, atendido por pobladores locales y, como consecuencia, y por arte de magia, una valoración de sus costumbres, ritos y creencias.

Desde el año 2005 yo ya estaba totalmente convencida de que dicha actividad, el turismo rural, debía ser el medio para que los loretanos logren su independencia económica, teniendo en cuenta que la mayoría habita en locaciones rurales; y, como consecuencia, se alcanzaría una adecuada alfabetización, la completa seguridad de que los árboles valen más en pie que talados y, por supuesto, una mejora sustancial de su calidad de vida; donde debería estar incluido un buen colchón y una ducha con agua caliente. 

Las observaciones al modo de hablar, de responder a tanta pregunta que uno pueda hacer, de contar sus historias, de tocar sus instrumentos, entre otras tantas características de los peruanos a lo largo y ancho del Perú, me convencieron todavía más que el turismo rural debía ser ese medio para mejorar la calidad de vida de una gran mayoría de peruanos que se resisten a abandonar sus costumbres, familia, terruño y chacras; pero también los amaneceres y atardeceres y tantas bellezas paisajísticas que hacen de muchos lugares únicos, como únicos son sus habitantes. 

Y encontré literatura de todo el mundo que habla de definiciones del turismo rural. Y encontré, y conocí, también, experiencias fascinantes de casi todos los países latinoamericanos, donde hermanos profesionales en turismo vienen dando todo de sí para el desarrollo del turismo rural, o como se denomine en cada país, entre ellos: turismo rural comunitario, turismo vivencial, turismo indígena, ecoturismo, turismo ecológico, turismo de aventura, etc.

En consecuencia, no dudé de sostener en tanto discurso sometí a mis acompañantes de viajes, amigos, alumnos, colegas, jefes y, hasta a los docentes del doctorado, que el turismo rural debía ser promovido por gobiernos regionales y locales, bajo lineamientos del ente rector. Inclusive, llegué a querer convencer a la gerente de una importante cadena hotelera de que sería muy bueno para la imagen del hotel de cinco estrellas que auspiciara la conformación de prestadores de servicios turísticos rurales. 

Hace poco me preguntó una amiga, dueña de un hotel en una ciudad importante del Perú, ¿qué es el turismo rural? No tuve la respuesta, ni la tengo ahora. 

¿Por qué no realidad? Porque para ser realidad tendría que medirse. Y no hay, ni entidad pública ni privada, y menos los prestadores, que informen del número de huéspedes. Puede que, desde el reconocimiento, a fines del año 2017, como establecimientos de hospedajes al turismo rural, en sus modalidades de turismo rural comunitario, turismo vivencial, turismo de aventura y turismo social, la SUNAT (Superintendencia Nacional de Aduanas y de Administración Tributaria) lleve el registro oficial de ingresos generados por dichos prestadores; pero no el número de turistas. Y mientras puedan, los dueños de dichos negocios las guardarán bajo llave. El temor a la quiebra por culpa de la SUNAT aún es mayor que la necesidad de exponer cifras reales, entre ellas el número de visitantes. Confío se pueda superar. La percepción de “cuco” de toda entidad pública, entre ellas la SUNAT, debe ser desterrada de la mente de los que realizan actividades económicas en el Perú; solo las economías con alta formalidad y, por ende, alta base impositiva tributaria, permiten un crecimiento sostenible de los países y un ingreso per cápita suficiente para que sus ciudadanos no vivan pensando en emigrar. 

Mientras las cifras oficiales de turistas, nacionales y extranjeros, no esté tan subestimada, según mi percepción, el turismo rural seguirá siendo un mito. No niego que exista. Lo que sostengo es que, tal como lo reconoce el MEF (Ministerio de Economía y Finanzas), lo que existe es una clasificación de ofertantes de establecimientos de hospedaje. Y, como tales, deberían figurar en el registro oficial de prestadores de servicios turísticos de hospedaje. 

Así como puede haber una larga lista de tipologías, oficiales o no, de prestadores de servicios turísticos (hospedaje, restaurante, guías, agencias de viaje, transporte turístico, etc.), también los hay de demandantes. Cada día se observan más y más tipologías. Con el “boom” gastronómico, llevado a su máxima expresión por Gastón Acurio, hay turistas extranjeros que vienen solo por la comida. Degustan y retornan. Pero también hay de los que solo vienen a correr olas en Piura o hacer surf en las playas miraflorinas. Algunos que se quedan dos días y otros meses. Y basta con que permanezcan una noche, y no menos de un año, para ser considerados turistas. 

Agrego que, también son turistas los que vacacionan en sus casas de playa o en sitios rurales, toda vez que no son lugares de su domicilio cotidiano. Los llaman turistas de segunda residencia. Y, de ellos, tampoco hay datos.

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Por Ángela Ríos Cardozo

🇵🇪 Formuladora y evaluadora de proyectos de inversión en turismo. Docente universitaria en pregrado y postgrado. Poseo alto nivel de organización, orientación a detalles, foco en trabajo en equipo y resultados. Mi objetivo es el desarrollo del turismo en el Perú a través de la formulación de proyectos de inversión de acondicionamiento turístico y capacitación en gestión de destinos turísticos.

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