turismo muerto

He leído atentamente los comentarios que han surgido en las redes sociales de Hablemos de Turismo y otros sitios similares… y me hace gran ruido una afirmación constante que aparece en cada una de ellas, la cual es que “el turismo es una industria muerta, y que básicamente no vale la pena estudiarla ni ocuparse de ella”.

Ciertamente es una afirmación que me remece como turismólogo, especialmente porque he dedicado mi vida a esta disciplina. Pero intentemos darle una vuelta a esta afirmación y argumentemos la necesidad de preservar un estudio constante y con mirada de futuro del turismo, especialmente hoy en este terrible contexto de pandemia.

Comienzo por afirmar que, el viajar es una necesidad inherente al ser humano, y mientras la humanidad siga sobre esta tierra, el desplazamiento de personas – independiente de sus motivaciones – seguirá existiendo. Por consecuencia, los servicios turísticos juegan un rol importante a la hora de recibir al viajero, pues estos viajeros siempre necesitarán dónde alojar o dónde comer.

Entendiendo que los desplazamientos de personas seguirán existiendo, y por lo tanto industrias como la hotelería y la gastronomía necesariamente deben seguir existiendo; entonces, surge una pregunta recurrente en los argumentos en contra: ¿para qué estudiar turismo si puedo estudiar hotelería y gastronomía?

Pues bien, para eso debemos entender que la gastronomía se dedica exclusivamente a los servicios de alimentación y bebidas, la hotelería a los servicios de alojamiento, pero el turismo se dedica al estudio de los desplazamientos temporales de las personas. El turismo, sin intentar ser superior a otras ciencias, se dedica a la creación de oferta, al estudio de la demanda, de las motivaciones del viaje, al estudio estadístico de gastos, ingresos, empleo, turismo emisor y receptor, etc., etc.

Si observan rápidamente, y con una mirada empresarial, sabrán que todo empresario o emprendedor que quisiera invertir en hotelería o gastronomía, necesitaría este tipo de información para nutrir sus estudios de mercado al momento de la toma de decisiones. 

Por otra parte, quienes aún piensan que estudiar turismo es simplemente “estudiar para ser guía turístico”, es momento de quitarse el velo y comprender que esta es una disciplina multidimensional, donde debemos dominar – a lo menos – los conceptos básicos de otras ciencias como la Geografía, la Estadística, las Matemáticas, la Historia, el Marketing, así como también estar al día con las tendencias mundiales que surgen desde organizaciones internacionales como la UNESCO, la OMT o las Naciones Unidas.

Como bien se ha trabajado en este gran sitio, ser un turismólogo es ser un “profesional que conoce, investiga, estudia y analiza el turismo en su totalidad, considerando su campo de análisis como una ciencia social en constante desarrollo metodológico y relacionada con las ciencias económicas. En otras palabras, es quien ve al turismo como ciencia y no como industria”.

Entendiendo que hoy el turismo está detenido, y en gran parte sindicado como el principal responsable de la propagación de la pandemia. Es claro que es una disciplina que debe reenfocarse hacia el futuro, pero por ningún motivo debiese olvidarse o renunciar a estudiarla. Muy por el contrario, y tal como lo afirmé en mi última columna “Desafíos del Estudiante de Turismo en la era covid-19”, hoy es el momento de motivarse y tomar el futuro del turismo en nuestras manos y comenzar a creer firmemente en esta era de recambio, donde los futuros profesionales están en la mejor posición posible para comenzar a crear un turismo sostenible de verdad, concretando finalmente las aspiraciones que las grandes corporaciones nos han impedido por décadas.

Sigo con mi llamado a los actuales alumnos de turismo, recién egresados, a quienes abandonaron la carrera y en todos quienes aún no se deciden qué estudiar, a mirar esta contingencia como una oportunidad: una oportunidad de cambiar al mundo, de cambiar el futuro de esta hermosa disciplina, de cambiar a los demás y a nosotros mismos. Son sólo pequeñas/grandes ambiciones las que pueden lograr el cambio, y podemos hacerlo entre todos.

Por esto afirmo – y reafirmo – que sólo depende de nosotros que el turismo muera, se reactive tal y como era antes o surja reformado de esta crisis con una mirada sostenible y de próspero futuro para nuestros hijos y el mundo en general.

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Por Andrés González Valencia

🇨🇱 Licenciado en Turismo y Cultura de la Universidad de Valparaíso, Chile. Académico del Área de Hotelería, Turismo y Gastronomía en INACAP sede Valparaíso.

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