Entorno Turístico
Destinos turísticos sabios

El modelo de Destinos Turísticos Inteligentes (DTI) nace como una política pública en España luego de la grave crisis económica de 2008, cuando los maduros destinos de este país necesitaban reforzar su competitividad y superar los enfoques de gestión meramente promocionales. Esta tarea queda a cargo de SEGITTUR, empresa pública dependiente del Ministerio de Industria y Turismo, la cual, inspirándose en el paradigma de las smart cities, desarrolla su conocido modelo, que puede verse en el Informe Destinos Turísticos Inteligentes (López de Ávila et al., 2019) o en The Spanish Model for Smart Tourism Destination Management (Andrades et al., 2024).

Cuando se analiza este modelo en México u otros lugares de Latinoamérica, una de las cuestiones que se plantean en primer lugar es la de cómo adaptarlo a las particularidades locales. Se suelen mencionar puntos tan relevantes de contraste con el modelo europeo como la debilidad de los municipios (debido al centralismo en la toma de decisiones y la dependencia financiera) o la alta rotación de los equipos municipales, que impide la continuidad de los conocimientos técnicos al finalizar el ciclo electoral. Esto complica la implementación del modelo: si bien existen casos de éxito, como Tequila (Jalisco), su desarrollo dista mucho de ser un sencillo “corta y pega”, sino que exige un enorme esfuerzo de adaptación.

En este artículo quiero sugerir una perspectiva ligeramente diferente, reconociendo tanto el interés de los DTI como sus dificultades para replicarlos en nuestro entorno. Desde esta perspectiva, un destino turístico sabio se define prácticamente del mismo modo que un DTI, pero excluyendo la tecnología vanguardista que aparece en la definición original: “un espacio turístico innovador, accesible para todos […] que garantiza el desarrollo sostenible del territorio, facilita la interacción e integración del visitante con el entorno e incrementa la calidad de su experiencia en el destino y la calidad de vida de los residentes” (López de Ávila, 2019: 32).

El DTI se apoya sobre cinco ejes fundamentales: gobernanza, innovación, tecnología, sostenibilidad y accesibilidad. Estos ejes se pueden traducir fácilmente a la perspectiva de los destinos turísticos sabios:

  • La gobernanza es considerada el elemento más importante, sin el cual nada de lo demás funciona. Mientras que en Europa se tienen consejos ciudadanos o apps que permiten votar acerca de los presupuestos municipales y las actuaciones que se llevan a cabo, México cuenta con una gama enorme de modos de organización comunitaria.
  • Con respecto a la innovación, se suele considerar que la dimensión que más resultados produce es la innovación administrativa, la que se da en el terreno de las formas de gobierno, porque moviliza todo lo demás. Y esta clase de innovación, aunque puede apoyarse en la tecnología, también puede funcionar perfectamente sin la presencia de esta.
  • Poco hay que decir acerca de la sostenibilidad, a la cual debe atenderse siempre si no se quiere que el crecimiento turístico deteriore el destino a diversos niveles: ambiental, sociocultural y económico. Lo (relativamente) innecesario de las soluciones tecnológicas salta a la vista al reparar, por ejemplo, que las áreas con mayor biodiversidad del planeta son aquellas que pertenecen a los pueblos originarios, que no dependen de tales soluciones.
  • La accesibilidad va más allá de la mera eliminación de barreras físicas, hasta llegar a una visión holística de la diversidad humana, que permita el disfrute universal del destino. En los DTI europeos nos encontramos con diversas modalidades de tecnología asistiva, pero existen alternativas no tecnológicas que pueden lograr resultados semejantes.

Quedaría el eje tecnológico, quizá el peor entendido, pues en la práctica, los destinos muchas veces introducen elementos tecnológicos que acaban por convertirse en costosos aderezos cosméticos en tanto que no resuelven problemas reales, no surgen de los procesos de gobernanza, etc. Para disponer de una imagen clara, debe entenderse qué es lo que aporta la tecnología a la gestión de los DTI: un instrumento que permite ver el turismo en tiempo real, permitiendo así una planificación mucho más efectiva.

La tecnología, por así decir, convierte los datos en buenas decisiones, que apoyen la gobernanza e incidan positivamente sobre la sustentabilidad y la accesibilidad.

En el modelo DTI, los datos provienen de sensores, redes de WiFi, tarjetas bancarias agregadas, plataformas sociales, etc. Miles de entradas que luego se integran para apoyar la toma de decisiones en tiempo real y la analítica predictiva. En general, se acepta que el destino más inteligente es aquel que toma mejores decisiones, no el más conectado, ni el que dispone de tecnología de última generación.

En un destino turístico sabio, generalmente de un tamaño mucho más manejable (piénsese en una comunidad ecoturística), la inteligencia proporcionada por la tecnología se sustituye por la sabiduría proveniente de las personas.

De ahí el nombre que propongo para este concepto. Con una buena formación de tales personas, se pueden obtener los mismos resultados a nivel de gestión.

Todas estas consideraciones apoyan la idea de que en México y Latinoamérica, sin necesidad de desembolsar grandes cantidades de dinero para soluciones tecnológicas, es posible alcanzar los mismos objetivos que persigue el modelo de los DTI.

Una buena noticia es que en México tenemos ya varios excelentes candidatos a destinos turísticos sabios. En el estado de Oaxaca, desde donde escribo, existen (entre otros) dos ejemplos tan famosos como Ventanilla, en la Costa, y los Pueblos Mancomunados, en la Sierra Norte. Se trata en ambos casos de destinos ecoturísticos comunitarios que, si se analizan con la óptica de los destinos turísticos sabios, ofrecerán lecciones tremendamente interesantes. Su atención a la sustentabilidad y la sutileza de sus formas de gobernanza representan modelos que se han estudiado a nivel mundial.

Pero no todo son buenas noticias. En Europa, la mercadotecnia y, en particular, la promoción de destinos ha sido generalmente muy efectiva, y precisamente, como señalaba arriba, el paradigma de los DTI representa una superación del enfoque mercadotécnico-promocional, transformándolo en una gestión muy sensible y mucho más abarcante de los territorios. Lamentablemente, numerosos destinos de nuestro entorno carecen de esta mercadotecnia de elevado nivel, siendo de hecho uno de los problemas más serios que enfrentan, por todo lo que ello implica en cuanto a falta de acceso a mercados, imposibilidad de generar una marca exitosa, etc. Esta es, sin duda, una dificultad que debe resolverse, para lo cual se cuenta con diversas herramientas técnicas de alta, media y también baja tecnología.

Pero nunca conviene olvidar el poder de la mercadotecnia. Un aspecto que he detectado es que a menudo, desde, por ejemplo, ciertas instancias gubernamentales, se suele considerar a la mercadotecnia como una actividad manipuladora y “neoliberal” en el peor sentido de la palabra, cuando en realidad posee un importante potencial liberador para las comunidades, incluyendo, por supuesto, a los destinos turísticos sabios.

Creo que ahora, al final del artículo, los y las lectoras pueden permitirme hacer una confesión. Por eso les diré que esta de los destinos turísticos sabios es una de las ideas que habría querido desarrollar mucho más y desarrollarla en formato “artículo académico”, con mucha más elaboración teórica. Sin embargo, me ha parecido mejor idea lanzarla así al debate: lo que pueda perderse en términos de rigor académico, sin duda se ganará en frescura.

Más aún, a veces podría pensarse que hemos llegado a una situación crítica en la cual el turismo se parece a una mosca encerrada en una botella. El turismo comunitario, el turismo esperanzador, el turismo regenerativo o los propios destinos inteligentes son vías para ayudarle a escapar de la misma. Analizar estas vías y desarrollar nuevas posibilidades son tareas tan urgentes que las prisas parecen sobradamente justificadas.

«Agradezco al alumnado de la asignatura optativa ‘Destinos inteligentes’, por su interés y todos los debates generados en clase»

Bibliografía

Por José María Filgueiras Nodar

🇪🇸 🇲🇽 Soy Licenciado y Doctor en Filosofía, con un Master en Administración y Dirección de Empresas. Trabajo como Profesor-Investigador en la Universidad del Mar (Huatulco, Oaxaca), donde doy clases de Mercadotecnia General y Turística desde 2007, además de dirigir el Instituto de investigación de Turismo.

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