Cuando era más joven, pensaba que el turismo era sinónimo de libertad. Imaginaba montañas imponentes, playas de aguas cristalinas, bosques infinitos y paisajes capaces de dejar sin palabras a cualquiera.
Sin embargo, con el tiempo comencé a notar algo que antes parecía invisible. Detrás de cada fotografía había una botella abandonada entre los matorrales, una bolsa plástica atrapada entre las rocas, una colilla de cigarro en la arena o una pared rayada donde alguna vez existió un paisaje intacto.
Recuerdo especialmente una salida al cerro Manquehue (Santiago, Chile) junto a mi hijo. Ese día nos propusimos algo simple: recoger toda la basura que encontráramos durante el recorrido. Al terminar, habíamos llenado dos bolsas grandes de residuos. Lo más impactante no fue la cantidad recolectada, sino que, después de todo el esfuerzo, el lugar prácticamente se veía igual. Lo que habíamos recogido era apenas una pequeña fracción de un problema mucho mayor.
Fue entonces cuando comprendí que existe una realidad que rara vez aparece en las fotografías turísticas.
Mientras admiramos paisajes extraordinarios y celebramos el crecimiento de la actividad turística, detrás de escena se acumulan toneladas de residuos que permanecen durante décadas o incluso siglos en el ambiente.
El turismo genera empleo, impulsa economías locales y permite que millones de personas conozcan lugares únicos. Sin embargo, también ejerce una presión ambiental que muchos destinos ya no son capaces de soportar. La pregunta es incómoda, pero necesaria: ¿qué ocurre con los residuos que dejamos cuando termina el viaje y desaparecen las fotografías?
Índice
El problema invisible
La basura asociada al turismo tiene una característica que la hace especialmente compleja: muchas veces permanece fuera de la vista de quienes visitan un destino. Los turistas suelen encontrarse con playas limpias, senderos habilitados y espacios públicos cuidados, sin percibir el enorme esfuerzo que existe detrás para mantener esa imagen.
Diversos estudios advierten que un turista puede generar entre tres y diez veces más residuos que un residente local (SERNATUR y FEDETUR, 2022). En destinos pequeños, aislados o ambientalmente frágiles, esta diferencia puede significar una presión difícil de absorber para los sistemas de recolección y tratamiento de residuos.
A ello se suma la persistencia de muchos desechos asociados al turismo. Una botella plástica puede tardar alrededor de 450 años en degradarse, mientras que algunos tipos de bolsas plásticas pueden permanecer durante siglos en el ambiente. En el caso del vidrio, su permanencia puede extenderse por miles de años si no es recuperado y reciclado adecuadamente (Naturaliza, s.f.; Recolección de Basura, s.f.).
Por ello, cuando la capacidad de gestión de residuos no crece al mismo ritmo que la llegada de visitantes, el éxito turístico puede convertirse rápidamente en un problema ambiental.
Cuando el paraíso se convierte en vertedero
La acumulación de residuos asociada al turismo no es un problema aislado. Desde las playas tropicales del Sudeste Asiático hasta las cumbres más altas del planeta, la presión ejercida por millones de visitantes está dejando una huella cada vez más difícil de ignorar.
El Everest: basura en el techo del mundo
El monte Everest simboliza uno de los mayores logros para los amantes de la montaña, pero también uno de los ejemplos más extremos de contaminación turística. Se estima que entre 40 y 50 toneladas de residuos permanecen dispersas en sus laderas, incluyendo botellas de oxígeno, carpas, equipos de escalada y desechos humanos (Emol, 2020; OhMyGeek, 2025).
Investigaciones recientes detectaron microplásticos a más de 8,840 metros de altura, prácticamente en la cima del planeta, provenientes principalmente del desgaste de ropa y equipamiento técnico (Emol, 2020).
Indonesia: cuando el océano se convierte en receptor de residuos
Según el Banco Mundial, Indonesia genera aproximadamente 7.8 millones de toneladas de residuos plásticos al año, una parte importante de los cuales no logra ser gestionada adecuadamente (World Bank, 2021).
Como consecuencia, cientos de miles de toneladas terminan llegando al océano, afectando ecosistemas marinos y destinos turísticos mundialmente conocidos, como Bali, cuya belleza natural convive cada vez más con episodios de contaminación costera (World Bank, 2021).
Rapa Nui: cuando la belleza tiene límites
La problemática también tiene ejemplos cercanos. En Rapa Nui, el vertedero recibió cerca de 7,500 toneladas de residuos durante 2016, una cifra especialmente preocupante considerando las limitaciones territoriales propias de una isla oceánica (BioBioChile, 2018).
La creciente presión turística motivó incluso la implementación de la Ley N.º 21.070 para regular la permanencia de visitantes y contribuir a la protección de los recursos naturales y culturales de la isla.
Aunque los contextos son diferentes, los tres casos muestran una misma realidad: cuando el número de visitantes supera la capacidad de gestión de un territorio, los residuos terminan amenazando aquello que originalmente atraía a las personas.
Pero, ¿por qué debería importarnos?
A simple vista, la basura turística podría parecer un problema estético: una playa menos atractiva, un sendero con residuos o una botella abandonada en medio de un paisaje natural. Sin embargo, sus consecuencias van mucho más allá de la imagen de un destino.
Una amenaza para la salud pública
La acumulación de residuos favorece la aparición de vectores de enfermedades, como roedores e insectos, además de generar lixiviados capaces de infiltrarse en el suelo y contaminar cursos de agua y napas subterráneas. En ambientes extremos, como el Himalaya, incluso los residuos humanos abandonados representan una amenaza para las fuentes de agua utilizadas por millones de personas aguas abajo (Infobae, 2024; Aconcagua.lat, 2025).
A ello se suma su impacto climático. Cuando los residuos orgánicos se descomponen sin un manejo adecuado, generan metano, un potente gas de efecto invernadero. La quema de basura a cielo abierto agrava aún más el problema al liberar contaminantes que afectan la calidad del aire y la salud de las personas (Pew Charitable Trusts, 2020).
Ecosistemas bajo presión
Muchos residuos terminan en ríos, lagos y océanos. Se estima que cerca del 80% de la basura marina tiene origen terrestre y que gran parte de los plásticos se fragmenta en microplásticos presentes hoy en océanos, glaciares, fauna marina e incluso en el cuerpo humano (Pew Charitable Trusts, 2020).
Un costo económico que todos terminamos pagando
La acumulación de residuos también tiene consecuencias económicas. A nivel mundial, las pérdidas asociadas a una mala gestión de residuos en destinos turísticos superan los 620 millones de dólares anuales, considerando costos de limpieza, deterioro de infraestructura y pérdida de atractivo turístico (Desarrollo Sustentable, s.f.).
Los municipios deben destinar más recursos a la recolección de basura, mientras las empresas turísticas enfrentan mayores costos para mantener la calidad de los destinos. En otras palabras, la basura no desaparece: simplemente cambia de lugar y alguien termina pagando la cuenta.
Por ello, la gestión de residuos no es solo una responsabilidad ambiental. También constituye una necesidad sanitaria, económica y social para garantizar la sostenibilidad del turismo en el largo plazo.
La paradoja del turista consciente
Resulta fácil pensar que la crisis de residuos asociada al turismo se debe únicamente a la irresponsabilidad de quienes viajan. Sin embargo, la realidad es más compleja.
La sostenibilidad se ha convertido en un criterio cada vez más importante para muchos viajeros. En Chile, por ejemplo, un estudio de SERNATUR indicó que un 26% de los turistas extranjeros considera las prácticas sustentables como un factor relevante al momento de elegir dónde hospedarse (SERNATUR, 2022).
Sin embargo, cuando las personas salen de vacaciones, suele ocurrir una paradoja: muchos de los hábitos ambientales que mantienen en sus hogares pasan a un segundo plano. La separación de residuos, el reciclaje o el consumo responsable compiten con la comodidad, el descanso y la desconexión propias de la experiencia turística.
Algunos investigadores describen este fenómeno como una brecha entre la conciencia ambiental y el comportamiento real.
Las personas saben que el problema existe, pero no siempre actúan en consecuencia.
Experiencias desarrolladas en Uruguay evidenciaron que muchos visitantes cometían errores al momento de clasificar residuos, incluso cuando existían contenedores disponibles. La causa no era necesariamente la falta de interés, sino factores tan simples como desconocer el sistema local de reciclaje o recibir información poco clara (Andrioli, s.f.).
Esto demuestra que la solución no puede depender exclusivamente de la buena voluntad individual. Los destinos turísticos también deben facilitar conductas responsables mediante infraestructura adecuada, educación ambiental y sistemas que hagan de la sostenibilidad una parte natural de la experiencia de viaje.
La pregunta, entonces, deja de ser si los turistas son conscientes del problema. La verdadera pregunta es si estamos construyendo destinos capaces de transformar esa conciencia en acciones concretas.
¿Es posible hacer turismo sin dejar una huella de basura?
La respuesta corta es sí. Sin embargo, lograrlo requiere mucho más que instalar contenedores de reciclaje o colocar carteles invitando a cuidar el entorno.
Los destinos más exitosos han entendido que la gestión de residuos forma parte de la planificación turística. Cada vez más territorios están transitando desde un modelo de “usar y desechar” hacia enfoques de economía circular, donde los materiales permanecen en uso durante el mayor tiempo posible y los residuos son vistos como recursos (SERNATUR, s.f.; Eurochile, s.f.).
Algunas experiencias muestran que el cambio es posible. Destinos como la isla de Zlarin, en Croacia, han restringido el uso de plásticos desechables, mientras que diversas ciudades europeas han fortalecido sus sistemas de separación y valorización de residuos (Higiene Ambiental, s.f.).
Sin embargo, no existe una solución única. La evidencia indica que los mejores resultados se obtienen combinando distintas estrategias: establecer límites de capacidad de carga turística, fortalecer la educación ambiental, facilitar conductas responsables mediante infraestructura adecuada y promover la responsabilidad de las empresas sobre los residuos que generan.
La gestión de residuos debe dejar de verse como un gasto y comenzar a entenderse como una inversión. Proteger un destino siempre será menos costoso que restaurarlo una vez degradado.
La sostenibilidad turística no depende de una solución milagrosa, sino de decisiones coordinadas que permitan conservar aquello que hace valiosos a nuestros destinos.
Reflexión final
Comencé este artículo recordando una caminata junto a mi hijo en el cerro Manquehue. Dos bolsas de basura después, el paisaje parecía prácticamente igual. En ese momento entendí que el problema era mucho más grande de lo que imaginaba.
Hoy, tras revisar casos que van desde Rapa Nui hasta el Everest, la conclusión parece evidente: la basura asociada al turismo no es un problema local ni aislado. Es un desafío global que crece al mismo ritmo que aumenta nuestra capacidad de movernos por el planeta.
El problema no es viajar ni conocer nuevos lugares. El problema es seguir promoviendo destinos turísticos sin considerar los residuos que generamos al visitarlos.
Mientras las fotografías muestran playas paradisíacas, montañas imponentes y paisajes inolvidables, detrás del encuadre se acumulan residuos que amenazan precisamente aquello que buscamos admirar.
Quizás el verdadero turismo sustentable no comienza cuando llegamos a un destino, sino cuando entendemos que nuestra responsabilidad con él continúa incluso después de regresar a casa.

Referencias
- Andrioli, M. (s.f.). Gestión Integral de Residuos en Operadores Turísticos: caso de estudio La Paloma Limpia Empresas. Universidad de la República, Uruguay.
- BioBioChile. (2018). 5 destinos turísticos que han sido severamente dañados por los visitantes.
- Emol. (2020). Microplásticos detectados en la cumbre del Everest.
- Eurochile. (s.f.). Economía circular y turismo.
- Higiene Ambiental. (s.f.). Residuos cero en turismo.
- OhMyGeek. (2025). El Monte Everest sigue cubierto por más de 40 toneladas de basura y Nepal abandona su fallido plan de limpieza.
- Pew Charitable Trusts. (2020). Rompiendo la ola de plástico: un camino integral para reducir la contaminación por plástico en los océanos.
- SERNATUR & FEDETUR. (2022). Chile: Por un turismo sustentable. Manual de buenas prácticas para el sector turismo.
- SERNATUR. (s.f.). Economía circular aplicada al sector turismo.
- World Bank. (2021). Plastic Waste Discharges from Rivers and Coastlines in Indonesia.
- Aconcagua.lat. (2025). El Everest se asfixia cubierto de residuos y Nepal lanza un nuevo plan para limpiar el pico más alto del mundo.
- Infobea. (2024; Aconcagua.lat, 2025). Los residuos superan al Monte Everest y se expanden por el sistema montañoso del Himalaya.
- Desarrollo Sustentable. (s.f.). La basura, un problema para el sector turístico.
- Naturaliza. (s.f.). Los números de la basura: tiempos de degradación de residuos.
- Recolección de Basura. (s.f.). 10 tipos de desechos que tardan más en descomponerse.

