Turismo accesible y turismo inclusivo no son sinónimos, aunque buena parte de la industria los use como si lo fueran. La confusión no es un matiz semántico: es la diferencia entre instalar una rampa y transformar la cultura de un destino completo.
Dirijo el Instituto Mexicano de Turismo y Accesibilidad (IMETAC) desde hace casi cuatro años, y esta confusión conceptual es, con diferencia, el error más costoso que veo repetirse entre destinos, hoteles y agencias que quieren hacer bien las cosas y terminan haciéndolas a medias.
Índice
Turismo accesible: la ingeniería de la autonomía
El turismo accesible resuelve un problema concreto: que una persona con discapacidad pueda elegir destino, pagar, reservar, moverse y disfrutar con la misma autonomía que cualquier otro visitante. Se apoya en ajustes razonables y medidas técnicas —rampas con pendiente normada, señalética en braille, información en lengua de señas, protocolos de atención— y puede convertirse en un nicho de mercado rentable por derecho propio: el deporte adaptado y sus torneos internacionales, o el turismo de naturaleza diseñado para discapacidad motriz, ya mueven cifras que ningún destino serio debería ignorar.
En el Reino Unido, el gasto anual en turismo de viajeros con alguna discapacidad, o que viajan en un grupo donde alguien la tiene, ronda las 14,600 millones de libras, con un potencial adicional de 1,000 millones de libras si se eliminaran las barreras que hoy bloquean esos viajes, según cifras de VisitBritain1. No es filantropía: es un mercado desatendido.
Turismo inclusivo: la cultura que sostiene la accesibilidad
El turismo inclusivo cubre un terreno más amplio. No basta con que la infraestructura sea accesible si el personal sigue tratando con lástima a un viajero ciego, o si el mismo destino discrimina a una pareja del mismo sexo, a un turista religioso o a una familia que no encaja en el molde tradicional. ONU Turismo lleva años insistiendo en que la accesibilidad es un derecho y no una cortesía, y ha documentado buenas prácticas de accesibilidad y desarrollo del turismo inclusivo que van mucho más allá de la rampa y el baño adaptado: sensibilización del personal, eliminación de barreras actitudinales, diversidad como principio de diseño desde el origen2.
México ya tiene un ejemplo de manual de esta confusión, y de cuerpo entero: el Sello de Turismo Incluyente de la Secretaría de Turismo evalúa casi exclusivamente criterios arquitectónicos de discapacidad motriz y llama «incluyente» a un distintivo que ni siquiera evalúa discriminación por orientación sexual, origen étnico o lengua. Ya lo documenté a detalle en mi análisis del Sello de Turismo Incluyente de la SECTUR, publicado en el blog del IMETAC3: un sello puede otorgarse a un establecimiento accesible que, al mismo tiempo, discrimina abiertamente a otros grupos. Ese es exactamente el punto donde accesible e incluyente dejan de ser la misma palabra.
El purple washing del turismo
Aquí es donde la etiqueta se vuelve peligrosa. En el mundo anglosajón ya tiene nombre: purple washing, la práctica de tomar prestado el lenguaje y la simbología de la discapacidad para proyectar una imagen incluyente sin desmontar ninguna de las barreras reales que enfrentan las personas con discapacidad, de acuerdo con la definición documentada por Disabled World4.
En el turismo mexicano lo vemos todo el tiempo: un hotel presume su «compromiso incluyente» porque tiene una sola habitación adaptada; un destino publica fotografías de personas con discapacidad en diciembre, mes de la discapacidad, y el resto del año mantiene un sitio web incompatible con lectores de pantalla y un personal sin una sola hora de capacitación.
El turismo accesible es, en el mejor de los casos, uno de los pilares del turismo inclusivo, pero jamás su equivalente.
Un destino puede ser accesible sin ser inclusivo: rampas perfectas y personal que sigue tratando al viajero con discapacidad como un caso especial. Pero ningún destino es inclusivo si primero no resolvió la accesibilidad: la buena voluntad no sustituye una rampa.
La etiqueta no sustituye al trabajo
Las personas con discapacidad —20.8 millones en México, según el Instituto Nacional de Estadística y Geografía5, y 1,300 millones en el mundo, según la Organización Mundial de la Salud— no están buscando una campaña bien intencionada. Están buscando destinos que funcionen. Mientras el sector turístico siga usando «inclusión» como adjetivo de marketing y no como resultado medible, seguirá hablando de dos cosas distintas como si fueran una sola, y el viajero, tarde o temprano, notará la diferencia.
Referencias
- [1] VisitBritain, «The value of the Purple Pound»: https://www.visitbritain.org/business-advice/make-your-business-accessible-and-inclusive/discover-value-purple-pound
- [2] ONU Turismo (UNWTO), «Accesibilidad y Desarrollo del Turismo Inclusivo»: https://www.unwto.org/es/news/turismo-para-todos-la-omt-presenta-el-compendio-de-buenas-practicas-accesibilidad-y-desarrollo-del-turismo-inclusivo
- [3] Cristóbal Getsemani Sánchez Calvillo, IMETAC, «El Turismo que Queremos Construir: De la Asistencia a la Estrategia Competitiva»: https://imetac.mx/2026/07/el-turismo-que-queremos-construir-de-la-asistencia-a-la-estrategia-competitiva/
- [4] Disabled World, «Purple Washing: Disability and Performative Allyship»: https://www.disabled-world.com/disability/publications/journals/purple-washing-allyship.php
- [5] INEGI, Comunicado de prensa núm. 713/21, «Estadísticas a propósito del Día Internacional de las Personas con Discapacidad»: https://www.inegi.org.mx/contenidos/saladeprensa/aproposito/2021/EAP_PersDiscap21.pdf
