Entorno Turístico
Leyendo en el tren

Durante años hemos asociado un buen viaje con aprovechar cada minuto: visitar los principales atractivos, probar la gastronomía local, hacer excursiones, tomar fotografías y regresar a casa con la sensación de haber conocido todo lo posible.

Pero ¿qué sucede cuando el viajero ya no quiere hacer más, sino hacer menos?

En medio de una búsqueda por experiencias más pausadas, aparece una propuesta que resulta particularmente interesante para el sector turístico: las readaways, escapadas en las que leer, descansar y disponer de tiempo sin demasiadas interrupciones forman parte central del viaje.

La idea parece sencilla: elegir un alojamiento agradable, llevar uno o varios libros y reservar unos días sin una agenda saturada.

Sin embargo, detrás de esa sencillez existe algo que vale la pena observar: está cambiando nuestra idea de lo que significa aprovechar un viaje.

Del “hay que conocer todo” al derecho de detenerse

Una de las frases que más escuchamos quienes trabajamos en turismo es: “Ya que estoy ahí, quiero aprovechar”. Y durante mucho tiempo aprovechar significó hacer más. Más recorridos, más lugares, más experiencias, más fotografías.

El problema aparece cuando convertimos incluso el descanso en una actividad que debemos optimizar. Hay viajeros que regresan a casa satisfechos por todo lo que conocieron, pero físicamente agotados por el ritmo que mantuvieron.

Las readaways plantean una lógica diferente: el viajero no elige el destino por la cantidad de actividades disponibles, sino por las condiciones que le ofrece para detenerse: silencio, comodidad, naturaleza, privacidad y tiempo.

El libro puede ser el motivo visible del viaje, pero el verdadero atractivo quizá sea otro: la pausa.

Una oportunidad para alojamientos y destinos

Para la industria turística, esta tendencia resulta interesante porque no necesariamente exige grandes inversiones ni infraestructura especializada.

Una cabaña, una casa rural o un hotel boutique pueden incorporar elementos relativamente sencillos: una pequeña biblioteca bien seleccionada, espacios cómodos de lectura, iluminación adecuada, terrazas o jardines tranquilos y recomendaciones literarias relacionadas con el lugar.

También pueden surgir colaboraciones con librerías independientes, cafeterías, autores locales o proyectos culturales. Incluso el propio destino puede convertirse en parte de la experiencia mediante rutas por librerías, bibliotecas, cafés con historia o lugares vinculados con escritores y obras literarias.

Pero existe un detalle fundamental: no convertir una experiencia pensada para descansar en otro itinerario saturado.

Si ofrecemos al huésped desayuno a determinada hora, taller de lectura, actividad grupal, recorrido, sesión de escritura y cena temática, probablemente terminemos reproduciendo aquello de lo que quería escapar.

En este producto turístico, dejar espacios vacíos también forma parte del diseño.

El potencial del turismo de proximidad

Otro aspecto atractivo de las readaways es que no requieren necesariamente grandes desplazamientos. Una persona puede buscar una experiencia de lectura a pocas horas de casa e incluso dentro de su propia ciudad.

Esto abre posibilidades para destinos secundarios, pequeños alojamientos y establecimientos rurales que quizá no compiten por el turista interesado en grandes atractivos, pero sí pueden hacerlo por quien busca tranquilidad. Una escapada de una o dos noches podría ser suficiente.

Y eso plantea una idea interesante para el sector: un destino no siempre necesita ofrecer más cosas para resultar atractivo. A veces necesita ofrecer mejores condiciones para hacer menos.

Del destino a la emoción

Como profesional del turismo, esta es quizá la parte que considero más relevante. Durante mucho tiempo vendimos destinos; después comenzamos a hablar de vender experiencias.

Hoy necesitamos entender también cómo quiere sentirse el viajero durante esas experiencias.

Hay personas que buscan aventura, convivencia, descubrimiento o adrenalina. Otras quieren sentirse tranquilas, inspiradas, descansadas o simplemente dueñas de su tiempo durante unos días.

Las readaways son una manifestación de esa búsqueda y una invitación para mirar el diseño de productos turísticos desde otra perspectiva.

Tal vez la pregunta ya no debería ser únicamente: ¿Qué más podemos ofrecerle al viajero?

También podríamos preguntarnos: ¿Qué podemos dejar de exigirle?

Porque en una época en la que casi todo compite por nuestra atención, tener unas horas frente a una ventana, un libro entre las manos y ningún lugar al que llegar puede convertirse en una experiencia turística por sí misma.

Y quizá uno de los nuevos lujos del viaje no sea llegar más lejos. Sea, simplemente, tener tiempo para detenernos.

Por Laura Carbajal

🇲🇽 Trabajadora social con 21 años de trayectoria en el ámbito educativo. Hace un año fundé mi agencia de viajes "Modo vacaciones", enfocada en crear experiencias con propósito para grupos de mujeres, senderistas y bodas destino, donde viajar se convierte en transformación, conexión y celebración.

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