Inicio / Artículos de España y Europa / La naturaleza en Donostia, parte intrínseca de su belleza
Vistas desde Urgull
Vista desde el Monte Urgull en San Sebastián.

La naturaleza en Donostia, parte intrínseca de su belleza

Gracias a un error, San Sebastián (Donostia) es conocida también como la Bella Easo. En realidad, los estudios han demostrado que con el nombre de Oiasso (Easo), los romanos se referían a la cercana localidad de Irún, a las orillas del río Bidasoa, y no a San Sebastián. Poco importa porque el calificativo de Bella, se lo ha ganado a pulso.

Abierta al mar con una impresionante bahía custodiada por los montes Urgull e Igeldo, lugares ambos frecuentados por foráneos y visitantes. Visita obligatoria casi en la misma medida que la propia playa de La concha, que se atisba desde el alto de sus cimas y favorita de la reina Maria Cristina.

Barandilla en la playa de La Concha
Bordeada con su característica barandilla y a escasos pasos de los chalets edificados por la aristocracia, la playa de La Concha es considerada la mejor playa urbana de Europa.

La subida al monte Urgull con sendas perfectamente asfaltadas, proporciona imágenes de escenarios poéticos que incluyen murallas de lo que, en el siglo XII, fuera una fortaleza militar. Su visita incita a interesarse por el pasado, del que han quedado restos de edificaciones que se conservan y señalan con referencias históricas y detalles gráficos. A lo largo del recorrido se observan los muros de distintas batallas, pero especialmente lírico y sorprendente es el denominado «cementerio de los ingleses» donde se observan las lápidas de los soldados abatidos durante la primera guerra carlista.

Ya en la cima del Urgull se encuentra el Sagrado Corazón de más de 12 metros de altura. Asentado sobre una capilla de la misma altitud, su imagen puede divisarse desde mar adentro. A este inmenso Cristo, levantado en el siglo XX, se le conoce también como «El Cristo de la Mota» nombre del castillo junto al que se levanta. La fortaleza, escoltada por cañones, fue construida en el siglo XII aunque sufrió varias reformas posteriormente. La más importante en el siglo XVII, aunque fue ya en el XX cuando se apostó por conservar el enclave siendo declarada hace 100 años «Monumento Artístico Nacional».

Cristo de la Mota
El Cristo de la Mota.

A los pies de Urgull y antes de emprender por la bahía camino hacia Igeldo, se encuentra el Aquarium con 3 espacios diferenciados. Uno de ellos muestra colecciones oceanográficas, el segundo se centra en la historia marítima local y el tercero, el más llamativo, es un oceanario atravesado por un túnel de metacrilato que permite una visión de 360 grados de  un simulado fondo marino por el que se pasean peces de todos los tamaños; incluso tiburones, los más espectaculares.

Tiburón en el túnel del Aquarium

En el otro extremo de la bahía se encuentra el monte Igeldo y en su cima un curioso parque de atracciones en el que el tiempo parece haberse detenido. Tradicionalmente la subida, que puede hacerse a pié o en coche, se realiza en el funicular que supera los 100 años con muy buena salud. Compiten Igeldo y Urgull por ofrecer las mejores vistas de la ciudad. Pero aunque la realidad es que las panorámicas desde Igeldo se han hecho mundialmente famosas , decidirse es imposible porque la panorámica desde ambos montes son complementarias.

Funicular a igeldo
Funicular al monte Igeldo.
Vistas desde Igeldo
En recorrer a pié la bahía se tarda apenas 45 minutos, aunque resulta difícil hacerlo sin paradas intermedias por el mero placer de deleitarse con el paisaje.

Tan imperdonable sería haberse movido en las proximidades del monte Urgull y no hacer una incursión en la parte vieja, como no visitar, antes o después de subir a Igeldo, el peine de los vientos, un conjunto de esculturas de Eduardo Chillida ubicada al final de la playa de Ondarreta, contigua a La Concha. E inexcusable no dedicarle al menos unos minutos a la Catedral del Buen Pastor, de estilo neogótico inspirada en las iglesias medievales de Alemania y Francia y construida con material proveniente de las canteras del Monte Igeldo. Además de por sus numerosas vidrieras, esta iglesia de una única torre visible casi desde cualquier punto de la ciudad, destaca por la “Cruz de La Paz”, un trabajo de Eduardo Chillida instalada al cumplirse el primer siglo de vida de la catedral.

Agua en el peine del viento
Peine de los vientos.
Peine de lo vientos
Mar y viento se baten contra el conjunto de 3 piezas que conforman la, quizá, obra más emblemática de Eduardo Chillida.
Exterior Catedral del buen pastor
Catedral del buen pastor.

¿Dónde alojarse?

A la sombra de esa catedral, y en un imponente edificio del siglo XIX del que se ha mantenido su arquitectura, se asienta el hotel boutique Arbaso (antepasado, en euskera). Su nombre ya da una pista. Respirar cultura, embeberse de arte, conocer parte del pasado y sentirse en casa es lo que desde su apertura, hace poco más de un año, ha conseguido este Hotel en pleno centro de San Sebastián y a escasísimos metros de la catedral del Buen Pastor, a cuya fachada dan muchas de las 50 habitaciones con las que cuenta este edificio.

En todas se respira la exclusividad que transmiten los materiales nobles y autóctonos que amueblan las estancias. Apostando siempre por proveedores locales, con un solo bloque sólido de roble autóctono se han hecho las mesas de las habitaciones, el nogal se reserva para los escritorios; de Rafael Moneo (arquitecto Navarro) son las sillas, las tazas del café bar simulan pequeños kaikus, el recipiente de madera que tradicionalmente se usaba en el país vasco para recoger y transportar la leche, y de tejidos naturales se visten las camas.

Hotel arbaso
Hotel boutique Arbaso.

Rehuye Arbaso de la tradicional recepción y opta por una inmensa mesa de madera situada frente a una chimenea donde el cliente consigue sentirse en familia. Nada de uniformes encopetados o mozos de equipaje tocados con gorras de plato. El personal del Arbaso se viste con uniformes pensados ex-profeso por una diseñadora local que se ha centrado en las tradiciones vascas: chalecos que se asemejan a los de los harrijazotxailes (levantadores de piedra, tradicional deporte vasco) o cinturones de los que cuelgan flecos como los de los gerrikos (una especie de fajín que usan pelotaris, dantzaris o baserritarras). Así ha conseguido Arbaso el propósito de hacer del hotel un lugar para vivir, no un sitio para dormir. Un sitio en el que se recibe al cliente con el mismo saludo en euskera (lengua oficial del país vasco) que se da al encontrar a un amigo; un hotel que denomina a sus habitaciones con sonoros nombres como Xirimiri, Sustraía, Olatu o Sua (lluvia fina, raíz, ola y fuego, en euskera), un establecimiento en cuya puerta de acceso se puede leer: “Izan zirelako gara, garelako izango dira” (porque fueron somos y porque somos serán). Nada o poco más que añadir salvo que es un hotel 4 estrellas altamente recomendable, ¡también en lo gastronómico!

Habitación sua del Hotel arbaso
Habitación «Sua» del hotel Arbaso.

Tus comentarios son muy importantes

comentarios

Acerca de Araceli Viqueira

🇪🇸 Despierta imaginaba visitas a lugares desconocidos hacia los que no sabía dirigir mis pasos. El tiempo, el mismo que a veces perdemos, y la curiosidad innata han sido mis aliados. Por fortuna, combinar trabajo y placer hace más fácil mantener la misma ilusión que hace décadas.