vino quesoVinos, quesos y productos agrícolas forman parte de la producción de la Finca Pago Guijoso.

Como dice Pedro Carrascosa, director de la bodega Familia Conesa-Pago Guijoso, “nosotros representamos la sinceridad del terroir”. Y, efectivamente, esta finca de 3000 hectáreas, de la comarca de Campo de Montiel (Albacete), donde se encuentra la bodega de vinos de pago Familia Conesa-Pago Guijoso y donde se produce un queso manchego de D.O.P. (denominación de origen) está considerada una de las mejores de Europa por un lado, por su tipo de producción de vino, en altitud (1100 metros), con una morfología del terreno (suelos de guijarros, mineralidad) especial y un microclima de fuertes contrastes térmicos y, por otro, por ser un modelo de conservación de biodiversidad.

Por eso, la Finca Pago Guijoso puede estar orgullosa de tener un terroir (terruño) diferente, personal y auténtico que le lleva a elaborar unos vinos de excelente calidad y a diferenciarse con la denominación de Vino de pago. Para entendernos, en España, donde abundan las bodegas, solo existen 20 con este sello, que se equipararía a los renombrados vinos de “Château” (castillo) en Francia, donde se elaboran algunos de los mejores caldos del mundo. Ser considerado vino de pago es el mayor reconocimiento a la calidad y a la singularidad que existe en España, actualmente, en materia vinícola.

Campo con cultivo de ajos morados en la Finca del Guijoso.

 Esta comunicación con el “terroir” tan directa, tan pasional es lo que distingue el trabajo tanto del dinámico Pedro Carrascosa como del visionario empresario agrícola Antonio Conesa, dueño de la Finca desde 2013 y descendiente de una saga de agricultores de raigambre. Ambos están embarcados en una aventura que privilegia, ante todo, la esencia del campo, de sus productos, respetando las elaboraciones ya sea para los vinos, los quesos o la ingente producción agropecuaria.

La Finca es modelo de sostenibiblidad por su producción agrícola y ganadera. Desde las sabinas (el árbol más protegido de Europa), alguna milenaria se encuentra en la parte social de bellos jardines de la Finca, hasta el amor con el que se cultivan y se recolectan las frutas y hortalizas, pasando por el sumo respeto a los animales, como es el caso de sus  4.000 ovejas manchegas con las que se elaboran sus quesos curados y semicurados manchegos de D.O. ( una denominación de origen certificada que solo posee en torno a un 20 % de los quesos que se producen en Castilla-La Mancha).

Ovejas de la Finca.

Pasearse por la Finca es todo un espectáculo de naturaleza y autenticidad. La vista se pierde en el horizonte entre las llanuras manchegas, las gargantas, las sierras y la luminosidad de sus cielos.  El terreno se encuentra entre dos parques naturales –las lagunas de Ruidera, una de las zonas más bonitas de Castilla-La Mancha y la sierra de Alcaraz–. La experiencia abarca desde ver numerosos animales en estado salvaje (ciervos, conejos, jabalís, rapaces…), protegidos por los responsables de la Finca, hasta descubrir numerosas especies de árboles (sabinas, encinas…) o plantas tan campestres como el tomillo, la lavanda… La explotación agrícola y ganadera tiene 1.400 hectáreas de diferentes cultivos: hortalizas como brécoles, coliflores, pimientos, ajos morados de la zona…; árboles frutales como albaricoqueros, limoneros, etc; frutos secos. Todos ellos con certificación ecológica, incluido el viñedo.

La sabina milenaria de Finca el Guijoso.

También, podemos encontrar, en la Finca, la impecable cabaña ganadera ovina de la que proceden los quesos Hacienda Guijoso, con D.O.P. Queso Manchego y curados sobre madera de sabina, una de las más resistentes del mundo (muchos barcos de guerra antiguos se construían con ella), que además aporta al queso un aroma inigualable.

Queso manchego de Pago Guijoso curándose en tablas de sabina.

Muy bien alimentadas ecológicamente, las ovejas son ordeñadas cada día y su leche se recoge por la noche –para que las altas temperaturas diurnas no interfieran en su calidad, procesándose a la mañana siguiente, bien temprano para que no pierda sus cualidades organolépticas y nutricionales.

Finca Pago Guijoso.

Un terroir muy sincero y con personalidad

Si el queso es uno de los protagonistas de la Finca, el vino lo es, si cabe, igual o más. El viñedo de 122 hectáreas se encuentra, como hemos dicho, a 1.100 metros de altitud sobre el nivel del mar, lo que favorece, por su clima continental de contrastes, esa complejidad, esa acidez natural excepcional y esa frescura a sus vinos. Diseñado, actualmente, por el gurú de la viticultura Richard Smart, se trata de uno de los primeros viñedos en espaldera que hubo en España. Las viñas se encuentran alrededor de la bodega, lo que hace que la experiencia enoturística en El Guijoso permita seguir el ciclo completo del proceso y sentir el terroir en toda su plenitud. Si a esto, le añadimos el gusto de realizar una cata de vinos y quesos, la visita a la Hacienda Quijoso se convierte en un placer gastronómico de primer orden. La bodega Familia Conesa-Pago Guijoso ofrece, en este sentido, diferentes propuestas de enoturismo y dispone de una tienda in situ y otra online en la que adquirir todos sus productos. www.familiaconesa.com

Viñas en espaldera de la Finca Pago Guijoso.

Tanto la bodega como el viñedo están dotados de las más modernas tecnologías internacionales que se conjugan con una labor absolutamente artesanal y se apuesta por el batonnage (crianza sobre lías) en el caso de los vinos blancos y por crianzas mínimas de seis meses en el de los tintos. En la bodega, existe una cueva subterránea (donde, en parte, se maduran los quesos manchegos gran reserva), así como barricas de roble francés (500) y americano (16), además de dos depósitos ovoides para la oxigenación y microxigenación del vino y de seis tinajas de barro del año 1840 que han sido adaptadas con acero inoxidable y que se utilizan para afinar determinados vinos.

Actualmente, la bodega tiene capacidad para producir 250.000 botellas al año, de las cuales un 60 % se exporta a 18 países de todo el mundo.

Las variedades plantadas en la finca son las blancas Chardonnay, Sauvignon Blanc y Viogner y las tintas Cabernet Sauvignon, Merlot, Syrah, Tempranillo, Garnacha y Petit Verdot –todas perfectamente adaptadas al entorno– y existe una pequeña extensión de viñedo experimental con varietales como Zinfandel, Trincadeira, Tannat, Montepulciano, etc.

Algunos vinos de la producción de Pago Guijoso.

Con estos precedentes, decir que los vinos resultantes de Pago Guijoso son excepcionales parece obvio. La gama de caldos elaborados abarca las marcas La Doncella, El Beso y La Sabina, que engloban, entre las tres, siete vinos tintos, un rosado y dos blancos.  A esta lista, hay que añadir, el espumoso A. Conesa 58, un Brut Nature Blanc de Blancs de 2020 y la última incorporación a la familia, que saldrá para las próximas Navidades, el Brut Rosé A.Conesa 58, otro espumoso pero rosado.

Los vinos de La Sabina son los más complejos aromáticamente por haber estado más tiempo en barrica. Comprende cuatro tintos monovarietales: uno de Tempranillo (12 meses en barrica), uno de Merlot (12 meses en barrica), uno de Cabernet Sauvignon Gran Reserva (22 meses en barrica) y otro de Syrah (11 meses en barrica).

En cuanto a los vinos El Beso, son los más de autor. La colección incluye un blanco y un tinto que cada año responde al capricho de su creador, por lo que pueden ser desde un monovarietal procedente de una añada excelente hasta un coupage de diferentes variedades e, incluso, añadas.

La Doncella, cuyo nombre responde a una vieja leyenda misteriosa de Pago Guijoso, en la que una joven con flores se paseaba entre las viñas, dándoles su cariño (las preciosas etiquetas lo reflejan) tiene una gama de Tempranillo, otra de Roble, otra de Rosado y, quizás la estrella, la Doncella Chardonnay, cuya última añada (2019) ha sido catalogada como uno de los diez mejores Chardonnay del mundo –de nuestro país, el número uno– en el concurso internacional Chardonnay du Monde 2020.

Vino Brut Rosé de Pago Guijoso.

Como el vino, que es un organismo vivo, que nunca se detiene y que mejora con los años, así es la labor de la Bodega Familia Conesa – Pago Guijoso. Prueba de ello, es la última aportación: ese Brut Rosé A. Conesa 58, un espumoso rosado complejo y elegante de burbuja finísima que nos va a alegrar las reuniones de las próximas Navidades. Es, además, ecológico y vegano, elaborado al 50% con las variedades de uva Merlot y Syrah. En su nombre, consta la edad actual del dueño y presidente de las bodegas, Antonio Conesa, gran amante de champagnes y cavas, cuyo reto de producir un espumoso en el corazón de La Mancha, en Campo de Montiel, no deja de ser algo extraordinario, que demuestra el talante valiente y de excelencia de una Finca que conjuga, como pocas, la calidad de sus vinos, de sus quesos y de su sincera y ecológica filosofía.

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Por Carmen Pineda

Inquieta, rigurosa, sensible y amante de la cultura (sobre todo el cine), el turismo, la gastronomía y los viajes. Me gusta comunicar y escribir sobre mis experiencias y sobre el mundo en general.

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