CervezasDos personas celebrando y tomando cerveza.

Seguramente los habrán visto en algún medio. Son los jóvenes europeos (la mayoría británicos) que vienen a zonas costeras del Mediterráneo español en verano a emborracharse y a pegarse el desfase de los desfases por muy poco dinero (se pueden encontrar paquetes por 400 € -$9,400 pesos mexicanos aproximadamente- el viaje completo). Es frecuente verlos en ropa de baño, con toda clase de disfraces curiosos e incluso sin ropa alguna. Es la descripción gráfica del conocido como turismo de borrachera; el escándalo de los escándalos.

Sí, seguramente les resulte extraño que un graduado en turismo se posicione en contra de esta actividad. Probablemente se les estará pasando por la cabeza que este tipo de turismo supone prosperidad para las zonas en las que se desarrolla, y también para el Estado Español. Nada más lejos de la realidad. Esos argumentos no son aplicables en este caso, entre otras cosas porque son falsos. Y a las pruebas me remito.

En primer lugar, el turismo de borrachera deja en España muchísimo menos dinero del que la gente cree, puesto que la mayor parte de estos turistas viajan con paquetes contratados con turoperadores británicos, muchos de los cuáles poseen sus propios establecimientos en el destino. Sí, muchas de las discotecas frecuentadas por estos jóvenes pertenecen a los propios turoperadores ingleses o a empresarios de la misma nacionalidad. Es cierto que estos locales pagan sus impuestos en España, repercutiendo ese dinero en las arcas públicas, de acuerdo, al igual que tributan otros tantos miles de bares y discotecas localizadas a lo largo y a lo ancho de todo el territorio español. Sin embargo, la mayor parte del dinero que genera este fenómeno, no se queda en España, sino que sale en forma de beneficios a las cuentas de las empresas extranjeras que mueven toda esta masa social, por no hablar de los numerosos costes que tienen que afrontar todos los españoles de sus impuestos para que los servicios sanitarios asistan los no pocos casos de intoxicaciones etílicas y heridos resultantes de peleas ocasionadas por el exceso de alcohol que se producen en estos destinos el vandalismo… Sin embargo, lo peor de toda esta cuestión, es el terrible daño que sufre la Marca España.

Los numerosos casos de muertes por lo que se conoce como balconing (jóvenes que se lanzan a la piscina desde los balcones de los hoteles) y sobre todo la noticia de la chica irlandesa de 18 años que le practicó sexo oral a 23 chicos en una noche a cambio de alcohol no son nada beneficiosas para la imagen del país en el extranjero.

A pesar de mis 23 años, me posiciono claramente en contra de este turismo low cost, no sólo por todo lo expuesto anteriormente, sino también porque dificulta enormemente la vida de los residentes en las localidades donde esto sucede, gente que no puede dormir por el ruido o niños que se pueden encontrar escenas poco agradables y recomendables.

El turismo de borrachera es una lacra que atenta no sólo contra el civismo, sino que también aleja de estos lugares a otro tipo de turismo que no es tan numeroso pero que, los que pertenecemos al sector sabemos que son infinitamente más rentables, a la par que respetuosos, como el familiar, el de lujo o el de salud.

Por eso es hora de actuar desde las instituciones. Se ha dejado llegar la situación demasiado lejos. España, como destino, nunca podrá competir en precio contra otros países mediterráneos como Croacia o los países del Magreb, que ofrecen un producto similar y más barato, por lo que no tiene sentido seguir apostando por esta aberración. Lo barato puede salir muy caro.

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Por Alberto Montero

"Dentro de veinte años estarás más decepcionado por las cosas que no hiciste que por aquellas que sí hiciste. Así que suelta amarras. Navega lejos del puerto seguro. Atrapa los vientos alisios en tus velas. Explora. Sueña. Descubre" – Mark Twain.

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