Entorno Turístico
Lugares y paisajes en TamaulipasEn imagen: Playa Miramar, Reserva de la Biosfera El Cielo, mirador en Alta Cumbre e Iglesia de San Antonio de Padua en Tula (estado de Tamaulipas)

Introducción: una palabra atractiva, una pregunta incómoda

El turismo regenerativo se ha convertido en una de las expresiones más seductoras del discurso turístico contemporáneo. Suena bien, parece ético y ofrece una salida frente al desgaste del modelo convencional. Sin embargo, también corre el riesgo de convertirse en una etiqueta elegante para seguir haciendo lo mismo: atraer más visitantes, construir más infraestructura, vender más experiencias y dejar a las comunidades locales con los costos ambientales, sociales y culturales.

En México, donde el turismo es al mismo tiempo motor económico, estrategia política y campo de disputa territorial, hablar de regeneración exige una mirada crítica. La pregunta no es si el concepto es atractivo, sino si puede operar en territorios donde todavía predominan indicadores de éxito basados en llegadas, derrama, ocupación hotelera y posicionamiento internacional.

ONU Turismo define el turismo sostenible como aquel que toma plenamente en cuenta sus impactos económicos, sociales y ambientales presentes y futuros, atendiendo las necesidades de visitantes, industria, entorno y comunidades anfitrionas. El turismo regenerativo parte de ese piso, pero pretende ir más allá: no solo hacer menos daño, sino activar procesos que mejoren la capacidad de los lugares para sostener vida, identidad, bienestar y vínculos comunitarios.

Del turismo sostenible al turismo regenerativo

La sostenibilidad turística ha sido durante décadas el lenguaje institucional dominante. Ha permitido visibilizar impactos, ordenar agendas ambientales y colocar a las comunidades dentro del debate. No obstante, en la práctica muchas veces se ha utilizado como un mecanismo de compensación: se sigue creciendo, pero se agrega un componente verde, una certificación, una campaña de sensibilización o una promesa de responsabilidad social.

El enfoque regenerativo propone otra ruta. Bellato, Frantzeskaki y Nygaard sostienen que el turismo regenerativo busca insertar las prácticas turísticas dentro de comunidades locales y procesos ecológicos capaces de elevar el bienestar humano y no humano. La diferencia es importante: ya no se trata solamente de conservar un paisaje para que el turista lo consuma, sino de preguntarse si la actividad turística fortalece los sistemas vivos, sociales y culturales que hacen posible ese paisaje.

El problema es que la regeneración no se decreta. No basta con cambiar el lenguaje de “sustentable” a “regenerativo”.

En México, Miroglio-Gouin, Piñar-Alvarez, Moreno Saucedo y García-Contreras advierten que el turismo regenerativo aún presenta escasez de desarrollo conceptual y una comprensión limitada de sus fundamentos y herramientas para su aplicación concreta en el territorio. Esta advertencia es clave: sin método, indicadores y gobernanza, el término puede terminar como moda académica o como mercadotecnia institucional.

La realidad mexicana: éxito económico, límites territoriales

México tiene razones para tomar en serio al turismo. La Cuenta Satélite del Turismo de México 2024 reportó que el PIB turístico representó 8.7% del total de la economía y alcanzó más de 2.71 billones de pesos. Además, DataTur informó que, de enero a febrero de 2026, México recibió 8.2 millones de turistas internacionales y captó 6.7 mil millones de dólares por visitantes internacionales. Estos números explican por qué el turismo ocupa un lugar central en la política pública.

Pero esos mismos números también revelan el dilema. Si el éxito se mide principalmente por volumen y divisas, la lógica regenerativa queda subordinada a una racionalidad de crecimiento. Un destino puede recibir más turistas y, al mismo tiempo, deteriorar sus recursos naturales, encarecer el suelo, saturar servicios públicos o precarizar el trabajo local.

La regeneración exige otras preguntas: ¿quién se beneficia?, ¿quién decide?, ¿qué se restaura?, ¿qué se pierde?, ¿qué capacidades quedan en la comunidad después de la visita?

El Programa Sectorial de Turismo 2025-2030 reconoce que los beneficios generados por los grandes modelos de desarrollo se han concentrado en determinadas zonas, y plantea la necesidad de reorientar esfuerzos hacia regiones con potencial turístico bajo un enfoque más equitativo, inclusivo y sostenible. También identifica que 91.2% de los turistas internacionales llega a través de cinco aeropuertos: Ciudad de México, Cancún, Guadalajara, Vallarta y Los Cabos. Este dato es fundamental: México no solo enfrenta el desafío de atraer turistas, sino de distribuir territorialmente los beneficios y los impactos del turismo.

Pros del enfoque regenerativo

El primer aporte del turismo regenerativo es que cuestiona la visión extractiva del destino. En el modelo tradicional, el territorio aparece como recurso: playa, cascada, centro histórico, gastronomía, fiesta patronal, artesanía o paisaje. En una mirada regenerativa, el territorio no es un escenario disponible, sino un sistema vivo donde intervienen historia, ecología, economía local, memoria, trabajo y poder.

El segundo aporte es que obliga a mirar la calidad del vínculo entre turismo y comunidad. Un proyecto turístico no debería evaluarse solo por sus visitantes, sino por su capacidad para fortalecer redes locales, generar aprendizaje, ampliar ingresos comunitarios, conservar patrimonio y mejorar la vida cotidiana de quienes habitan el lugar.

El tercer aporte es que puede ser especialmente útil para destinos emergentes, rurales, patrimoniales o naturales. En lugar de copiar modelos de sol y playa o de masificación, el enfoque regenerativo permitiría diseñar experiencias pequeñas, situadas, interpretativas y con fuerte participación local. Esto sería relevante para estados que no tienen la escala de Cancún, Los Cabos o la Riviera Maya, pero sí poseen patrimonio natural, histórico y cultural con posibilidades de desarrollo propio.

El cuarto aporte es metodológico. Si se toma en serio, la regeneración obliga a crear indicadores distintos: restauración ecológica, manejo de residuos, cuidado del agua, ingreso local retenido, empleo digno, participación comunitaria, protección de patrimonio, satisfacción del residente, capacidad de carga y diversificación temporal de los flujos.

Contras y riesgos: el turismo regenerativo como simulación

El principal riesgo es la simulación. Se puede llamar “regenerativo” a casi cualquier cosa: una caminata, una cabaña, una ruta gastronómica, una ceremonia, una visita a un taller artesanal o una experiencia rural.

Si no cambian las relaciones de poder, la distribución de beneficios y la toma de decisiones, el concepto se vacía.

Otro problema es la contradicción entre regeneración y crecimiento ilimitado. El turismo regenerativo exige límites; el mercado turístico suele pedir expansión. La tensión se vuelve evidente cuando un destino busca recibir cada año más visitantes, pero no cuenta con sistemas adecuados de agua, residuos, movilidad, ordenamiento territorial o gestión de impactos.

También existen conflictos urbanos y ambientales que muestran la distancia entre el discurso y la realidad. En Ciudad de México y Oaxaca, por ejemplo, la discusión sobre gentrificación se ha vinculado con turismo, vivienda, llegada de residentes temporales y desplazamiento de población local. En Mahahual, Quintana Roo, autoridades mexicanas rechazaron el proyecto “Perfect Day Mexico” de Royal Caribbean después de oposición social y ambiental por sus posibles impactos en arrecifes, manglares y acceso comunitario a recursos naturales. Estos casos muestran que el turismo ya no puede analizarse solo como derrama económica: también produce conflictos por territorio, ambiente y derecho a la ciudad.

Tamaulipas: oportunidad y contradicción

Tamaulipas permite observar con claridad las posibilidades y límites del enfoque regenerativo. El estado reportó al cierre de 2025 más de 16 millones 679 mil visitantes, un crecimiento de 17.5% respecto de 2024, y una derrama económica superior a 15 mil 334 millones de pesos. Desde la lectura convencional, la cifra es positiva: muestra recuperación, posicionamiento y capacidad de atracción.

Pero el propio diagnóstico turístico estatal revela una realidad más compleja. El Diagnóstico F140 de Promoción Turística identifica capital natural y cultural desaprovechado, falta de infraestructura turística básica, percepción de inseguridad, falta de operadores turísticos y guías, y concentración de la afluencia en periodos como Semana Santa, verano, diciembre y fines de semana largos. A su vez, el Diagnóstico P035 reconoce rezagos en infraestructura, servicios, imagen urbana, conectividad, ordenamiento territorial y recursos humanos capacitados, lo que coloca a Tamaulipas como un estado emergente y en desarrollo frente a destinos consolidados.

Estas condiciones no invalidan el enfoque regenerativo; al contrario, lo vuelven pertinente. Pero obligan a asumirlo como una metodología de desarrollo territorial, no como una campaña de promoción. En Tamaulipas, la regeneración turística tendría que comenzar por fortalecer capacidades locales, crear productos con identidad, formar guías, mejorar infraestructura mínima, ordenar flujos y construir confianza en los destinos.

Miramar: éxito de afluencia, preguntas de regeneración

Playa Miramar es el ejemplo más claro del éxito turístico convencional en Tamaulipas. En la primera semana de vacaciones de verano de 2025 registró más de 230 mil visitantes y una derrama superior a 212 millones de pesos. Esa cifra confirma su papel como principal polo turístico del estado.

Sin embargo, desde un enfoque regenerativo, habría que formular preguntas distintas: ¿cuántos residuos se generaron?, ¿qué capacidad tiene el sistema de limpieza?, ¿qué presión recibe la zona costera?, ¿qué porcentaje de la derrama queda en negocios locales?, ¿cómo se protege el ecosistema de playa?, ¿se restauran dunas?, ¿se miden impactos en agua, movilidad y seguridad?

El debate reciente sobre presencia de chapopote en playas del Golfo, incluyendo referencias a Miramar durante Semana Santa de 2026, muestra que los destinos costeros son vulnerables a riesgos ambientales que pueden ser minimizados en el discurso promocional, pero que deben incorporarse a la gestión turística. En términos regenerativos, Miramar no debería aspirar solo a recibir más gente, sino a convertirse en un laboratorio de gestión costera: residuos, movilidad, educación ambiental, restauración ecológica, monitoreo público y participación empresarial.

Tula, Mier y la cultura: entre identidad y folklorización

Los Pueblos Mágicos de Tula y Mier ofrecen otro tipo de posibilidad. Mier resalta por su riqueza histórica, casonas antiguas, calles empedradas, gastronomía y una identidad fronteriza particular; Tula se asocia con memoria histórica, arquitectura, artesanía, gastronomía y la cuera tamaulipeca. Aquí el turismo regenerativo podría vincular artesanos, cocineras tradicionales, cronistas, guías locales, museos comunitarios y rutas de memoria.

Pero también existe el riesgo de folklorizar la cultura. La regeneración no consiste en convertir la identidad en espectáculo para el visitante, sino en fortalecer a quienes la sostienen. Una ruta cultural regenerativa debería preguntarse si mejora el ingreso del artesano, si reconoce autoría local, si forma jóvenes como guías, si protege oficios, si evita la banalización del patrimonio y si genera orgullo comunitario sin convertir la vida local en escenografía.

Naturaleza y áreas protegidas: El Cielo, Altas Cumbres y otros territorios

Tamaulipas posee territorios naturales donde el enfoque regenerativo tendría gran pertinencia. La Reserva de la Biósfera El Cielo tiene una extensión de 144,530 hectáreas y abarca parte de los municipios de Gómez Farías, Llera, Jaumave y Ocampo. En estos espacios, el turismo no puede reducirse a aventura o paisaje: debe articular conservación, educación ambiental, economía local, monitoreo y límites de visita.

Altas Cumbres, El Chorrito, la Laguna Madre, la Sierra de San Carlos y otros sitios con valor natural, religioso, histórico o comunitario requieren una lógica similar. El reto no es inventar atractivos de manera apresurada, sino construir productos turísticos con interpretación, seguridad, señalización, capacitación, acuerdos comunitarios y mecanismos de conservación.

¿Se puede trabajar realmente bajo este enfoque?

Sí, pero no como receta general ni como etiqueta inmediata. En México, y particularmente en Tamaulipas, el turismo regenerativo tendría que iniciar con proyectos piloto, no con discursos estatales amplios. Se podría comenzar con una ruta interpretativa en Altas Cumbres, una estrategia de manejo en Playa Miramar, una ruta histórica en Tampico, una experiencia artesanal en Tula, una ruta fronteriza en Mier o una red de guías locales en El Cielo.

Para que funcione, cada proyecto debería tener al menos cinco condiciones. Primera: participación real de la comunidad desde el diseño, no solo como mano de obra. Segunda: indicadores de impacto ambiental, social y económico. Tercera: distribución clara de beneficios. Cuarta: capacitación y profesionalización local. Quinta: límites de uso turístico, especialmente en áreas frágiles.

El turismo regenerativo no puede depender solo de la buena voluntad de prestadores de servicios.

Requiere política pública, ordenamiento territorial, financiamiento, datos abiertos, cooperación entre instituciones y continuidad. También requiere honestidad: habrá destinos donde el primer paso no será regenerar, sino resolver lo básico: acceso, limpieza, seguridad, señalización, servicios sanitarios, conectividad, capacitación y organización comunitaria.

Conclusión: regenerar no es promocionar

El turismo regenerativo ofrece una oportunidad poderosa para repensar la actividad turística en México. Su mayor virtud es que cambia la pregunta central:

…ya no basta con saber cuántos turistas llegaron o cuánto dinero dejaron; hay que saber si el territorio quedó mejor después de la visita.

Pero su mayor debilidad es la facilidad con la que puede ser absorbido por el lenguaje promocional. Si se usa solo para vender experiencias “verdes”, “auténticas” o “comunitarias”, terminará reproduciendo el mismo modelo extractivo que dice superar.

Tamaulipas tiene una ventaja estratégica: todavía no está totalmente atrapado en la masificación turística internacional. Eso le permite no copiar los errores de otros destinos. Puede construir un modelo propio, basado en costa, sierra, frontera, memoria, patrimonio, gastronomía, naturaleza y comunidad. Pero para lograrlo debe dejar de ver al turismo solo como número y empezar a entenderlo como relación territorial.

El turismo regenerativo no debe ser turismo bonito con palabras nuevas. Debe ser una forma de preguntarse si el turismo cura o profundiza las heridas del territorio.

Si después de la visita el lugar queda más limpio, más organizado, más justo, más vivo y con mayor capacidad comunitaria, entonces hay regeneración. Si solo quedan cifras de visitantes, fotografías promocionales y discursos de derrama económica, entonces seguimos en el mismo modelo, aunque le cambiemos el nombre.

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Por Ulises Zaragoza

🇲🇽 Profesor e investigador en la Universidad Autónoma de Tamaulipas. Doctorante en Ciencias Sociales con enfoque en historia del turismo y políticas públicas. Ha coordinado proyectos de desarrollo turístico y cultural orientados a la valorización del patrimonio tamaulipeco mediante investigación aplicada e innovación territorial.

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