Grupo de personas en Boca de TomatesGrupo de personas en Boca de Tomates.

A más de 200 kilómetros de la costa, en la ciudad de Guadalajara, Jalisco (México), parece ser un amanecer de sábado común: en el horizonte los rayos del sol amenazan con salir después de una madrugada lluviosa, sin embargo, paradójicamente, para ser un sábado a las 6 de la mañana en los límites de la zona centro de la urbe, específicamente en las inmediaciones del Acuario Michin, se percibe un movimiento inusual de gentes.

Cargadas con mochilas tipo explorador, casas de campaña y rostros pintados de entusiasmo a pesar de la desmañanada, 49 personas se dan cita para abordar un autobús que tiene como destino, Boca de Tomates, una playa que lucha por no ser devorada por los complejos turísticos y la urbanización en Puerto Vallarta, destino de sol y playa sumamente popular del pacífico mexicano.

¿Por qué? o ¿para qué? No se trata de un viaje a la playa para vacacionar o algo similar, más bien se trata de un esfuerzo compartido para darle voz a una especie que todos los días libra una batalla por su supervivencia, la tortuga marina.

Es un proyecto de conservación impulsado por el Acuario Michin Guadalajara a través de su Coordinación de Conservación Educativa. La temática es organizar en conjunto con el Campamento Tortuguero Boca de Tomates, salidas para que los habitantes de la zona metropolitana de Guadalajara, tengan la oportunidad de involucrarse en este proyecto de conservación por dos días y una noche.

Campamento Tortuguero Boca de Tomates
Campamento Tortuguero Boca de Tomates.

Después de poco más de 5 horas de viaje por carretera, atravesando localidades, pueblos, barrancas y paisajes de mosaicos verdes que se colaban por las ventanas, por fin se llega al destino con no muy buenas noticias. Pues durante la madrugada, el oleaje del mar fue tan intenso que se llevó por lo menos diez nidos del corral donde el campamento resguarda los huevos de tortuga que son asegurados y trasladados durante los patrullajes diarios para su protección.

En el campamento hay alrededor de seis voluntarios, mujeres y hombres que, sin percibir un pago, todos los días tienen una rigurosa rutina con una sola finalidad, velar por las tortugas.

A pesar de las circunstancias, 98 manos llegan con toda la disposición para sin más miramientos, comenzar a ayudar en lo que sea posible. De un momento a otro, la playa se llena de un pequeño ejercito que, a paso firme, carga troncos, cava la arena, en fin, construye barricadas y reconstruye los corrales destruidos.

Entre el descanso para comer en la fonda de Doña Lupe, y para tomar fuerzas, el trabajo del pequeño ejército se ve recompensado cuando para sorpresa de todos, de las espumosas olas del mar emerge una tortuga golfina para desovar ahí mismo, ante los ojos de todos los presentes. Con caras llenas de sorpresa, con la debida distancia, son testigos de un hecho increíble, algo que seguramente jamás olvidarán.

Después del acontecimiento, la tortuga con toda la tranquilidad del mundo, regresa a los brazos del océano para darle paso a los expertos del propio campamento, biólogos marinos que, de la manera más afable posible, explican el proceso de cómo se contabilizan los huevos y cómo se levantan para llevarlos a los corrales ubicados a escasos 15 metros.

Lo que resta del día se va entre acomodar la casa de campaña y planificar los patrullajes nocturnos para la localización de más nidos, para levantarlos antes de que sean descubiertos por saqueadores y depredadores. La liberación programada se ve cancelada por una lluvia tibia que llega justo cuando el sol se escondía, pero que no es un impedimento para atestiguar el nacimiento de otros huevos que llevaban tiempo resguardados, espectáculo natural que se añade para cerrar el día de la mejor manera.

Cuidado de huevos de tortuga
Cuidado de huevos de tortuga.

Junto con las primeras señales de la luz solar del amanecer del día siguiente, en un escenario natural engalanado con el sonido de cientos de aves y por supuesto, el rugido constante de las olas del mar, el grupo comienza actividades con un recorrido por un estero cercano, para el avistamiento de cocodrilos y aves marinas, especies que pocas veces se pueden apreciar en su propio ecosistema para después desayunar, sí, de nueva cuenta con Doña Lupe que ofrece un espectacular buffet de pescado fresco y carnes rojas.

Analizar la riqueza de este proyecto merece un desglose, porque claro, comienza con la oportunidad de ofrecer una experiencia muy valiosa a las personas para dejar un aprendizaje que lleve a la reflexión y quizás a un cambio de hábitos para cuidar nuestro medio ambiente pero que también tiene un trasfondo mucho más profundo; el fortalecimiento financiero y humano para proyectos genuinos de conservación como este campamento de Tortuguero de Boca de Tomates, que sin presupuesto gubernamental son imprescindibles para que al día de hoy, las tortugas marinas no desaparezcan de nuestras costas, tomando como referencia un modelo de economía circular, donde todos ganen, hasta Doña lupita y su negocio familiar.

Después de esta primera experiencia, Michin Guadalajara trabaja en una calendarización de más campamentos, integrando un proyecto de conservación de la tortuga marina más allá de las paredes del acuario.

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Por Arturo Escobedo

🇲🇽 Profesional en turismo especializado en gestión cultural, sustentabilidad y social media con proyectos realizados en México, Perú y Colombia.

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