La conversación comenzó como empiezan muchas conversaciones importantes: sin planearlo.
Era una mañana cualquiera. El café aún estaba caliente, las mesas del restaurante comenzaban a llenarse y el ruido suave de platos y conversaciones se mezclaba con la música de fondo. Nos encontrábamos desayunando en la Roma, uno de los barrios más emblemáticos de la Ciudad de México.
En algún momento, alguien mencionó el turismo en la ciudad; después apareció la palabra gentrificación. Y entonces, justo ahí, surgió una pregunta incómoda:
¿Es contradictorio hablar de gentrificación mientras desayunamos en uno de los barrios que más suele aparecer en ese debate?
La escena tenía algo de paradoja. La Roma, junto con la Condesa, así como algunas alcaldías como Benito Juárez, Coyoacán y Miguel Hidalgo, se han convertido en algunos de los lugares más visitados por turistas internacionales, nómadas digitales y viajeros que buscan experimentar la ciudad fuera de los circuitos tradicionales.
Criticar la transformación urbana mientras se consume en los mismos espacios y lugares que la representan puede parecer contradictorio. Pero quizá esa incomodidad es justamente el punto de partida para entender lo que está ocurriendo en la ciudad.
Índice
La ciudad como destino
En los últimos años, la capital mexicana se ha consolidado como uno de los destinos urbanos más atractivos de América Latina. Su gastronomía, su vida cultural y su historia la han colocado en el radar de viajeros de todo el mundo.
A esta tendencia se suman fenómenos recientes como el trabajo remoto y el crecimiento de los llamados nómadas digitales: personas que pueden trabajar desde cualquier parte del mundo y eligen ciudades con una oferta cultural activa y costos más accesibles frente a otras capitales globales.
En ese contexto, barrios como la Roma y la Condesa se han transformado en espacios donde conviven residentes, visitantes temporales y turistas de corta estancia.
Cafeterías llenas entre semana, restaurantes con largas listas de espera y departamentos anunciados para alquiler temporal forman parte del paisaje cotidiano.
Cuando el barrio se vuelve experiencia
Este fenómeno forma parte de un proceso urbano cada vez más estudiado: la turistificación.
La turistificación ocurre cuando ciertos barrios dentro de las ciudades comienzan a reorganizarse alrededor del visitante. Los comercios cambian, aparecen nuevos servicios y la vida cotidiana del barrio empieza a responder al consumo turístico.
Pero la transformación no ocurre solo en el mercado inmobiliario o en la apertura de negocios. También aparece en la manera en que se vende la experiencia urbana.
Las calles arboladas, los cafés de especialidad, las galerías de arte y los mercados se convierten en parte de una narrativa global que circula en redes sociales, guías de viaje y plataformas digitales.
La ciudad deja de ser solo un lugar para vivir y comienza a presentarse como una experiencia lista para consumirse.
Vivienda, plataformas y nuevas dinámicas urbanas
Uno de los factores que ha acelerado estos cambios es el crecimiento de plataformas de hospedaje temporal como Airbnb. A diferencia de los hoteles tradicionales, estas plataformas permiten que departamentos ubicados en barrios residenciales funcionen como alojamientos turísticos.
El resultado es una nueva dinámica urbana en la que muchas viviendas dejan de destinarse a residentes permanentes y pasan al alquiler de corta estancia.
Algunos investigadores urbanos han comenzado a llamar a este fenómeno “airbnbficación”: el proceso mediante el cual un número creciente de viviendas se destina al turismo temporal. Esto puede reducir la oferta de vivienda para quienes habitan la ciudad y contribuir al aumento de las rentas en ciertas zonas.
El Mundial como acelerador
Mientras esta conversación ocurría durante el desayuno, otra idea apareció casi de inmediato en la mesa: el Mundial.
Los megaeventos deportivos no inventan ciudades turísticas desde cero; suelen acelerar procesos que ya estaban en marcha.
En 2026, México volverá a ser sede de la FIFA World Cup 2026 y la Ciudad de México será uno de los escenarios principales del torneo. Estos eventos no solo atraen visitantes durante unas semanas. También colocan a las ciudades en el centro del turismo global.
La promoción internacional, la llegada de aficionados y la exposición mediática suelen despertar un interés que permanece incluso después de que el evento termina. En ese sentido, el Mundial podría convertirse en un acelerador de procesos urbanos que ya están transformando la ciudad.
Una pregunta que queda abierta
La conversación del desayuno probablemente no resolvió el debate; al contrario, se alargó y surgieron nuevas variantes que merecen ser atendidas.
El turismo puede generar empleo, dinamizar la economía y permitir que miles de personas descubran la riqueza cultural de una ciudad. Al mismo tiempo, también transforma los espacios urbanos y la manera en que se habitan.
Quizá la pregunta no sea si formamos parte de esa transformación —porque, de una u otra manera, todos participamos en ella—, sino ¿qué hacemos una vez que somos conscientes de ello?
Con el Mundial acercándose, la ciudad volverá a colocarse en el centro del escenario global. Pero más allá del espectáculo deportivo, permanece una segunda pregunta cada vez más presente en las conversaciones urbanas:
¿Cómo recibir al mundo sin olvidar que, antes que destino turístico, la ciudad sigue siendo el hogar de millones de personas?

