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El estudio sobre la sostenibilidad turística, en su concepción actual, deriva de una serie de discusiones globales con respecto a estudios de menor espectro en relación al impacto que pudiese provocar la actividad turística en los lugares con algún atractivo turístico y las comunidades que las rodean.

Las iniciativas en esta materia no son para nada homogéneas, puesto a que estas derivan de diferentes contextos sociales, y son aplicadas a diferentes realidades culturales. No obstante, todas estas son transversales a la actividad turística mundial y muchas van más allá de lo que es una mera preocupación estética y ambiental.

Internacionalmente se reconoce que el desarrollo sostenible del turismo adopta una triple dimensión (Ambiental, Sociocultural y Económica); necesariamente para hablar de sostenibilidad, necesitamos considerar estas tres dimensiones dentro el análisis. Pero aunque necesariamente hay que respetar los mismos principios rectores, la aplicación de las estrategias de sostenibilidad puede variar según el tipo de destino al que nos referimos, ya que cada uno de estos tiene condiciones y problemáticas específicas.

Pero hay que tener especial cuidado con este concepto, pues se ha hecho común, incluso desde algunos gobiernos, considerar la idea de que “cualquier actividad turística que se realice a pequeña escala es sostenible, particularmente si es desarrollada por la comunidad local”, lo cual es desde el principio discutible; pues por ejemplo, bajo esta mirada no se considera el espectro de la sostenibilidad económica. Así mismo, se suele entender que este concepto sólo es aplicable a los entornos naturales o predominantemente rurales, pasando por alto los sectores urbanos, que también sufren del impacto de la actividad turística.

Este año 2017, ha sido declarado por la OMT como el Año Internacional del Turismo Sostenible para el Desarrollo; pero ¿Cómo aplicamos el concepto sostenible en el turismo urbano?. Lo primero que debemos entender es que el término “sostenible” se entiende que hablamos de algo que puede mantenerse por sí mismo en el tiempo, sin afectar los recursos y “gracias” a que las condiciones económicas, sociales o ambientales lo permiten.

Por lo tanto, hablar de impacto en la generación de empleos, en la diversificación de los productos y servicios, en la inclusión social y reducción de la pobreza, en las políticas medioambientales de los centros urbanos, en el desarrollo de tecnologías y políticas de innovación para la industria, eficiencia energética, valores culturales, identidad y patrimonio, y cómo se integra a la comunidad académica en favor de un sistema turístico integral, son los pilares fundamentales de la sostenibilidad del turismo urbano.

Por ejemplo, en países como Chile, donde aún se desconoce el aporte real de la actividad turística al Producto Interno Bruto (PIB) se hace prácticamente imposible entender a ciencia cierta cómo funciona la industria en entornos tan complejos como los centros urbanos, y por consiguiente se hace muy difícil conocer la cantidad y calidad de empleos que genera la industria, cuáles son los avances en innovación, inclusión social o diversificación de los servicios, etc.

Mi llamado es que los Departamentos de Turismo de los municipios predominantemente urbanos comiencen a realizar esfuerzos por una investigación sistémica, asociada a las Universidades y las comunidades locales, alineando los esfuerzos por comprender a la industria con el fin de proponer mejoras y establecer políticas acorde a su propia realidad, sin esperar que el estado provea la información que nunca ha sido capaz de proporcionar.

Las comunidades están demandando que las instituciones locales dejen de ser un mero observador del funcionamiento de la industria, limitándose a ser un motor de promoción y difusión de sus atractivos; escenario que obliga a los municipios, y sus respectivos Departamentos de Turismo, a tomar un rol más participativo, propiciando el encuentro de los diferentes actores y favoreciendo el desarrollo integral de la industria.

Valparaíso, en su calidad de Ciudad Patrimonio, es por esencia un destino de Turismo Urbano; un destino con un alto potencial de desarrollo, el cual – con un enfoque sostenible – podría realmente ayudar a impulsar aquella alicaída economía local. El llamado a crear una “Nueva Política de Turismo” realizado por el Municipio Ciudadano de Valparaíso, por ejemplo, es una oportunidad que ni las comunidades ni la propia institucionalidad deben perderse. El primer encuentro del mes de julio de 2017 convocó a empresarios, autoridades, asociaciones de guías, comunidades locales, representantes de la academia, entre otros agentes importantes para industria, que sin lugar a dudas están expectantes de las decisiones que se tomen por parte de las autoridades.

Permítanme concluir con la prueba tangible que los comentarios anteriormente vertidos, no están lejos de la realidad mundial; pues en Tianjin, China, durante el próximo 2 de septiembre de 2017 se realizará la “VI Conferencia Internacional sobre Estadísticas del Turismo”, especialmente organizado para sentar las bases de un marco estadístico ampliado para medir el turismo sostenible en su economía. Sus organizadores han declarado que, considerando el Turismo Urbano como una actividad económica con un alto potencial para estimular el crecimiento económico local, los esfuerzos de esta conferencia irán a identificar las herramientas para estudiar su contribución al PIB, a la creación de empleo, ingreso de divisas y exportaciones de servicios, como pilares esenciales para vigilar el desempeño turístico en centros urbanos.

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Por Andrés González Valencia

🇨🇱 Licenciado en Turismo y Cultura de la Universidad de Valparaíso, Chile. Académico del Área de Hotelería, Turismo y Gastronomía en INACAP sede Valparaíso.

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