Valparaíso-Chile-sitio-patrimonio-de-la-humanidad-por-la-UNESCO

En mi trayectoria académica como parte del Programa de Hotelería, Turismo y Gastronomía de la Universidad Tecnológica de Chile, y en el intento por ilustrar a mis alumnos la importancia de la UNESCO sobre la actividad turística de los sitios “Patrimonio de la Humanidad”, he comprendido que no toda intervención internacional es necesariamente beneficiosa para la sostenibilidad de la industria. Usaré como ejemplo el caso de la Ciudad de Valparaíso, Chile; la cual ha sido víctima de un sistema patrimonial impuesto, que atenta gravemente con el día a día de una ciudad viva.

La idea de postular a Valparaíso como Patrimonio de la Humanidad ante la UNESCO, surgió como una iniciativa de gobierno, que esperaba implementar el sistema patrimonial como un modelo económico que potenciara la actividad turística y el crecimiento de la industria de los servicios. Esto, como medida para reactivar la economía local, la cual se había visto fuertemente decaída tras la privatización del Puerto de Valparaíso, que eliminó los beneficios económicos de los trabajadores del rubro.

El sistema patrimonial comienza a aplicarse así, desde las más altas esferas del Estado, imponiendo una historia y una visión del concepto de patrimonio que se esperaba potenciar ante la Comisión de la UNESCO; un concepto que del discurso a la práctica, dista bastante de la expectativa.

La declaratoria de Patrimonio de la Humanidad de Valparaíso se ajusta al tercer criterio que define la UNESCO, la cual establece que: “el lugar aporta un testimonio único o por lo menos excepcional de una tradición cultural o de una civilización que sigue viva o que desapareció”. Todo, proveniente del discurso de la ciudad cosmopolita del Siglo XIX pionera en grandes adelantos para el país, como el establecimiento del primer banco, la primera compañía de bomberos, el periódico en circulación más antiguo del país, entre otros. Un discurso ganador, sin lugar a dudas, pero que en la práctica se dedicó a establecer una política de protección arquitectónica, dejando de lado todo sentimiento de protección a las tradiciones culturales de una ciudad viva.

La práctica que se ha ido imponiendo en Valparaíso, ha estado oprimiendo al propietario histórico, el mismo que sufrió el empobrecimiento tras la crisis portuaria; y que ahora, por no poder dar el correcto cuidado a sus envejecidos inmuebles, se han visto obligados a vender y desplazarse hacia la periferia.

No busco cuestionar la importancia de preservar un edificio, si este cuenta con las características adecuadas para su conservación, sólo pongo el énfasis en que este afán por lo arquitectónico, ha estado dañando seriamente las tradiciones culturales de esta ciudad viva.

Tan viva es esta ciudad, que poco a poco los habitantes locales han estado demostrando su inconformidad con el modelo proteccionista impuesto desde las autoridades, y han comenzado a exigir más presencia de los aspectos culturales de su propia vida de barrio.

Y esto no es un fenómeno casual, las políticas públicas de financiamiento a la recuperación de este tipo de inmuebles, no toma en cuenta al habitante y sus tradiciones, sino más bien potencia la irrupción de un tercer actor, que por lo general son ajenos a la realidad cultural de la ciudad.

La designación de arquitectos como autoridades locales encomendadas a la protección del Patrimonio, sin la adecuada sensibilidad por “lo cultural”, impiden el correcto desarrollo de los aspectos culturales de la comunidad.

Todo esto, sumado a una serie de iniciativas privadas que buscan rescatar la memoria y las tradiciones culturales de esta ciudad y sus alrededores, han comenzado a hacer crisis en lo institucional, que insiste en conservar el viejo modelo proteccionista sin dar espacios a las comunidades que demandan el apoyo de sus autoridades.

En definitiva, el modelo impuesto desde la UNESCO no logra hacer amistad entre las autoridades y los habitantes de Valparaíso, impidiendo el desarrollo sostenible de cualquier actividad relacionada, sea cultural, turística y/o económica. Situación que tira por el suelo el paradigma de un nuevo modelo económico que llegaría a salvar la ciudad decaída.

Como académico, siempre intento incentivar a mis alumnos a tomar las riendas de esta descontrolada situación; propiciando la discusión y el cuestionamiento al discurso hegemónico, impulsándoles a la investigación, a dejar de repetir las mismas líneas aprendidas en los documentos oficiales, y comenzar a crear sus propios discursos.

Esta columna, por si misma, persigue estos mismos objetivos; que todos los profesionales del turismo y la cultura se liberen de los parámetros establecidos, se atrevan a salir de esta zona de confort, y comiencen a posicionar “los aspectos culturales únicos de una ciudad viva” por sobre la política de protección arquitectónica que impera en ciudades como Valparaíso.

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Por Andrés González Valencia

🇨🇱 Licenciado en Turismo y Cultura de la Universidad de Valparaíso, Chile. Académico del Área de Hotelería, Turismo y Gastronomía en INACAP sede Valparaíso.

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