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Guía turístico joven
Guía de turismo frente a un grupo de personas / Flickr

El ingrato oficio del guía turístico

“No somos historiadores, pero casi”, nos dice el profesor a los alumnos a quienes nos enseña la exigente profesión de guía turístico. Sin embargo, algunos de sus alumnos miran a otro lado, mientras él, en su discurso nos enseña parte de, -sino toda- la historia de la ciudad, y nos inculca un amor apasionado por la misma.

Yo lo miro con detenimientos, siento un poco de admiración y respeto, por todo lo que dice, por cómo lo dice, por la manera en que maneja a los alumnos, quienes podrían también ser turistas y lo son, porque más de la mitad de ellos no conocen la ciudad desde la perspectiva turística. Entonces, al final me voy también, tomándolo como referencia e inspiración a lo que yo deseo para el turismo en mi ciudad, a cómo deseo ser como profesional en el turismo.

En el turismo en general hay una gran cadena alimenticia que consume eso: turismo, a veces resulta completamente difícil, escalonarla, indicar dónde empieza y dónde termina, a veces también, resulta un tanto más difícil, indicar con quienes empieza y con quienes termina, pero casi siempre, por no leerme arbitraria al afirmar que siempre, en los primeros lugares de quienes la inician, están los guías, estos hombres y mujeres que deambulan por los distintos lugares turísticos, explorándolos, enamorándose, apasionándose de los mismos, para el final, trasmitir todo su conocimiento a un turista, a veces ávido de información y otras veces, fatigado de la misma.

Entonces, ¿Cuál es realmente el papel del guía en el turismo receptor? ¿Cuáles deben ser sus cualidades? ¿Cuál es al final el pago por el servicio que éste presta? En términos generales, pueden responderse estas preguntas con las cuatro palabras que nos enseñan a quienes nos han dictado esta materia: orientar, conducir, informar y asistir a todo turista que contrate los servicios de guianza. Bien, parece sencillo, o por lo menos así se lee, pero realmente la labor turística siempre va o debe ir más allá. ¿O caso en el turismo no se quiere que el turista vuelva y traiga más turistas? Y es el guía una pieza fundamental en esta labor, su real papel es el de una persona capaz de apasionar a aquel turista al que le hace el recorrido, sus cualidades van más allá de la simpatía y la capacidad para captar, asimilar y retener información, también debe ser capaz de trasmitirla para que todo su público pueda entenderla, debe ser capaz de adatarla a todo tipo de publico, debe además ser capaz de adaptarse a los distintos ambientes de su profesión, (como lo es un recorrido natural, luego uno citadino para terminar en un museo) y a los distintos tipo de turistas que hay. Es el guía quien en sí cautiva al turista para que éste se enamore por completo del lugar. Finalmente su pago está en ello, en un turista cautivado, con total sentido de pertenecía por aquel atractivo que le acaban de enseñar.

El guía es aquella persona, que aun cuando ha pasado horas de pie, aun cuando ha hablado horas, continúa con la misma tranquilidad dirigiéndose a unos turistas que en ocasiones están tan desesperados por obtener información, que terminan fatigándose con la misma, un turista que casi siempre, hace el papel de ingrato con su guía.

El profesor continua con paciencia dirigiéndose a sus alumnos, los lleva por una concurrida calle de la ciudad, el trafico, los pitos de carros, buses y motos, las mismas luces de los semáforos hacen pesado su objetivo, incluso, sus mismos alumnos. Pero al final de ellos, hay un hombre vestido con ropa de deporte, trotaba por la zona, cuando se ha tropezado con el grupo de estudiantes. Sigue al grupo de lejos, presta total atención a lo que dice el profesor. En una refresquería el profesor hace un espacio que descansar, el hombre se acerca, cruza dialogo con él. –“Soy de Bogotá, me hospedo en un hotel cerca de aquí, antes de salir pregunté en la recepción qué podía hacer en la ciudad, me dijeron que aquí no hay mucho por hacer. Ahora, gracias a usted, sé que no es así”. El recorrido continúa, el turista se detiene a comprar una Arepa de huevo y al finalizar la guianza, invita al profesor a almorzar.

Ese es el verdadero oficio y valor del guía: una persona capaz de introducir al turista en la cotidianidad del lugar.

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Acerca de Dalgis D Mendoza Hernandez

Soy estudiante de Administración turística en la Universidad del Atlántico, Barranquilla, Colombia. Me gusta el arte y el cine, además de la escritura, por ello mi trabajo soñado sería uno donde pueda mezclar todo esto armónicamente. Dentro del turismo mis intereses están enfocados en el turismo sostenible y en la museografía y museología. Aunque poco y nada he viajado, creo que vivo en un constante viaje, así que no descarto la posibilidad de un día sorprenderme mochileando.