Durante mucho tiempo, hablar de turismo senior parecía sinónimo de hablar de viajes organizados, grupos numerosos y programas especialmente diseñados para jubilados, pero algo está cambiando.
Las personas que hoy tienen 70, 75 u 80 años ya no quieren viajar como viajaban las generaciones anteriores. Tienen gustos diferentes, más experiencia viajera y una idea mucho más clara de lo que desean hacer con su tiempo.
No pretenden ver más cosas, prefieren verlas mejor.
Y quizá ahí esté una de las grandes oportunidades que tiene actualmente el sector turístico.
Índice
Los adultos mayores quieren viajar de otra manera
Cuando una persona mayor decide hacer un gran viaje, muchas veces el destino no es lo único importante. También lo es cómo va a vivirlo.
A los 30 años podemos aceptar un vuelo a primera hora, cambiar de hotel cada noche, caminar durante horas o pasar una tarde entera haciendo cola para entrar en un monumento. Incluso podemos pensar que, si algo sale mal, ya habrá otra oportunidad.
Con 75 u 80 años, la relación con el tiempo es diferente.
Aunque las ganas de vivir experiencias siguen siendo las mismas. He encontrado personas mayores con una enorme curiosidad y con una lista de destinos pendientes que sorprendería a cualquiera. Lo que cambia es la manera de plantearse el viaje.
El nuevo viajero senior quiere tener tiempo para desayunar sin prisas, sentarse en una plaza, comer tranquilamente, conversar con alguien del lugar, entrar en un museo sin mirar constantemente el reloj, flexibilidad para poder cambiar los planes o disfrutar de un paisaje sin pensar que dentro de veinte minutos hay que estar en otro sitio.
El problema es que buena parte de la oferta turística para seniors continúa diseñándose de una forma muy rígida; los adultos mayores necesitan una mayor flexibilidad.
Una oportunidad para destinos y empresas turísticas
Una persona de 65 años que viaja habitualmente por su cuenta no tiene las mismas necesidades que otra de 82 que realiza su primer gran viaje internacional. También influye con quién se realiza el viaje: solo, en pareja, con amigos o acompañado de sus hijos o nietos.
He viajado con personas de más de 80 años que querían conocer lugares nuevos, disfrutar una gastronomía diferente, navegar por un río, visitar una bodega, subir a un teleférico o sentarse en una plaza y observar cómo transcurre la vida local.
También he acompañado a personas que tenían algún tipo de dependencia, que necesitaban ayuda adicional cuando las distancias eran más largas (silla de ruedas), que tenían miedo de viajar solas o que necesitaban sentirse seguras durante el viaje. Son situaciones muy diferentes.
Por eso, el sector turístico debería dejar de considerar a las personas mayores como un único segmento y dejar de pensar que existe un único tipo de viaje para mayores.
En vez de crear viajes para mayores de una forma genérica, hay que empezar a diseñar experiencias capaces de adaptarse a cada persona. Es decir, hay que personalizar el viaje.
Hay que ofrecerles motivos para elegirnos y para esto es necesario escuchar qué necesitan.
Tener una rampa de acceso al hotel o una habitación adaptada no es suficiente. Hace falta entender la realidad física y emocional de los mayores, preguntarse cuánto tiempo necesita una persona para desplazarse de un punto a otro, si puede descansar durante una visita, si el restaurante es accesible, si prefiere espacios tranquilos, qué ritmo de descanso necesita tras las comidas, si el hotel tiene una buena ubicación, con quién viaja o qué temas le apasionan de verdad.
Son pequeños detalles que pueden cambiar por completo una experiencia.
El turismo que viene tendrá más edad
El envejecimiento de la población es una transformación demográfica que está modificando nuestra sociedad y está claro que tendrá consecuencias en la forma en que viajamos. Cada vez habrá personas más mayores que quieran seguir viajando.
Buscarán aventura, cultura, gastronomía, naturaleza o simplemente pasar unos días lejos de casa. Unas necesitarán ayuda y otras no. Habrá quien quiera viajar en grupo y habrá quien prefiera hacerlo con su familia, en pareja o solo.
Todas ellas tienen algo en común: siguen queriendo viajar, conocer y descubrir, aunque ya no tengan ninguna necesidad de hacerlo deprisa.
Se trata de entender que también existe una nueva manera de viajar cuando uno tiene más experiencia, más tiempo y una mayor conciencia de que el viaje no es una carrera.

