plaza MayorPlaza Mayor de San Carlos del Valle ( Ciudad Real).

Hablar de Torre de Juan Abad o de San Carlos del Valle es referirse a pueblecitos de Castilla-La Mancha, de la provincia de Ciudad Real, donde la vida parece detenerse y el alma se serena nada más llegar. Esta zona de La Mancha, tierra de llanuras de recia belleza, de caza, de trigo, de gentes hospitalarias y de patrimonio histórico está convirtiéndose en un destino cada vez más turístico, donde el visitante busca, a la vez, calma y tradición.

Turismo sí, pero potenciado con sensatez, sin masificación, manteniendo ese pasado manchego que se está actualizando con sabiduría, recuperando la esencia de su gastronomía, de sus edificios y de su pasado. Un ejemplo notable es la red de hospederías, unos alojamientos con personalidad, habitualmente ubicados en edificios patrimoniales que pretenden recuperar la historia de la zona, fomentar un turismo de calidad y asegurar el desarrollo rural y local. La bonita y acogedora Hospedería Santa Elena de San Carlos del Valle es una buena muestra de ello. Como también lo es, el hotel rural Coto de Quevedo, que posee un restaurante homónimo, liderado por el joven, apasionado y talentoso chef José Antonio Medina, donde se revisita la cocina manchega en todo su esplendor, dando especial relevancia a todo lo que es caza local, desde la liebre a la perdiz, pasando por el ciervo, el corzo o el jabalí. Empecemos nuestro recorrido.

La Casa de Quevedo en Torre de Juan Abad.

Torre de Juan Abad: historia y gastronomía

Un bonito viaje por La Mancha puede empezar en el pueblecito de Torre de Juan Abad. Con sus 1000 habitantes, esta pequeña localidad de casas encaladas, rosales y calles silenciosas, presenta unos atractivos monumentales que, a priori, ni imaginamos. Su historia, que se remonta al s. XIII, tiene en su haber personajes tan eminentes como el gran escritor Francisco de Quevedo que vivió allí durante años en su caserón familiar, hoy, reconvertido en Casa Museo. Esta, construida en el s. XVII, está abierta y se puede visitar. En ella, encontramos diferentes documentos del literato como manuscritos de sus obras, escritas aquí, su testamento y objetos que le pertenecieron como un tintero de cerámica talaverana y un sillón desde donde recibía a personajes influyentes de la época que le visitaban en Torre de Juan Abad. La planta de debajo de la Casa Museo de Quevedo está dedicada a exposiciones temporales y el patio de la misma se utiliza para representaciones teatrales y musicales que aportan vida cultural al pueblo.

Iglesia de Torre de Juan Abad.

Las manifestaciones culturales de Torre de Juan Abad se extienden, también, a los Ciclos de Conciertos Internacionales de órgano de su iglesia. Famosos, éstos, por la calidad de los intérpretes que acuden desde diferentes partes del mundo a tocar este instrumento de origen barroco del siglo XVIII, considerado uno de los mejores de España. Por cierto, que la Iglesia, además de por su órgano, bien merece una visita. Construida entre los siglos XV y XVI, posee un retablo mayor manierista, declarado Bien de Interés Cultural, que impresiona por su valor artístico.

Después de descubrir los principales aspectos histórico-monumentales de Torre de Juan Abad, la gastronomía nos llama. También, en este caso, nos vamos a llevar una grata sorpresa. El Coto de Quevedo a muy pocos kilómetros del pueblo, nos sorprende, ubicado en su pequeño promontorio, por sus vistas al hermoso y extendido campo de Montiel, en un lugar donde la autenticidad rural y la modernidad más rabiosa, se unen. Un coqueto hotel, una agradable piscina con jardines y un excepcional restaurante conforman el complejo de Coto de Quevedo. El equipo nos acoge con humildad y amabilidad como es tan típico del carácter manchego. Estamos en un lugar excepcional para hacer turismo rural, descansar y disfrutar de la naturaleza y la gastronomía. Para los amantes de la caza, es un lugar perfecto. De hecho, acuden grupos de cazadores de toda Europa (muchos franceses).

Restaurante Coto de Quevedo.

El Coto de Quevedo presenta, de la mano del chef José Antonio Medina, una energía sutil tradicional muy personal y actualizada. El restaurante pertenece a asociaciones internacionales tan relevantes como JRE-Jeunes Restaurateurs y Euro-Toques, lo que demuestra cómo se puede difundir, desde un pequeño rincón rural, con inteligencia, modestia y maestría, la cocina local manchega por el mundo.

José Antonio Medina elabora los grandes platos de la cocina manchega tradicional como las gachas, por ejemplo, cocinándolas en un exquisito buñuelo o la flor manchega, habitualmente dulce, que aquí se presenta salada con sabor a pisto.

Cordero lechal a la manchega con salsa de ostras, colmenillas y ajos negros de las Pedroñeras.

El aspecto cinegético, que ocupa un lugar preponderante en la oferta de la Casa, sobre todo durante los meses de caza de octubre a febrero, es clave en el arte culinario de Medina. Hay un menú degustación “Raíces” que es buena prueba de ello. La perdiz, ya sea en paté o en riquísima ensalada con manzana verde y membrillo (emulsionada en su escabeche), el ciervo (el rey de la caza en la zona), presentado en mini bocadillos de tomatito o cocinado con coliflor de chocolate blanco son algunas muestras de este arte gastronómico entorno a la caza, pero revisitado. En la Carta de El Coto de Quevedo, están presentes los mejores productos de la tierra como los níscalos, las setas de cardo, el cordero lechal o pescados de la región como el bacalao y las sardinas, pero, todo ello, con un toque de vanguardia verdaderamente gratificante y sorprendente que José Antonio Medina traslada a todas sus creaciones.

Ensalada de Perdiz en escabeche en el restaurante Coto de Quevedo.

San Carlos del Valle: Patrimonio y Hospedería

Si conocer el Coto de Quevedo nos ha resultado una magnífica sorpresa para el paladar, la siguiente etapa de nuestro viaje no nos va a dejar indiferentes. A unos 46 kilómetros de Torre de Juan Abad, se encuentra el pueblecito de San Carlos del Valle donde destaca su espléndida Plaza Mayor empedrada y con soportales azules, en la que se encuentra la iglesia barroca del Santísimo Cristo del Valle, cuya presencia arquitectónica imponente nos sobrecoge por su enorme cúpula y sus fachadas. La impresionante belleza y las características de ésta última han hecho que este pueblecito sea denominado, nada menos, que el Vaticano de La Mancha.

Detalle de una habitación de la Hospedería de Santa Elena.

En un lado de la preciosa plaza, tan manchega y recia, se encuentra la Hospedería de Santa Elena, un edificio de finales del s. XVII. Aquí, podremos alojarnos y disfrutar de una espléndida gastronomía que innova a partir de los productos de la tierra. David y su padre Luis, chef del establecimiento, reciben al visitante con hospitalidad y cercanía. Uno se siente en casa desde el primer momento, en un ambiente sereno, donde se escuchan los silencios del aire manchego. El hotel presenta todas las comodidades en sus 9 habitaciones y en sus zonas comunes, decoradas con gusto moderno fusionado con las maderas y detalles rústicos tradicionales de la región.

Iglesia del Santísimo Cristo del Valle en San Carlos del Valle.

Hospedería Santa Elena es, también, un lugar para deleitarse con una cocina que respeta la materia prima y los productos de la región fusionados con toques vanguardistas. Hay un espléndido Menú de Autor (a tan solo 17 euros) en el que se pueden comer cosas tan originales como la berenjena de Almagro en tempura, las impresionantes albóndigas de rape, bacalao y gulas con fondo de cigalas, trompetillas y shiitake, el atún rojo macerado con ajo verde o el bacalao gratinado al horno con costra de alioli de manzana. Un auténtico lujo gastronómico que corrobora la excelencia gastronómica de esta hospedería.

Albóndigas de rape, bacalao y gulas del restaurante de la Hospedería Santa Elena.

Para los amantes del vino, el establecimiento organiza catas en su preciosa y surtida bodega de maderas claras y cristaleras, en forma de barrica.

Y, si después de nuestra parada en San Carlos del Valle, tenemos ganas de más viaje, existen otras poblaciones de interés turístico cercanas como La Solana en Campo de Montiel, donde estaca el cultivo del azafrán, Villanueva de los Infantes (conjunto histórico artístico), Valdepeñas, considerada la Ciudad del Vino por sus enormes extensiones de viñedos y su número de bodegas y, finalmente, los Parques naturales de Daimiel y de las Lagunas de Ruidera. Pero eso será ya otra historia. Mientras tanto, disfrutemos de nuestros dos pequeños pueblecitos de Torre de Juan Abad y de San Carlos del Valle, dos joyitas de las que no hay que olvidarse.

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Por Carmen Pineda

Inquieta, rigurosa, sensible y amante de la cultura (sobre todo el cine), el turismo, la gastronomía y los viajes. Me gusta comunicar y escribir sobre mis experiencias y sobre el mundo en general.

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