viñedo espalderaCampos de Viñedos en espaldera en Carrascas.

España tiene más de 5000 bodegas pero algunas, sorprenden por su especificidad. Es el caso de Bodegas Carrascas. Situada al suroeste de la provincia de Albacete (Castilla-La-Mancha), entre el Campo de Montiel y la Sierra de Alcaraz, en el término municipal de El Bonillo, zona que se ha dado en llamar “la milla de oro” albacentense del vino, se encuentra una de las bodegas más especiales y con más personalidad de la zona.

La bellísima finca de 550 hectáreas, situada a 1000 metros de altitud, conforma un paisaje espectacular donde el horizonte se pierde en la lejanía, los azules y límpidos cielos castellanos configuran una bóveda, el tomillo o el romero perfuman el aire, árboles como sabinas y carrascas (que dan nombre a la finca) decoran los campos y la fauna de águilas, conejos, avutardas o jabatos pueblan el entorno.

carrascas y campos de vides opt
Árbol de Carrascas ( a la izquierda) y viñedos.

Filosofía de Carrascas

En esta maravilla natural, 55 hectáreas están dedicadas al cultivo de la vid. El resto son preciosos almendros, pistachos y campos de cereales. Por eso, nos referimos a una pequeña producción (la primera cosecha que salió al mercado fue en 2012), selecta, exclusiva, diferenciada, donde la calidad y el mimo a la hora de tratar la uva es fundamental para crear ese vino tan rico, compuesto de variedades blancas, viognier o chardonnay, y tintas tempranillo, cabernet sauvignon, merlot o syrah. Y, decimos crear porque esto es lo más parecido a lo que ocurre en Carrascas. Por su estilo de elaboración y su filosofía, en las que la alta calidad no se entiende sin un control estricto de todas las técnicas de producción (como las podas de invierno, por poner un ejemplo…), hacer vino en esta bodega es algo especial, artesanal, casi de autor, donde prima la personalidad al volumen.

Con esta creación de uva sana y madura, se consigue extraer un vino especial, que contiene en sus botellas toda la sensibilidad del terruño. Un proceso que va, de la mano del hombre, desde el viñedo, desde la vid desnuda en origen, hasta la bodega. Esta se encuentra, dentro del viñedo, lo que es otra de las particularidades de Carrascas porque todo el proceso se realiza en la finca desde el cultivo hasta la propia elaboración.

Vides en la Finca Carrascas.

Este magnífico y exquisito proyecto, nació en 2004 de la mano de la familia Payá, fundamentalmente de Pepe, un enamorado del campo, y de su hija Amelia, arquitecta responsable de la bodega. Esta última, un vanguardista, encalado, elegante y sobrio edificio, de interiores amplios y funcionales, donde se hacen vinos 

exclusivos, sutiles y artísticos. Incluso con poesía, como demuestra su último proyecto en el que cada botella lleva un verso, que sin importar el orden, conforma, al final, un poema que narra del terruño, los viñedos, las historias de la tierra y la bodega. En esta obra de arte, aparecen los elementos que rodean a la vida del vino en Carrascas: la avutarda, el tomillo, el viento, la sabina…El armonioso verso del último vino, del 2019, llamado “El tomillo y el viento bailan” lo dice todo.

Vino «El tomillo y el viento bailan», viognier de Carrascas.

Esta autenticidad, esta sensibilidad para tratar el terruño, este respeto por la naturaleza, es lo que al final, produce esos vinos tan exclusivos, con personalidad y “recorrido” (el sabor de un buen vino debe quedar en boca largo tiempo, como es el caso aquí), destinados a públicos selectos de nivel adquisitivo alto que tienen conocimientos del vino. En la actualidad, Carrascas exporta, además a Centroeuropa (Suiza, Bélgica…), USA, Colombia y México.

El delicado proceso hacia el buen vino

En un equipo liderado por el jerezano Rafael Veas, director general de Carrascas, apasionado del vino y gran profesional, suelo, clima, viñedo y bodega van a la par.

Los viñedos, situados a 1.000 metros de altitud, tienen un clima continental, de influencias mediterráneas, con temperaturas extremas. En invierno (12-14 bajo cero) y en verano (35-40 grados), con grandes diferencias de temperatura entre la noche y el día de más de 15 grados. Esta climatología favorece algo fundamental para la uva: su lenta, suave y larga maduración, ayudada, además, por un suelo arcillo-calcáreo y unas cepas en espaldera (2600 cepas/hectárea) que recogen los rayos del sol directamente, lo que aporta la complejidad aromática al fruto, necesaria para obtener la máxima calidad de la uva.

El viñedo y la bodega juntos.

En el viñedo de Carrascas, se han adaptado, por estos motivos, perfectamente, diferentes varietales francesas como, por ejemplo, el chardonnay o el viognier.

Si las condiciones ambientales son importantes, no lo son menos los procesos de producción. La poda de invierno donde se busca una productividad muy pequeña por cepa, las podas en verde o la perfecta elección del día exacto de la vendimia (finales de agosto, principios septiembre) que se decide por la cata de uva en el campo. Vendimia que se hace manualmente porque ello aporta la selección idónea de parcelas y racimos, tras la que solo las mejores uvas entran en la bodega, gracias a un cuidadoso proceso de selección, en el que se recoge la uva en cajas pequeñas de 10 kilos para preservar la exclusividad de esta baja producción.

Barricas de roble francés.

La uva pasa directamente a la bodega, localizada en el centro de los viñedos, donde a ocho metros bajo tierra (Carrascas es una de las pocas bodegas subterráneas que existen en España) se procede a la elaboración y crianza. Esta útil configuración bajo tierra permite preservar la temperatura y la humedad de forma constante durante todo el año (de 12 a 16 grados). Los vinos blancos se localizan en depósitos de elaboración de acero inoxidable de 5.000 litros de capacidad y los tintos en madera de roble francés de 8.000 litros. Los caldos más complejos de crianza de la Bodega se elaboran en barricas de roble francés.

Interior de la Bodega.

Los Vinos de Carrascas

Blancos, tintos y reservas de ambos componen el mosaico de los caldos especiales de Carrascas. El flamante blanco “El tomillo y el viento bailan 2019”, elaborado con uva de la variedad Viognier (monovarietal), con crianza durante 6 meses, cuyos ligeros aromas frutales a melocotón y flores blancas destacan sobremanera, es parte de esa obra artística literaria del poema del terruño. Este vino ha obtenido las máximas puntuaciones en guías nacionales (93 puntos en Guía Peñín 2020) e internacionales. Así mismo, ha ganado medallas de oro en el International Wine Awards de este año.

Entre los blancos, la variedad chardonnay, de frescos aromas a frutas tropicales y cítricos, se fermenta en barricas de roble francés, entre 9 y 12 meses. Posee un excelente grado de acidez por la altura de la finca.

Tintos de Carrascas.

En cuanto a los tintos, se utiliza, por una parte, las variedades syrah y tempranillo, fermentadas en barricas de roble francés de un año. Con gran intensidad de color, este tinto respira frescor y aromas frutales como la cereza. Por otra parte, los rojos elaborados con uvas de las variedades merlot y cabernet Sauvignon, reposados durante 15 meses en barricas de roble francés son vinos complejos, de gran personalidad, con reminiscencias de frutas negras del bosque.

En el apartado de alta gama de la Selección Reserva de Familia de Carrascas, podemos hablar de grandes vinos elegantes, equilibrados, de gran complejidad. El Reserva blanco de Chardonnay fermenta en 24 meses, en barrica nueva de roble francés y sus aromas van desde la almendra tostada, el pan o la piña. En cuanto al Reserva tinto, la delicada uva utilizada es la francesa merlot, perfectamente adaptada al terreno de Carrascas. De color rubí, llaman la atención en este soberbio vino de 2015 sus matices de naranja, guindas, ciruelas, grosellas y notas de tabaco.

Blancos de Carrascas.

En definitiva, grandes vinos que extraen el alma, la belleza y la pasión por el terruño, que se resume en su poema: La torpe avutarda descansa, Al cobijo de una gran sabina, El tomillo y el viento bailan, Y solo cuando el río calla, Una sombra de ciervo avanza, Mientras cubre la luz tardía. Vinos y Poesía que se convertirán con el tiempo, sin lugar a dudas, en la gran antología de Carrascas.

Dinos tu opinión

Por Carmen Pineda

Inquieta, rigurosa, sensible y amante de la cultura (sobre todo el cine), el turismo, la gastronomía y los viajes. Me gusta comunicar y escribir sobre mis experiencias y sobre el mundo en general.

Facebook2k
Twitter203
Instagram649
Tiktok234