«La Gorda», uno de los restaurantes más tradicionales de Guadalajara, celebró 70 años de su fundación con la develación de una placa conmemorativa y una comida especial. En el evento estuvieron Josefina García, “La Gorda”, fundadora del establecimiento, así como familiares, autoridades del Gobierno de Jalisco, representantes de diversos organismos empresariales e invitados especiales.

El origen del restaurante se remonta a 1956, en el barrio de Santa Tere, donde Josefina García y su esposo, Marcelino Rodríguez, “Machelo”, comenzaron la venta de platillos mexicanos como enchiladas, tacos, sopes y pozole en la vía pública, en una cocina improvisada, utilizando únicamente una olla de barro y un anafre de carbón.
Con los años, el pequeño negocio creció y cada vez más personas acudían a comer, por lo que el espacio en la vía pública comenzó a ser insuficiente. Durante cerca de 20 años, la familia mantuvo la venta en la calle, hasta que la demanda los llevó a buscar un espacio más amplio. Así nació la cadena de restaurantes La Gorda. Actualmente cuentan con ocho sucursales situadas en el área metropolitana de Guadalajara. Generan 155 empleos directos y comercializan aproximadamente 160 mil platos de pozole al año, su platillo principal.

Durante la ceremonia, doña Josefina García recordó con especial cariño a su difunto esposo, Marcelino —su compañero “contra viento y marea”—, a su abuela Hildeliza Ruvalcaba, por transmitirle los secretos del sazón y la vocación de servir a la mesa, y a sus hijos y nietos, por ser parte fundamental de su vida.

Asimismo, reconoció el respaldo de colaboradores, proveedores y colegas restauranteros, y dijo que, trabajando codo a codo, lograron salir adelante, ya que solos no habrían podido ni empezar.
En su oportunidad, Mónica Rodríguez García, hija de Josefina García y actual directora general, agradeció a los invitados, a nombre de su madre y de toda su familia, por acompañarlos en la celebración de siete décadas de historias, esfuerzo y tradición.
Invitó a imaginar esa misma banqueta hace 70 años y recordó que sus padres, doña Josefina y Marcelino, comenzaron sin paredes ni techo, impulsados únicamente por una olla de barro que les enseñó a respetar la tradición, un anafre de carbón que simbolizaba el trabajo constante y la banqueta misma, que representaba el lazo con la familia y la comunidad.

Tras reconocer que el negocio logró superar momentos adversos, como crisis económicas y la reciente pandemia, señaló que la expansión a sus ocho sucursales se dio gracias al acompañamiento de las familias tapatías.
“Mamá, gracias por enseñarnos que una olla de barro vale más que cualquier lujo si se cocina con amor, y que no hay crisis ni pandemia que aguante unas ganas de trabajar”, expresó de manera emotiva.
Por su parte, el coordinador de Crecimiento y Desarrollo Económico del Gobierno de Jalisco, Mauro Garza Marín, resaltó la función de la gastronomía como un componente clave de la oferta turística regional. También destacó la admiración que toda una generación le tiene a la señora Josefina por su trayectoria y liderazgo, y afirmó que el restaurante no solo abre al público, sino que “abre su corazón y la puerta de su casa” para atender a los clientes con el mismo cariño desde hace siete décadas.
Los asistentes pudieron degustar algunos de los platillos más emblemáticos del restaurante, como tortas ahogadas, enchiladas y el platillo estrella: el pozole, así como disfrutar de música de mariachi en vivo.
La permanencia de establecimientos dedicados a la gastronomía tradicional constituye un pilar relevante para la proyección gastronómica, turística y cultural de la Perla Tapatía.

