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Turismo social
Diferentes colectivos del turismo social / elaboración propia.

¿Qué es el turismo social y a quién beneficia?

La existencia de fuertes vínculos entre el turismo social y diversas disciplinas de las ciencias sociales han motivado que su concepto resulte algo abstracto y difícil de integrar u homogeneizar en una única definición. Las diversas opiniones se han sustentado principalmente en teorías de tipo filosófico y sociológico, en torno a la noción del turismo como factor del desarrollo integral del hombre.

Abordar la concepción del turismo social requiere adoptar inicialmente un enfoque de demanda, que delimite el sujeto participe de la realidad turística, pero también obliga a considerar los agentes operadores –públicos y privados– y los medios utilizados. Respecto a los agentes, hay que señalar que pueden actuar como sujetos generadores de productos turísticos, como elementos integradores de la demanda turística y como canalizadores de la oferta turística propia y/o ajena. Además, estas estructuras no tienen que ser puras, sino que pueden darse toda una multitud de situaciones mixtas, con distintas formas jurídicas y administrativas.

El turismo social surge con el objetivo principal de poner al alcance de un amplio sector de la población, caracterizado por tener escasos recursos económicos, la posibilidad de acceder al ocio turístico, de manera que a partir de esta consideración general, se producen otra serie de consecuencias como el aumento en el nivel de vida de las clases más humildes, la disminución de los prejuicios, la elevación de las culturas entre pueblos, el reforzamiento de los lazos familiares y, por último, dignifica el sentido humano haciendo superar complejos de inferioridad social (Fernández, 1959: 6). Todos estos efectos forman parte de la génesis que da sentido al concepto del turismo social, y sus contenidos deben ser los objetivos sociales a alcanzar por los colectivos y agentes que intervienen en su desarrollo.

¿A quién beneficia el turismo social?

La demanda de turismo social, a diferencia de otras tipologías turísticas, no se caracteriza ni por el entorno u hábitat espacial donde se ubica ni por estar relacionadas con las motivaciones (desarrollo de actividades específicas), sino que la cualidad fundamental que identifica al turista social reside en el hecho de pertenecer a un colectivo de población socialmente desfavorecido. Hasta este planteamiento, que es admitido por la mayoría de los autores que han tratado el tema, existe consenso internacional, sin embargo, avanzar en la realidad conceptual desde la demanda es una tarea ardua que no ha sido tratada con profundidad, ya que los autores e instituciones que se han pronunciado sobre el turismo social, lo han hecho casi siempre desde una óptica parcial, trasladando toda la responsabilidad del concepto sobre alguno de los colectivos.

El concepto de demanda de turismo está basado en el bien turístico, que se consume en cantidades mayores a medida que se incrementa la renta y se eleva el nivel de bienestar, de manera que, a nuestro juicio, la demanda de turismo social está formada por el conjunto de colectivos y/o individuos que por su escasa capacidad presupuestaria se ven excluidos de la posibilidad de acceder al ocio turístico. Entre los principales beneficiarios que participan en esta demanda, caracterizados todos ellos por tener escasos recursos, hay que destacar:

1. Familias

Sus antecedentes más remotos se encuentran vinculados a las comunidades cristianas, aunque con el paso del tiempo van afirmándose también otras posturas de carácter laico, especialmente después de la intervención creciente de las administraciones públicas en la financiación de proyectos.

La filosofía básica sobre la que se sustentan el apoyo a este colectivo radica en que las dificultades para acceder a unas vacaciones se incrementan a medida que aumenta el número de miembros de las familias. Por tanto, el turismo social referido a este segmento de demanda pretende conceder a este colectivo la posibilidad de acceder a unas vacaciones, debido a la incapacidad económica para alcanzar los precios de la economía competitiva de mercado.

Actualmente, son numerosos los agentes que se han implicado en la diversificación de las actividades turísticas sobre este colectivo, lo que ha motivado en ciertos países un cambio en las definiciones reglamentarias hasta ahora existentes. En este sentido, Nöel (1992: 1) apuesta por el turismo familiar en la medida que considera que los poderes públicos deben de resistirse a tratar el turismo social como un ghetto restringido a determinadas categorías socio-profesionales o asociaciones, sino que por el contrario, el planteamiento correcto debe estar abierto a todas las familias que no puedan acceder a esta forma de ocio.

2. Jóvenes

Las acciones del colectivo juvenil han sido pioneras dentro del turismo social y comenzaron a efectuarse en el medio rural, donde los jóvenes podían participar activamente en actividades vinculadas a la naturaleza. La estructura organizativa de este colectivo se ha fundamentado inicialmente en el excursionismo que realizaban los centros educativos o religiosos, los cuales pretendían instruir cívicamente a los jóvenes mediante la convivencia y el conocimiento de otras culturas y pueblos.

Paralelamente comenzarán a surgir organizaciones juveniles laicas que no sólo se ocuparán de representar a la demanda, sino también de organizar y crear la oferta, siendo precursoras en el diseño de viajes y en la distribución del alojamiento. De esta manera, aparecen las organizaciones de albergues juveniles, que facilitan la accesibilidad al alojamiento a un segmento de demanda turística bastante modesto en rentas.

La inquietud institucional hacia este colectivo ha ido creciendo rápidamente, aunque en la mayoría de los países no existen normativas específicas, sino que se admiten concesiones o privilegios para los jóvenes viajeros en materia de transporte, alojamiento, intercambios, acontecimientos culturales, deportivos, recreativos y otros servicios (Muñoz, 1990: 3). Además, junto a estas formas de actuación, también están surgiendo numerosos agentes operadores que se deciden por este segmento de demanda realizando múltiples actividades complementarias, tales como campos de trabajo, colonias de verano, cursos de idiomas o programas au pair.

3. Tercera edad

Generalmente, se entiende por tercera edad al grupo de población que ha alcanzado la edad de jubilación, fijada en España en sesenta y cinco años. No obstante, ese criterio es cuestionable, ya que el colectivo que representa el turismo social de tercera edad es mucho más amplio, e incluye también como sujetos beneficiarios a determinados pensionistas, normalmente por viudedad o invalidez, así como sus cónyuges.

La importancia de este segmento de demanda ha sido creciente a lo largo del tiempo y constituye el eje central de atención de la política de turismo social en numerosos países, como por ejemplo España. Además, desde el ámbito privado se han desarrollado múltiples organizaciones y empresas interesadas en la tercera edad, que han suscitado incluso la atención de las instituciones internacionales. En este sentido, la OMT (1996), junto a otras organizaciones, ha manifestado su postura en la Carta de Recife sobre las personas mayores, que establece una serie de recomendaciones para garantizar la calidad de atención y de servicios a este colectivo.

4. Discapacitados

La utilización del término discapacitado, al igual que otros muchas acepciones que son empleadas como sinónimos, cuando en realidad no lo son, suele ser motivo de polémica y controversia entre los distintos agentes e instituciones sociales. La Organización Mundial de la Salud (OMS) trató de unificar criterios en 1980 sobre múltiples términos que se utilizan, tales como deficiencia, discapacidad y “minusvalía” (término que en la actualidad no es utilizado, por ello lo entrecomillaremos; y debemos puntualizar que el término general más aceptado es “Personas con Discapacidad” -PCD- o “Personas en situación de Discapacidad” -PeSD-) , y que vienen a identificar al colectivo que representa el “turismo accesible” dentro de la política de turismo social. En este sentido, sin querer entrar en matizaciones o calificaciones sobre las distintas acepciones que se pueden utilizar, y siendo totalmente respetuoso y sensible con cada una de las minorías que forman este gran colectivo, hay que señalar que en general se trata de personas que crónica o temporalmente tienen un handicap físico, mental o psicológico. La accesibilidad para este colectivo exige, en muchas ocasiones, unas condiciones mínimas en la adecuación técnica de las instalaciones y en la formación de los trabajadores que prestan los servicios turísticos, al objeto de garantizar la asistencia necesaria.

La Organización de las Naciones Unidas (ONU), por su parte, adoptó en 1982 el Programa de Acción Mundial para las Personas con “Minusvalía”, que determina, paralelamente una serie de medidas destinadas a favorecer la participación y la igualdad de las personas con “minusvalía”, un conjunto de orientaciones entre las que destacan las relativas al entorno físico y al ocio. Respecto a esta última, señala que “Los Estados miembros deberán procurar que las personas con “minusvalía” tengan, en materia de ocio, las mismas posibilidades que otros. Ello supone que tengan acceso a los restaurantes, cines, teatros, bibliotecas, etc., así como a los lugares de vacaciones, complejos deportivos, hoteles, playas y otros lugares de distracción. Los Estados miembros deberán adoptar medidas para eliminar todos los obstáculos en la materia. Los servicios de turismo, las agencias de viajes, los hoteles, las organizaciones de ocio o de viajes deberían ofrecer sus servicios a todos, sin discriminar negativamente a las personas con “minusvalía”. Deberían, por ejemplo, incluir información sobre la accesibilidad de lugares en aquella información general que proporcionen al público”.

Por su parte, la OMT ya se había pronunciado, en la reunión de Manila en 1980, sobre la necesidad de crear mejores condiciones prácticas, de acceso efectivo y sin discriminación en relación con el derecho al turismo. No obstante, no será hasta once años más tarde, en la Asamblea General de la OMT celebrada en Buenos Aires, cuando se adopte una resolución que apruebe el documento que recoge una serie de recomendaciones para todos los Estados sobre la información y publicidad, la preparación del personal, las infraestructuras generales y las instalaciones específicas, en relación con el colectivo de “minusválidos”.

Posteriormente, serán numerosas las instituciones que reconozcan el derecho al ocio para las personas con discapacidad (Gorbeña et al., 1997). Sin embargo, el mercado turístico de las personas que tienen algún handicap, es aún ignorado por la mayor parte de los promotores turísticos, pese a que constituye un mercado potencial que no exige grandes inversiones por parte de los operadores turísticos, sino que los obstáculos actuales siguen siendo más psicológicos o culturales que financieros. Precisamente son este tipo de barreras las que hacen que el objetivo del turismo social dirigido a discapacitados vaya más allá, en su definición, de la capacidad económica media de los individuos que integran la demanda de turismo social, es decir, las rentas aquí no se deben de ponderar de la misma manera que en el resto de segmentos que forman la demanda de turismo social.

5. Otros colectivos

a) Obreros

Aunque son numerosas las comunidades sociales que se pueden integrar en este apartado, hay que señalar que, históricamente, la más arraigada al turismo social está referida a los colectivos obreros, que a través de organizaciones sindicales han promovido múltiples actividades culturales, formativas y de ocio, entre estas últimas se encuentra el turismo social.

En la actualidad, el colectivo obrero como productor y, también, como consumidor de turismo social se encuentra sometido a una particular atonía, debido fundamentalmente a las transformaciones económicas de las últimas décadas. Las crisis económicas se han manifestado con rotundidad en ajustes productivos hacia la competitividad empresarial, reorganización de las estructuras de producción –que admite la movilidad vertical y horizontal de los recursos humanos–, privatización de empresas públicas, etc. Todo ello ha motivado que se produzca una postración en las políticas de turismo social, llevadas a cabo por los comités de empresa y por los movimientos sindicales, los cuales han pasado a concentrar su atención esencialmente en la estabilidad y en la creación de empleo. Además, como apunta Sénéchal (1997: 23), los contratos indefinidos y de larga duración son cada vez más escasos, deteriorando las relaciones laborales e implicando indirectamente un debilitamiento presupuestario de los comités de empresas y un cambio de actitud hacia otras posturas más austeras. En este sentido, ciertos comités de empresas que en los años setenta realizaban acciones de turismo social han dejado de realizarlas en la actualidad, adoptando una posición más pasiva y exigiendo en determinados casos a los prestatarios de los servicios una participación pecuniaria por figurar en las promociones publicitarias que se efectúen.

Además de los colectivos obreros, existen otros que, ciertamente se alejan de las rentas modestas de la clase media, son los excluidos y marginados socialmente. Estos se caracterizan, generalmente, por tener un exiguo nivel de formación y/o cultural, que les imposibilita el acceso al mundo laboral y los condena perpetuamente a ser inadaptados sociales.

b) Emigrantes

Por último, otro colectivo que también debe ser incluido dentro de este gran grupo, y que en determinados países, entre ellos España, está considerado en sus políticas, es el de personas emigrantes, las cuales por razones económicas no pueden acceder al ocio turístico, de manera que su restricción presupuestaria hace que exista una barrera insalvable para el reencuentro con sus orígenes. Un ejemplo de la dimensión y relevancia de este colectivo fue dado para México por Del Rio (1998), dicho país pretende poner en práctica un ambicioso programa de turismo migratorio que estimule la demanda, mediante una serie de beneficios y descuentos en sus destinos turísticos. Téngase en cuenta que México tiene unos 20 millones de emigrantes, por lo tanto la demanda potencial del programa es bastante alta.

Bibliografía

Muñiz Aguilar, D. (2001). Concepto de turismo social. En F. Mejía (Ed.). La política de turismo social (pp. 23-30). España: Junta de Andalucía.

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