Narco tours en Mazatlán

Era aproximadamente el mediodía de un sábado normal en el puerto de Mazatlán, el polo turístico del estado mexicano de Sinaloa. El calor y la brisa del océano pacífico se mezclaban en el aire con el peculiar sonido de de la banda proveniente de los músicos que recorren la playa ofreciendo sus sonoros servicios. A la distancia se veían pasar con premura por el malecón las famosas pulmonías, ese transporte típico del puerto que desde 1965 se ha convertido en una popular forma de movilidad entre los turistas: justamente en una de estas unidades blancas, sin vidrios y con aspecto a carritos de golf, es donde comienza esta crónica.

Seguramente usted en algún momento ha escuchado algo referente a Sinaloa, probablemente entre los componentes de ese algo, reluce el tema del narcotráfico de forma casi natural, quizá porque este lugar ha sido la cuna de algunos grandes capos de la droga o también por todos los eventos de alto impacto relacionados con el tema, que en aquel territorio han encontrado escenario y que son divulgados por los medios de comunicación de forma masiva, sin embargo, la comercialización que se constituye alrededor de la cultura “narco” y por ende, su proceso de normalización, crean un estereotipo muy pronunciado referente a este estado mexicano y a todo lo que se relaciona con él, generando diferentes impactos.

En el caso específico de Mazatlán, el impacto se vio reflejado en la demanda de los turistas que comenzaron a visitar el puerto después del 22 de febrero del 2014, fecha en la cual Joaquín “el Chapo” Guzmán fue detenido en unos condominios llamados “Miramar” ubicados sobre el malecón, en plena zona turística. Pues a raíz de este hecho, se comenzaron a solicitar “Narco paseos” o “narco tours” para conocer el lugar, hecho que desató el armado de toda una ruta con diferentes puntos a visitar.

Miramar en Mazatlán
Condominios “Miramar”, lugar donde fue detenido el «Chapo» Guzmán.

Partiendo de esta breve retrospectiva y con pleno conocimiento de la existencia de esta práctica de turismo de la que no se habla abiertamente, abordé una pulmonía a la altura del monumento al pescador, mejor conocido como “los monos bichis”: en cuanto de mi boca salieron las palabras narco tour, el pulmonero inmediatamente se ofreció a brindarme el servicio. Jorge, como se hizo llamar, amablemente comenzó a conducir su pulmonía mientras me comentaba que tenía alrededor de 35 años manejando aquel vehículo que se abría paso entre calles angostas. Nos dirigíamos al cerro de la nevería, la primera parada. Sus palabras fueron “ahorita vamos a una casa que dicen que fue del chapo, la dejó empezadita nada más, porque lo agarraron, pero tiene una de las mejores vistas de todo Mazatlán, ahorita verás”.

Llegando a la edificación nos encontramos con una enorme casa de ladrillos naranjas en obra negra con cada espacio perfectamente definido. Jorge descendió de la pulmonía y me invitó a entrar junto con él; si desde fuera las dimensiones eran de gran tamaño, una vez dentro absolutamente todo era aún más grande. El área donde debía ir la alberca se erigía en una terraza que efectivamente tenía una panorámica espectacular del puerto, “uff lo que hacen los dólares, este lugar ha estado en venta porque prácticamente está construido, pero nadie lo compra cuando se entera quien lo mandó a construir”, dijo Jorge mientras veía con asombro la vista desde el lugar. Instantes después tomé la iniciativa de subir a los otros dos niveles que se dividían en diversos cuartos entre penumbra, pero beneficiados con vistas increíbles. La sensación era muy perceptible, una combinación entre soledad, silencio y un ambiente pesado, como si las paredes de aquella casa guardaran siniestros.  

Desde el interior de casa del crimen organizado en abandono.

Impresionado por la monumentalidad de la edificación y algo sensible por el ambiente extraño que tenía el lugar, me dispuse a seguir con el recorrido. El siguiente punto también era una casa, pero con la diferencia de que esta estaba en uso, no obstante, era popular porque algunas veces había animales exóticos en el patio, como leones, tigres y pavorreales; en esta ocasión no había animales, pero se divisaban las jaulas y los espacios para la estadía de aquellas especies. Partimos al siguiente punto cuando Jorge dijo «en esta casa viven unos narcos, nada más pasamos de rápido porque si nos ven, podemos tener problemas, mmta no hubo animales, pero ¿sí vio las jaulas?».

Para terminar la hora y media de recorrido, aún nos faltaba el famoso Miramar, un predio donde hasta hace poco estaban las ruinas de una discoteca propiedad de Arellano Félix, ex capo de las drogas, muy famosa en la década de los 80, al igual que la esquina donde hace algunos años se había asesinado a un «pez gordo» del cártel de Sinaloa. Llegando a Miramar, era posible apreciar a personas que buscaban tomarse una foto en el zaguán del lugar donde habían capturado al «Chapo» Guzmán, un edificio de tonos amarillos de más de 10 pisos. En ese momento recordé las imágenes en las noticias que efectivamente corroboraban la veracidad del lugar. Es increíble pensar que un personaje de esta índole alguna vez estuvo ahí, en aquel edificio al alcance de vista de todo el que se pasea por el malecón, sin duda es el lugar más popular en estos narco tours.

Esquina en Mazatán
Esquina donde fue asesinado un capo de la droga.

Mientras nos dirigíamos al predio de la discoteca «Frankie Oh», siguiente parada y penúltimo lugar, Jorge me platicaba un sinfín de historias entre experiencias personales y cosas que le habían contado referentes al mundo del narcotráfico en Mazatlán. La experiencia de conocer la cosmovisión y los imaginarios sociales referentes a esta problemática de la sociedad mazatleca más allá de lo que dicen los medios de comunicación, enriquecía en demasía el recorrido.

La «Frankie Oh», curiosamente plantada de igual manera sobre el malecón, fue, en la década de los 80, una de las discotecas más exclusivas del mundo, con un lujo y extravagancias nunca vistas en México: animales exóticos y fiestas donde se podía encontrar absolutamente cualquier cantidad de excesos. Por más de 20 años estuvo en abandono todo el complejo, hasta que hace poco el gobierno municipal lo demolió para darle lugar a un nuevo edifico que se dice será un hotel, pero no se sabe a ciencia cierta, aunque ya se ven los trabajos. Aparte, la discoteca conectaba con una casa de dimensiones gigantes. Francisco Rafael Arellano Félix, precursor del cártel de Tijuana dueño e impulsor de este proyecto, consiguió en sus mejores años llevar a la «Frankie Oh» a artistas como Luis Miguel, Emmanuel, Gloria Trevi, Mijares, Nelson Ned, Timbiriche, entre otros de gran renombre. Las historias que rodean este lugar son una pequeña muestra del poder que tenía y tiene el narcotráfico.

Mi cabeza tenía tantas incógnitas sobre lo que mis ojos veían y mis oídos escuchaban que me quedé pensativo, mientras la pulmonía se acercaba a la zona dorada, lugar donde terminaría la experiencia, específicamente entre las calle playa gaviotas y buganvilia, inmersa en hoteles y restaurantes, esquina que hace algunos ayeres fue testigo del asesinato a tiros de un integrante de la familia Arellano Félix. Jorge, al compartirme la versión que sabía sobre lo acontecido, bajaba la voz porque, según él, sentía temor que alguien lo fuera a escuchar. 

Como culminación del recorrido, Jorge me comentó que a partir del 2014 estos «narco tours» se habían popularizado y que de forma regular, turistas nacionales se lo solicitaban, y aunque no era algo que le gustará mucho hacer, comprendía que era parte de la demanda turística actual.

La experiencia fue sumamente interesante y deja vislumbrar algo de los efectos que una problemática como el narcotráfico puede generar en un destino turístico.

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Por Arturo Escobedo

🇲🇽 Profesional en turismo especializado en gestión cultural, sustentabilidad y social media con proyectos realizados en México, Perú y Colombia.

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