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Cerro-Concepción
Cerro Concepción en Valparaíso, Chile// Imagen: Jorge Abarca

La cara incómoda del Patrimonio Mundial

El discurso de cada guía turístico de Valparaíso incluye, de forma casi instintiva, la alusión a que la zona es Patrimonio de la Humanidad, lo cual es un acto lógico, ya que es parte de la impronta de la ciudad y del enganche con el turista internacional. Pero, ¿Qué tan positivo es ser Patrimonio de la Humanidad? El papel y la supuesta lógica dirían que es un privilegio, pero la práctica conlleva a concluir que no todo es color de rosa.

Contextualicemos:

El 2 de julio de 2003 el Comité de Patrimonio Mundial de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco, por sus siglas en inglés) declaró al sector del casco histórico de Valparaíso como Patrimonio de la Humanidad bajo el criterio cultural: «Valparaíso es un testimonio excepcional de la fase temprana de globalización, a fines del siglo XIX, cuando se convirtió en el puerto comercial líder de las rutas marítimas de la costa del Pacífico de Sudamérica». De esta forma, Valparaíso pasaba a ser una zona que consolidaba su carácter histórico-cultural que se acentúa al regresar la democracia al país, pero que proviene desde su época fundacional y alcanza su apogeo durante el siglo XIX y primera mitad del siglo XX.

Cabe destacar que para el momento del dictamen, Chile ya contaba con dos sitios amparados por UNESCO: Parque Nacional Rapa Nui (1995) y 16 iglesias de Chiloé (2001).

El Patrimonio

La Convención sobre la Protección del patrimonio Mundial, Cultural y Natural, formada en 1972 y a la que Chile se unió en 1980, pretende salvaguardar aquellos bienes o sitios que representan una importancia cultural y/o natural excepcional que trasciende fronteras. Por ende, es que de momento en que se adquiere el sello UNESCO, las fiscalizaciones e investigaciones por parte de la entidad se hacen notar ante cualquier decisión o proyecto que de alguna manera pueda llegar a afectar el patrimonio.

En cuanto a la fiscalización, la cosa va en serio. Ya son más de 50 los bienes en el planeta catalogados como Patrimonio de la Humanidad en Peligro y se tiene el ejemplo de dos casos emblemáticos que perdieron la distinción de Patrimonio Mundial: Valle del Elba en Dresde, Alemania y el Santuario del Oryx árabe en Omán.

En el caso particular de Chile, sus zonas patrimoniales están amparadas por la Ley 17.288 de 1970 la cual establece que para obras de reconstrucción o conservación de sitios patrimoniales, se debe consultar al Consejo de Monumentos Nacionales. Por otro lado, la Ley y Ordenanza General de Urbanismo y Construcciones, a través del Plan Regulador Comunal de Valparaíso, da un instructivo que fija las condiciones para la intervención de inmuebles privados o públicos que estén dentro del rango del Área Histórica de Valparaíso.

Por lo tanto, si lo vemos por el lado del locatario o del vecino que posee un inmueble dentro del sitio patrimonial, el asunto se pone difícil si desea efectuar algunos cambios en él. En el caso de querer rehabilitarlo, debe presentar un informe a la Comisión Asesora de Monumentos Nacionales V Región, la que luego de evaluar los antecedentes y analizar en terreno, envía el reporte a Santiago para obtener una resolución final. Mientras que las alteraciones, las reparaciones y/o las reconstrucciones  a edificaciones  o zonas históricas requieren la venia del Consejo de Monumentos Nacionales o de la Secretaría Ministerial de Vivienda y Urbanismo. Son estos dos últimos organismos los que también conceden los Permisos de Alteración, Reparación o Reconstrucción de inmuebles o zonas de conservación histórica que se obtienen si es que se aprueba un expediente que nuestro vecino tendrá que enviar y que consta, ni más ni menos, que de 14 puntos.

Demasiada burocracia para que alguien pueda realizar quizá un pequeño cambio en su vivienda. ¿Necesario? Digamos que siempre se requiere de un marco regulador, pero acordamos que para el caso particular de los habitantes de siempre de la zona, incluso desde antes de que se declarara Patrimonio el lugar, es un calvario, al igual que para aquellos que desean aportar al sector con algún emprendimiento comercial. Los tiempos de espera pueden ser agobiantes en casos de rehabilitaciones y más aún en reconstrucciones. No tanto así, al tratarse de simples remodelaciones.

Compañia-Vapores
Compañía Sudamericana de Vapores// Archivo: Wikimedia Commons

Al momento de arrendar o comprar un edificio patrimonial o ubicado dentro de la zona protegida, el nuevo administrador debe saber que no puede modificar la fachada o cáscara de la obra. En su interior, no se debe reubicar escaleras o patios, ni desmantelar rasgos arquitectónicos originales importantes. No obstante, se permiten modificaciones menores que no afecten en mayor grado el carácter patrimonial de la obra, como el cambio de pisos, revisión de ascensores, modernización de ciertas instalaciones, etc.

Patrimonio y turismo

Por un lado, para las localidades pequeñas que postulan a esta distinción para potenciar el turismo en la zona y tener la posibilidad de acudir a fondos destinados a preservar sitios protegidos, perder este sello puede ser tremendamente tormentoso, sin embargo para las ciudades ya consolidadas cultural y turísticamente, como por ejemplo Barcelona, ser parte de UNESCO puede llegar a transformarse en un tema engorroso e innecesario ya que las políticas y criterios de conservación atraen problemas ante la masiva evolución urbana. Además, son zonas cuyo flujo turístico no se verá afectado en lo más mínimo si es que adquieren o no el resguardo de Naciones Unidas debido a su gigantesco potencial histórico-cultural y a su afianzado prontuario turístico.  Bien lo saben en Reino Unido en donde se desarrolló el Informe sobre los Costos y Beneficios del Estatus de Patrimonio Mundial  el cual arrojó que en lugares ya conocidos el aumento del turismo era apenas un 3%. Este porcentaje podría llegar a ser más significativo en áreas menos reconocidas.

Hasta antes de la declaración de UNESCO se hablaba más de la imagen del «Valpo cultural» que del «Valpo turístico». Lo segundo era más que nada una consecuencia de lo primero. Luego de la declaración, el panorama potenció más lo segundo, sin mermar, no obstante, ni un ápice de lo cultural. Desde entonces, se vieron consecuencias positivas para las arcas municipales: aumento de hoteles, hostales, restaurantes, centros culturales e inversión local. Esto atrajo la siempre controvertida gentrificación, la cual, en muchos casos, espantó al residente que vio cómo su vecindario de toda la vida era invadido por inversionistas que sin si quiera vivir en el lugar, modificaban toda la tranquilidad del sector en pos de generar algo atractivo  y pintoresco para el turista. Casos por antonomasia son Cerro Concepción y Cerro Alegre.

No nos cabe duda que Valparaíso no sería, en parte, lo que es hoy si no fuera por la declaración de UNESCO, la que está siempre atenta a cualquier proyecto que pueda representar un peligro para la zona. Ejemplo claro es el ya caótico cuento del Mall Barón. La ciudad ha convivido con restructuraciones que no se veían desde el terremoto desastroso de 1906 que dejó la ciudad en el suelo. Pero más allá de los colores, lo gourmet y lo pintoresco, existe una realidad que no es muy confortable para muchos y que, sin duda, representa el «lado B» del Patrimonio Mundial, ese que siempre es incómodo comentar.

Agradecimientos: 

Giselle Oyarce Rojas, arquitecta con diplomado en Patrimonio.

Referencias:

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Acerca de Nelson Valencia Fernández

Nelson Valencia Fernández
Traductor e intérprete inglés-español arraigado en el fascinante mundo del turismo ya hace varios años. Acérrimo creyente en la innovación turística y en la creación de redes de trabajo. Veo al turismo como una ciencia con potencial infinito por investigar.