Sala_de_Tiziano_en_el_Museo_del_Prado<span style="color: #808080;">Imagen/Fuente: <a style="color: #808080;" href="https://es.m.wikipedia.org/wiki/Archivo:Sala_de_Tiziano_en_el_Museo_del_Prado.jpg" target="_blank"><span style="text-decoration: underline;"><strong>Wikipedia</strong></span></a></span>

Los grandes museos han sido siempre destino del turismo cultural, al igual que los monumentos, los edificios o las ciudades históricas. Son actividades culturales meramente con un fin social. Los grandes destinos mundiales están marcados por la visita a distintos museos de trascendencia.

Es de conocimiento general, que existen museos con diversos fines, como por ejemplo: los de arte, ciencia, historia, urbanos, entre otros. En todos los casos los visitantes aprecian y disfrutan indirectamente de la labor de los especialistas de estos sitios. Indirectamente porque, una vez que ingresan, su atención, imaginación y sentimientos se apartan de su personan, comienzan a navegar en otra dimensión y se olvidan que el logro de esa vivencia estuvo a cargo de profesionales de dicha institución.

Detrás de las exposiciones, de las salas, existe un trabajo exhaustivo en donde se debe respetar normas y pasos para lograr que este sea atractivo. Uno de los aspectos a priorizar es la ética, que apunta a guiar la conducta del museo.

En la visión moral del mundo, la realidad está sometida a un orden que decide el lugar ocupado por cada uno. Este orden constituye la perfección a que debe tender todo ser humano, cumpliendo correctamente con su función, lo que se denomina virtud. (Platón, Cicerón, etc.). Por el contrario, la visión ética, se apoya sobre la referencia a un mundo caótico y desordenado, librado al azar y sin puntos de referencia estables. Frente a esta desorganización universal, cada uno es el único juez de lo que le conviene (Nietzsche, Deleuze), es quien decide por sí mismo lo que es bueno o malo. Entre estas dos posiciones radicales que son el orden moral y el desorden ético, es donde se plantea que se pueda concebir una vía intermedia que sea nuestra guía de comportamiento ético en el museo.

El equipo profesional de estos lugares, toma como base el Código de Ética Profesional de los Museos ICOM,  que esclarece que todos los profesionales de museos deben tener conocimiento tanto de la legislación nacional o local como de todas aquellas condiciones laborales relativas a la sanción de prácticas corruptas y deben evitar, en todo momento, situaciones que puedan interpretarse,  acertada o erróneamente, como una conducta inapropiada o inadmisible de cualquier tipo.

Igualmente, con el fin de evitar cualquier sospecha de corrupción, no se debe recomendar comerciantes, peritos evaluadores u otras personas particulares a un miembro del público, ni se debe aceptar «precios especiales» o descuentos por compras personales, de parte de ningún comerciante con quien al mismo tiempo el profesional o el museo contratante tenga relaciones de cualquier índole.

Eilean Hooper-Greenhill (1992 y 2000), comenta que el museo reconstruye y reordena una visión de la historia, de la sociedad, de la cultura y del individuo acorde a los parámetros de las estructuras y condiciones actuantes como de los valores y las visiones de los comisarios y agentes que operan en el museo. Por tanto, le compete a la museología y a los profesionales de los museos basarse en los códigos éticos que regulan el comportamiento dentro de él, siempre usando como guía el código de deontología

Por último, los museos tienen el desafío de hallar una manera para resolver la cuestión de la definición, de la estrategia más viable para representar ciertos eventos dentro del espacio museal; la manera que se aborda a éste es mediante la creación de un conjunto de objetos y discursos.

Los mismos se basan en una mezcla de estrategias, efectos y objetos tales como fotografías, objetos de la vida diaria, cédulas y gráficos con información acerca de los pueblos y culturas que van a (re)presentar. Uno de los medios discursivos de representación y ordenamiento es lo que se puede denominar como el “principio estético”, que permite y ayuda a la creación de un ambiente neutro que evita cualquier mención de la situación pasada o presente de las culturas representadas; al centrarse en los objetos pero al seleccionar los objetos utilizando el principio estético, obliga a las personas a percibir otros grupos por su “belleza artística” y no por su “verdad”. (Bonfill, 1990, p114).

En muchos casos, los museos, aspirando a este principio omiten la verdadera historia para presentar un recorrido más estético o amigable, dejando de lado realidades e idealizando el pasado, buscando eliminar lo feo, lo doloroso y cualquier objeto que pueda recordarnos el triste pasado. Como primera instancia el órgano encargado de gestionar el funcionamiento del museo tiene por obligación tomando como herramienta el Código de Ética Profesional de los Museos y el Código de Deontología, crear un reglamento de comportamiento y manejo del material correspondiente adecuado para este museo. Aquí es donde los museos deben encuadrarse dentro de lo ético y mostrar la realidad por más dolorosa que sea o afecte a quien afecte, para crear en los visitantes una experiencia real.

La ética profesional, por otro lado, los ubica en el ejercicio específico de una determinada profesión. Se la denomina también deontología profesional o tratado de los deberes, ya que trata de establecer cómo debe ser la conducta ética del profesional al que se refiere.

Un profesional del turismo debe tener las siguientes cualidades: primero la autoridad,  es decir, ser una persona competente en un determinado nivel científico (tiene ciencia) y es veraz (en la manifestación de esos conocimientos).  Si se concurre a un profesional es porque se supone que a través de sus saberes nos dirá la verdad, o reconocerá su desconocimiento sin por eso dejar de ser ético. Es deber de todo profesional cumplir con lo prometido aunque no logre obtener los resultados que preveía, pero su accionar ético se verá  reflejado en su labor responsable dentro del museo.

Los museos son lugares donde el tiempo se transforma en espacio”. Orhan Pamuk

  Bibliografía:

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Por María Soledad Oviedo

Me caracterizo por la tenacidad y el compromiso por cada desafío que emprendo, la Licenciatura me permite desarrollarme con plenitud, desde mi primer empleo en una agencia de turismo, la administración de alquileres temporarios y nuevas oportunidades que elijo.

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