La protección de los ecosistemas debe ser vista como una inversión estratégica para garantizar la permanencia de la actividad turística en el largo plazo, afirmó Jonathan Delance, gerente del Programa Nacional 30×30 del Ministerio de Medio Ambiente y Recursos Naturales de República Dominicana, durante su conferencia “Turismo regenerativo: una oportunidad para el desarrollo territorial”.
Durante la charla, se destacó que el turismo es una de las industrias más importantes del mundo, con alrededor de 1,500 millones de turistas registrados durante el último año y una contribución cercana al 10% de la economía global. Sin embargo, gran parte de las discusiones sobre el desarrollo turístico continúan enfocándose principalmente en los beneficios económicos, dejando en segundo plano los recursos naturales que hacen posible la actividad.
Para ejemplificar la relevancia del sector, Delance explicó que en República Dominicana el turismo representa cerca del 18% del Producto Interno Bruto y genera alrededor de 800 mil empleos directos e indirectos. Además, el país recibe más de 11 millones de visitantes anualmente, considerando tanto a los turistas tradicionales como a los pasajeros de cruceros.
Señaló que cuando se consulta a los viajeros sobre los factores que influyen en la elección de República Dominicana como destino turístico, elementos como la calidad de las playas, el clima y la hospitalidad suelen ocupar los primeros lugares. No obstante, recordó que detrás de esos atractivos existe una compleja red de ecosistemas que proporciona las condiciones necesarias para mantener la experiencia turística.
“Muchas veces solo medimos los ingresos que genera el turismo, pero no valoramos adecuadamente todo lo que aporta la naturaleza para que esos beneficios sean posibles”, explicó.
En ese sentido, destacó la importancia del capital natural, concepto que engloba los ecosistemas y los servicios ambientales que estos ofrecen. Agua limpia, producción de alimentos, paisajes atractivos, regulación climática y protección de las costas forman parte de los beneficios que la naturaleza aporta al turismo y a las comunidades locales.
Puso especial atención en los ecosistemas costeros, fundamentales para los destinos de sol y playa. Explicó que los arrecifes coralinos funcionan como una barrera natural que reduce la fuerza del oleaje y ayuda a conservar la arena en las playas. Asimismo, las praderas marinas contribuyen a mantener la transparencia del agua y retienen sedimentos, mientras que los manglares protegen las costas frente a tormentas y fenómenos meteorológicos.
De acuerdo con el especialista, la degradación de estos ecosistemas puede tener consecuencias directas sobre la actividad turística. La erosión de playas, la pérdida de biodiversidad y el deterioro del paisaje terminan afectando la experiencia de los visitantes y generan costos adicionales para gobiernos y empresas turísticas.
Uno de los ejemplos más visibles de esta situación es el sargazo, una macroalga que desde hace más de una década afecta distintas zonas del Caribe. Este fenómeno no solo altera la imagen de las playas, sino que también modifica las condiciones ambientales de los ecosistemas costeros.
Cuando el sargazo llega a las costas, puede cubrir arrecifes coralinos, afectar la calidad del agua, generar malos olores y provocar inconformidad entre los turistas. Además, representa gastos adicionales para hoteles y prestadores de servicios que deben destinar recursos a su recolección y manejo.
Este tipo de desafíos ha llevado a muchos destinos turísticos a replantear sus estrategias de desarrollo y conservación. En República Dominicana, por ejemplo, el sector turístico ha impulsado diversos proyectos de restauración de ecosistemas costeros, incluyendo iniciativas para la recuperación de arrecifes coralinos.
Sin embargo, la sostenibilidad turística no debe limitarse únicamente al ámbito ambiental. También requiere fortalecer la participación de las comunidades locales para que puedan beneficiarse del desarrollo turístico sin perder su identidad cultural ni comprometer sus recursos naturales.
Finalmente, Delance invitó a ampliar la visión con la que se evalúa el éxito de la industria turística. A su juicio, además de medir la llegada de visitantes o la derrama económica, es necesario considerar indicadores relacionados con la conservación ambiental y el bienestar social.
“La rentabilidad del turismo no puede analizarse únicamente desde lo económico. También debemos valorar los beneficios que aportan los ecosistemas y las comunidades que forman parte de cada destino”.
Para el especialista, el futuro del turismo sostenible dependerá en gran medida de la capacidad de gobiernos, empresas y sociedad para proteger los recursos naturales que constituyen la base de la actividad turística y que permiten que millones de personas sigan disfrutando de los destinos alrededor del mundo.
Esta ponencia formó parte de las actividades académicas del III Foro Iberoamericano de Turismo realizado en San Pedro Sula, Honduras.

