Pancho Villa y Luz CorralPancho Villa junto a Luz Corral Fierro, reconocida como su única esposa.

Aquella tarde ella miraba el cielo buscando en las nubes el consuelo de sus presentimientos. La certeza la había perseguido desde hacía semanas. Sobresalto y temor la habían seguido como una sombra desde la última vez que habló con él. Hoy sabía que aquello era verdad, estaba muerto.

Recordaba su porte, gallardo andar y la voz recia con la que le escuchó la primera vez cuando apenas tenía 17 años en aquella trastienda, con el galopar de los caballos y gritos de los jinetes. En medio del bullicio resonó la voz de él, esa voz de gigante que la hizo detenerse y asomarse tímidamente para mirar aquella escena donde surgió imponente la figura de complexión fuerte, piel clara, bigote abundante, cabello castaño y esa mirada profunda que brotaba de los ojos verdes que parecían escudriñar cuerpo y alma. El hombre gritaba, mandaba, se reía, mientras ella sintió ese instinto por primera vez, instinto que la hizo seguir cada uno de sus gestos y movimientos, dibujándolos en su memoria como un pintor en su lienzo.

Posterior a ese día, se propuso averiguar cuándo regresaría este caballero, que bien podría ser su padre, pues doblaba su edad, pero eso no le impedía estar atenta a su llegada para, desde el mostrador de la tienda, hacerse notar y lograr hablar con él. Había escuchado entre la gente la fama tremenda del militar: que eran tantas las mujeres de su vida y tantas las que tenían hijos de él, porque fue solo de verlas con esa mirada perforante de sus hermosos ojos color de selva que las embarazó sin más encuentro; vaya susto, se decía; y después de persignarse tras escuchar semejantes afirmaciones, ella, por supuesto, lejos de alejarse de él, solo excitaba más su curiosidad y atracción. De tal suerte fue aquello que aquel mostrador de esa tienda se convirtió en la trinchera del tremendo ataque de sus coqueteos hacia el general, armada con aquella sonrisa aún infantil, pero pícara, esa mirada provocadora y permisiva, el rosado de sus mejillas cuando él la miraba y esa caída de ojos abanicando con sus pestañas los pensamientos indecibles. En fin, la conquista del general no tuvo tregua, el ataque fue brutal y frontal hasta que el estratega cayó aquel día que la besó por vez primera y que ella ahora recordaba y volvía a estremecerse, rememorando aquel aceitunado mirar, esos labios gruesos y esas manos toscas en su cintura.

Posterior a la caída del General vino la formalidad, sí, así fue, porque una vez tomada la plaza habría que poner la bandera propia y Lucecita recordaba cómo fue su victoria aquella tarde de domingo donde se formalizó en presencia de sus padres su noviazgo con el Centauro. Ahora recordando de frente al atardecer, una pequeña risa de orgullo le asomaba en el rostro.

Ella nunca negó el hecho de no ser la única, quizás aprendió a vivir con ello, quizá reconoció demasiada fuerza en este hombre que era como un vendaval que sería imposible saciar tanta pasión con un solo cuerpo o quizá simplemente lo aceptó tal cual era El General, porque así lo amó desde que lo conoció.

A la postre, ella sí sería la única, ya que Doroteo únicamente formalizó su unión tanto por la iglesia como por la vía civil con Luz, reconocida hasta la fecha como su única esposa.

Esta unión, además de carnal, fue una unión de elementos comparable con la fuerza del desierto que, teñidas de rojo sus arenas, al finalizar el día, parecen arder en pasión cielo y dunas, tal cual era Villa poseído de deseo y fuerza arrasadora como las llamas. Luz representa la presencia serena tal cual los cañones y barrancas de su tierra, donde se posan las nubes húmedas de arcoíris sobre aquella inmensidad silenciosa de relieves cobrizos. Estos protagonistas del amor son además la representación de uno de los lugares más carismáticos de nuestro país: Chihuahua.

«La Quinta Luz»: El Museo Histórico de la Revolución

De esta historia de vehemencia entre José Doroteo Arango (Pancho Villa) y quien fuera su única esposa, Luz Corral Fierro, es de donde surge uno de los lugares más reconocidos y recomendados para el turismo nacional e internacional en el estado de Chihuahua: La Quinta Luz. El inmueble fue construido aproximadamente entre los años 1905 y 1907. La primera dueña fue una mujer llamada Corina Coupulande, quien vendió la propiedad al caballero Nicolás Saldívar, quien hizo de este lugar su hogar y también lo utilizó como rastro. Tiempo después, cuando el General Villa llegó a la capital de Chihuahua, se interesó por la casa y la rentó haciendo además algunas remodelaciones como fueron las bardas del corralón, caballerizas, abrevadero y pesebre; tanto fue el gusto de Pancho Villa por esta propiedad que en 1911 fue comprada por el revolucionario, que para ese año ya era coronel y que pagó la cantidad de $6,000 pesos por la casa.

En el año de 1914, cuando ya era gobernador del estado de Chihuahua, Villa mandó a remodelar y ampliar la residencia, nombrándola Quinta Luz, en honor a su esposa Luz Corral.

La señora Luz Corral ocupó La Quinta desde 1920 a 1923, pero cuando el General Villa fue asesinado, se retiró de una parte de la casa y solo ocupó la parte izquierda; el resto la cerró; tiempo después decidió asignar el despacho y la sala de música para la exposición de objetos personales de su difunto esposo, y el resto de la quinta se rentó.

Este espacio destinado a compartir el acervo de su esposo, lo llamó “Museo División del Norte”. Años más adelante, en 1981, la señora Luz Corral donó el inmueble a la Secretaría de la Defensa Nacional (SEDENA), solicitando como única condición que siguiera funcionando como museo.

De manera formal, el Museo Histórico de la Revolución fue inaugurado el 17 de noviembre de 1982, convirtiéndose así en uno de los recintos culturales e históricos más importantes de nuestro país.

Hasta la fecha, «La Quinta» sigue funcionando como museo donde se puede disfrutar y conocer muchos de los objetos que pertenecieron al Centauro del Norte, tales como muebles, imágenes, armas, entre otros, muchos de los cuales son del periodo en que fue Gobernador de Chihuahua y nos relatan cómo era su hogar y modo de vida. Les dejo la dirección para que no olviden visitarlo en su próximo viaje a Chihuahua: Calle Décima, No. 3010, Colonia Santa Rosa, Chihuahua, Chihuahua.

Les recomiendo que cuando visiten el norte de nuestro país, conozcan el multifacético Chihuahua y visiten La luz para revivir esta historia de amor.

Referencias

  • Infobae. www.infobae.com. febrero 2024
  • Jesús Estrada, “Luz Corral resguardó por décadas y sin patrocinios el legado de Villa”, La Jornada, 17 de septiembre 2023.
  • Cruz, N. & Gutiérrez, R. (2021). Luz Corral y Pancho Villa: análisis de una fotografía. En Humanitas.
  • Corral, L. (1948). Pancho Villa en la intimidad. México: Centro Librero La Prensa.
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Por Azucena Barrera

🇲🇽 Médico especialista, profesor en la UNAM y animalista. Ha trabajado en radio y tv con temas médicos. Con especial gusto por la poesía.

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