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Ciclovía Manzanar
Ciclovía Manzanar - Malalcahuello / Imagen: Valentina Castro

Mi primer voluntariado: conectando con Malalcahuello

Primero que todo, ¿qué entendemos por voluntariado? ¿y qué objetivo tiene? Partiendo por el inicio, la definición de esta palabra significa realizar un trabajo de forma desinteresada bajo un propósito benéfico y/o altruista, aunque esto puede variar según el objetivo. Si bien no hay manera de especificar qué objetivos hay detrás de cada voluntariado, puedo manifestar el mío como conectar, conocer y aprender. Es decir, tener experiencia. 

Y quizás te preguntes cómo lo hice. 

Desde pequeña tuve una chispa de curiosidad, fui aquella niña que pregunta de todo y le gustaba escuchar a las personas. En un momento de mi vida conocí a quien fue y sigue siendo mi inspiración como espíritu: Miss Camila, mi profesora de Inglés y de vida. 

Un día de clases nos presentó una plataforma que nos motivaría a viajar de una forma alternativa y que siendo jóvenes, podríamos explorar el mundo de manera diferente a la tradicional. Esta se llama Worldpackers.

Worldpackers es un portal que brinda la opción de viajar de forma económica por el mundo. Este sitio web permite a los viajeros ofrecer diferentes habilidades a cierto anfitrión de alojamientos turísticos, restaurantes, ONG’s y mucho más, en compensación de alojamiento y otros beneficios, lo cual depende de cada oferta que puedas encontrar en el sitio web. 

En mi caso, me suscribí a la plataforma en plena pandemia acompañada de una amiga, y buscamos lugares dentro de nuestro país, Chile, para vivir nuestro primer voluntariado como un socorro al encierro sanitario. Dentro de la búsqueda, acertamos con un pequeño pueblo en la montaña llamado Malalcahuello (región de La Araucanía la Reserva Nacional Malalcahuello-Nalcas, Chile).

Luego de haber postulado como dúo, nos dedicamos a investigar de nuestro primer destino como voluntarias para saber qué nos esperaría. Entre esto abarcó una amplia búsqueda de información que involucraba el clima de montaña, actividades por realizar como voluntarias y turistas, lugares para conocer y mucho más.

Este lugar, que significa corral de caballos en mapudungún -lengua nativa del pueblo originario Mapuche- fue el lugar donde comenzó esta travesía por un tiempo establecido de dos semanas. El escenario nos dio la bienvenida con su exquisito paisaje araucano, donde destaca una extensa diversidad de flora y fauna debido a su ubicación geográfica, digno de ser eterno en nuestros recuerdos. 

Al llegar, ya sabía que sería una historia digna de contar. Cada día era una nueva aventura. 

El inicio corresponde a la presentación de cada persona (voluntarios, anfitrión y los recién llegados) y la charla de bienvenida: el momento de saber cuáles son las reglas, tareas y realizar preguntas sin miedo, ya que es algo nuevo y es válido tener dudas. Todo en armonía y simpatía.

A lo largo de nuestra estadía, nuestro anfitrión, Alex, nos hizo sentir parte de la comunidad local en cada actividad; es decir, conectamos con el lugar, la gente y sus costumbres.

A modo personal, esta experiencia fue el primer paso para salir de mi zona de confort en todo sentido.

Una vez tuvimos claro que las tareas eran sencillas y debíamos respetar nuestras horas de trabajo, el resto del día era para explorar.

La estadía se puede dividir en tres aspectos:

En primer lugar, el trabajo. Este trataba de mantenimiento, limpieza y creación de contenido.

Segundo, conocer a la gente. El pueblito tiene muchos personajes dignos de escuchar por sus increíbles historias y cada habitante te trata con la típica hospitalidad sureña, donde te hacen sentir como uno más de su comunidad y comparten contigo. En mi vivencia, estuve con gente de diferentes edades y cada una me entregó algún tipo de conocimiento, incluso me inspiraron a conocer mi propio espíritu. Uno de los momentos fue, al estar en Pata Choique, me enseñaron a esquiar, conversamos de la magia malalcahuina y tomamos un exquisito navegado, por cierto, pregunté la receta para volver a saborearlo y así poder recordar esos momentos. 

Mirador Pata Choique
Mirador Pata Choique.

Tercero y último, explorar el lugar y sus rincones mágicos. Como he mencionado, Malalcahuello es una villa en la montaña que está en medio de cuatro volcanes: Lonquimay, Tolhuaca, Llaima y Sierra Nevada, además de diferentes lagos y ríos. Visto como viajero, la cuna de la aventura, ¿no es así? 

El lugar tiene mil opciones para realizar actividades outdoor; aproveché de intentar esquiar por La Plancha y Pata Choique, hacer un sendero en Parque Conguillio y más. Fuera de eso, hay para escalar, rafting, cabalgatas, entre otros. Nunca se termina la aventura.

Parque Conguillio
Parque nacional Conguillío.

Finalizar esta travesía fue melancólico y reconfortante a la vez. Saber que terminaría mi tiempo allí pudo haber generado tristeza, pero los recuerdos y las enseñanzas son eternas y se aprecian. 

Si deseas aprender, conocer nuevos lugares (y lo que esto conlleva), generar experiencia o, como es mi caso, abrir tus alas a lugares desconocidos, te recomiendo totalmente comenzar el camino de voluntario. 

Si quieres conocer más, quédate atento para leer mis historias o sígueme en: instagram/valecastr__/

Agradezco al anfitrión y cada persona que estuvo en camino durante mi estadía, aprecio cada momento que me brindaron a su lado para abrir mi mente de manera que no hice antes. 

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Acerca de Valentina Castro Labrín

🇨🇱 Estudiante de Ingeniería en Turismo y Hotelería, Universidad Andrés Bello. Joven aspirante a crear un cambio en el turismo. "Estudiar turismo implica rescatar momentos y crear aventuras inolvidables, construir nuevas historias".