turismo portada excelsiorPortada del diario "Excélsior" del 23 de Mayo de 2020.

Hace unos días se realizó una reunión de la Comisión Nacional de Gobernadores de México (CONAGO) para discutir los efectos, en el turismo mundial y nacional, de la contingencia sanitaria ocasionada por el Coronavirus.

Hoy es noticia de primera plana y antes de que se enfríe entre las ofertas del Hot Sale o los datos que saturan nuestro universo mediático, quiero comentar sobre el tema. Antes debo resaltar 3 hechos fundamentales que, si bien no son el “hilo negro”, deben ser un tipo de credo para los involucrados en el turismo:

  1. La importancia del sector para la economía nacional.
  2. Fuente generadora de empleo.
  3. Actividad que aporta un importante monto por responsabilidades tributarias.

Cuando se habla sobre la importancia del turismo se dan “datos duros”, cifras y más cifras, ponderando los beneficios, pero también del impacto negativo socioeconómico y ambiental. Los indicadores más mencionados son divisas, empleo e impuestos, hoy ha quedado comprobado que más que retórica o teoría, el efecto multiplicador de las actividades turísticas es fundamental para el funcionamiento de las finanzas públicas, la esperanza de mejorar el bienestar humano, y gestionar la competitividad de las empresas.

Se dice que el pueblo mexicano es resiliente por naturaleza, o por tradición. Que sobrevive a la adversidad, sonriendo y haciendo memes. No lo niego, creo que no se trata de buena actitud sino de la manera sempiterna de estar con la espada sobre la cabeza o con el agua al cuello.

Por ello, a continuación, las recomendaciones mencionadas en el encabezado:

  1. Mejorar los procedimientos de higiene y sanitización en las instalaciones.
  2. Aplicar procedimientos efectivos para reciclar, reusar, reducir y recuperar – ya sea la grasa de la cocina, los blancos para descarte, residuos sólidos o, incluso, partes de los equipos mecánicos y electrónicos que serán sustituidos.
  3. Orientar el entorno hacia un ambiente más sano, ya sea menos contaminante, más armónico o con menor huella.
  4. Fortalecer la calidad del Capital Humano, con capacitación formal y para el trabajo, pero también en la cultura de la organización y en un concepto no por todos aplicado: La responsabilidad Social Empresarial.
  5. Promover la creación de asociaciones, fundaciones y grupos de voluntarios. Aún cuando se ha visto con suspicacia este tipo de actos por servir para otros fines diferentes al apoyo, solidaridad y altruismo, se ha comprobado que pueden funcionar como un efectivo gestor de apoyo a la comunidad.
  6. Trabajar en el proceso de sucesión de mandos medios y directivos, siempre ha sido una necesidad y exigencia, pero ahora debe incluirse un nuevo capítulo en esta aventura: La gestión de riesgos.
  7. La idiosincrasia del trabajador turístico y las características propias de la industria y estacionalidad generan una idea bipolar de “vacas flacas” y “vacas gordas” donde la segunda sirve para subsanar todas las carencias de la primera. Es el momento para que la empresa turística genere una filosofía de ahorro y administración de recursos entre sus colaboradores. Ahorro, eficiencia de gasto y planificación financiera son temas para considerar.
  8. Crear redes sinérgicas entre los sectores primario y terciario: productores agrícolas y pecuarios y las empresas turísticas, para crear canales de proveeduría interna efectivos y funcionales.
  9. Relacionada con el anterior, invertir en proyectos de riesgo compartido, en un esquema ganar – ganar y así, en caso de otra crisis – mayor o menor – tener la solidez de operar en un esquema de pequeñas células empresariales en beneficio de la comunidad.
  10. Oferta para turismo local + mercado interno: Recuperación paulatina pero constante. Las temporadas altas son deseables: Ocupación del 100 %, sin lugares disponibles, agendas llenas, vuelos saturados… una realidad pasada que tal vez no se vea pronto. Por ello hay que pensar en atender las necesidades de ocio, diversión, descanso y libertad que necesitamos todos, después de dos o tres meses de encierro, y de no gastar más que en lo necesario aun cuando, sin duda alguna, viajar o “pasear” sea una necesidad imperativa.

La “nueva normalidad”, que yo prefiero denominar una “nueva realidad”, requiere cambios inmediatos en nuestras estructuras de pensamiento y operación. Una evolución rápida y, seguramente, dolorosa, pero en circunstancias radicales como estas, es lo que puede garantizar la supervivencia de la empresa, del colaborador, y del sector en un mundo pos-pandemia.

Se ha criticado el carácter voraz del modelo de negocios turístico actual. Este es un momenta para sobrevivir, pero también para transformar lo que no aporta a un turismo responsable y sostenible.

Y para cerrar, escojan uno de los muchos refranes mexicanos que existen: “A río revuelto, ganancia de pescadores” o ¿prefieren “camarón que se duerme se lo lleva la corriente”?

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Por Marcos de Jesús Roldán

(México, D. F.). Profesor universitario y de bachillerato, vive en Baja California Sur desde 1985. Con estudios en Comercio Exterior y Administración de Negocios; viaja, escribe, lee y bebe café. No sabe estarse quieto pues afirma que viajar, más que una actividad, es un estilo de vida.

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