Una bella historia de recuerdos y olvidos: Don Hernando, el hombre de los barquitos

Don Hernando Ruiz.

Nacido y criado en la pequeña localidad de Carelmapu en la Región de Los Lagos, Chile, Don Hernando Ruiz Di Giorgio de 79 años, es un hombre de muy pocos recursos, que sólo se le ve comer galletas, empanadas u otras simples cosas. Hombre solitario y de pocas palabras, viudo (según relata), padre de 3 hijos, vive en el sector de Puerto Chico en Puerto Varas, hace aproximadamente 30 años.

A pesar de no ser “hombre de mar”, tiene mucha cercanía y vinculación con él. Vivió y creció muy cerca de pescadores observando cómo iban y venían de la pesca y de las mariscadas.

Luego de haberse operado un tumor cerebral hace más menos 25 años, que lo dejó prácticamente imposibilitado de trabajar normalmente, comenzó a recordar cómo eran las embarcaciones que muchas veces observó en su infancia (dentro de las pocas cosas que lograba recordar), y fue ahí que, aferrándose de algún modo a su pasado, comenzó a reconstruir a escala los barcos y botes de pesca, dedicándoles tanto amor y cariño, que los convierte en una réplica exacta. Incluso tal es su perfección que les colocó motor y velas para entregarles autonomía y pudiesen navegar por su propia cuenta.

Hoy ya con el paso del tiempo, éstos barquitos ya no pueden navegar por sí solos con sus pequeños motores, excepto uno, al que cariñosamente llama “La Gaviota”. Éste pequeño gigante de un llamativo blanco, lo hace gracias a las hermosas velas que posee, que de vez en cuando y sólo cuando don Hernando se siente a gusto, cómodo y en confianza, lo arroja al agua sosteniéndolo por un largo hilo de pescar para que deslumbre a los turistas y todas las personas que pasean por la costanera, en el muelle “Piedraplén”.

Barquito «La Gaviota».

Puede que por el tumor que tuvo, éste amable y humilde hombre no recuerde mucho de su vida o quizá es muy celoso de ello. Su triste mirada y lento hablar denotan un pasado doloroso, en el que seguramente él mismo bloquea los recuerdos que nadie más puede conocer y por supuesto tampoco yo pude descubrir.

Comenta que cuando comenzó a expandirse su tumor, fue perdiendo su memoria paulatinamente y sólo posterior a su operación, dentro de lo poco y nada que recuperó de su frágil memoria, fueron esos barcos que tanto admiró cuando era pequeño y es por esa razón su gran amor y dedicación al replicarlos. Un trabajo minucioso y altamente detallista que ha dado como fruto 15 bellos barquitos, de los cuales algunos salen de su hogar, y aunque parezca ilógico, ninguno de ellos es su favorito.

Según comentó, ha sido mantenido por su único hermano que hace algunos años tuvo un alto cargo político, “él siempre ha estado conmigo, en las buenas y las malas” indicó, pero a lo largo de la entrevista dejó entrever que esa ayuda que recibió fue sólo por su invalidez y por poco tiempo.

Éste amable hombre, vive con una pensión básica que le otorgaron producto de su condición, y por supuesto, de lo que las personas le dejan como aporte voluntario por admirar sus pequeñas obras, que dicho sea de paso no las vende por ningún motivo, por el gran cariño a sus recuerdos; quizás los únicos que posee de su lejana infancia, recuerdos que incluso tiene de los 4 años.

Don Hernando Ruiz.

Según planteó, nadie dentro de su círculo sabe hacer su trabajo (o al menos con ese nivel de detalle y perfección), por tanto hoy en día y aunque así quisiera, no puede enseñarlo para que de esa manera trascienda su legado. Ello se explica por sus claras limitaciones físicas y psicológicas, porque conforme a lo que él mismo dice, se enreda mucho entre ideas y palabras.

Siempre tiene a su lado un viejo y deteriorado álbum de fotos, en el que muestra todas sus bellas obras, junto a un recorte de diario de la única entrevista que tuvo hace muchos años, pero que exhibe orgullosamente con una tímida sonrisa.

Llegando la época de lluvias es muy difícil verlo, sino hasta el próximo verano en que nuevamente les muestre y cuente a las personas con esos bellos barquitos, su maravillosa y emotiva vida.

Don Hernando, un hombre humilde, con una mirada en que es posible detectar el brillo en sus cansados ojos recordando con nostalgia lo que guarda sólo para él. Sus anhelos y sueños son únicamente tener siempre a su lado sus pequeños barcos, ya que está seguro que cuando ya no esté en éste mundo, se dañarán irremediablemente con el tiempo porque nadie los atesorará tan bien como él.

Caminar, estar vivo, solitario y con una desteñida sombrilla para el sol, con eso le basta, ni más ni menos….él, así tal cual es FELIZ.

Cristian Navarro Castro: Diplomado en Periodismo / Mención Turismo. Director en la representación por Chile de la Organización Mundial de Periodismo Turístico OMPT. Editor, Redactor Freelance.
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