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Turismo se oficializó como una carrera profesional desde el lejano 1956 cuando la Universidad Autónoma del Estado de México creó la licenciatura en turismo, siendo la primera en su tipo en todo el mundo; desde entonces esta opción de estudios profesionales se ha diversificado de una manera impresionante, pues en nuestros días es posible encontrar un número considerable de propuestas educativas en nivel tanto técnico como en licenciatura que van desde enfoques emergentes: tal es el caso de la licenciatura en Administración del Turismo Sostenible que se oferta en la Universidad Tecnológica de Pereira en Colombia. Enfoques que conjuntan la parte administrativa-hotelera con el de la investigación como es el caso de la licenciatura en turismo y hotelería en la Universidad Católica de Santa María en Perú y hasta enfoques que se dirigen al futuro desarrollo del campo como la licenciatura en turismo rural en la Universidad de la Sierra en Sonora, México.

Estos sólo son una pequeñísima prueba de que en Latinoamérica existen un sinfín de posibilidades para estudiar turismo en institutos, tecnológicos, politécnicos y universidades pero, si es así, entonces ¿Por qué es mal visto estudiar turismo? ¿Por qué se menosprecia la carrera a comparación a otras? ¿Quién es el culpable?

Es importante comenzar analizando el sentido real y útil que tiene la universidad como función en nuestros sistemas sociales ya que ir a la universidad no necesariamente hace universitario al sujeto, la educación universitaria tiene la función de abrir la mente, de pulir el talento humano hasta el punto de convertirlo en un generador de beneficios para la sociedad por medio de sus aportes; en resumen, los estudios profesionales se componen de una metamorfosis intelectual. Y precisamente en este sentido existen carreras que exigen una evolución mental si es que el estudiante se quiere titular y pretende tener éxito en el mundo laboral; lamentablemente el estudiar turismo no es así, pues es una carrera que consiente mucho, puedes esforzarte sólo lo necesario para pasar y listo.

También la cercanía con el ambiente hotelero muchas veces crea un espíritu conformista y cómodo que más de una vez desplaza sectores como el de la investigación que parece olvidada por los estudiantes.

Todo esto genera un verdadero reto para aquel que realmente desea involucrarse en la complejidad de la actividad turística, donde antes de ver el sentido económico y superficial, es necesario entender el sentido humano del turismo, no todo son estadísticas sobre la generación de empleos o la cantidad de dinero que entra por medio de esta actividad, también los impactos socioculturales, los fenómenos sociales y el manejo de los recursos necesitan la atención no solamente de investigadores de ciencias cercanas al turismo, sino de los mismos estudiantes de esta área que deberían de ser los verdaderos expertos.

No hay escuela o maestro que pueda injerir en cambiar la actitud del estudiante de turismo más que él mismo. Cuando se logre esto, los resultados se verán reflejados en las gestiones y organizaciones turísticas de nuestra Latinoamérica.

Es hora cambiar de mentalidad que se tiene del turismo por medio de hechos que abran una nueva y correcta perspectiva sobre todo lo que el turismo puede dar tanto al turista como a la ciencia.

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Por Arturo Escobedo

🇲🇽 Profesional en turismo especializado en gestión cultural, sustentabilidad y social media con proyectos realizados en México, Perú y Colombia.

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