En la última década, el ecosistema del turismo ha experimentado una transformación profunda y constante. Hemos pasado de una etapa de acceso limitado a la información, donde el agente de viajes era el principal custodio de destinos y tarifas, a una era caracterizada por la infoxicación, término acuñado por Alfons Cornella que refiere al exceso de información (information overload) que supera la capacidad humana de procesamiento, dificultando la toma de decisiones estratégicas.
Según los lineamientos de la Organización Mundial del Turismo en el 2023 (hoy ONU Turismo) sobre transformación digital, el sector se enfrenta hoy a un viajero altamente informado, pero a la vez fragmentado ante la sobreabundancia de datos. En este escenario, el profesional del sector debe evolucionar de un rol meramente administrativo a uno de curaduría de experiencias.
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El nuevo perfil del turista: Entre la autonomía y la saturación
Estudios sobre el perfil del viajero pospandemia (ONU Turismo, 2022) destacan que el turista contemporáneo actúa como un «prosumidor»: consume y produce información de manera simultánea. Sin embargo, esta autonomía digital ha generado una paradoja en la toma de decisiones. El exceso de estímulos en plataformas de descubrimiento visual y buscadores especializados bombardea al usuario con opciones que, con frecuencia, carecen de validación técnica o respaldo profesional.
La planificación de un viaje hoy se ve afectada por la denominada «fatiga de decisión». Aquí es donde el concepto de curaduría, adaptado de ámbitos como el arte y la museología, adquiere una relevancia estratégica. Se trata de la capacidad profesional de seleccionar, organizar y dar sentido a la información para aportar un valor que los algoritmos, por sí solos, no pueden generar.
La curaduría como respuesta a la demanda de personalización
La agenda global del turismo señala que la personalización y la sostenibilidad son pilares fundamentales para la competitividad actual. Para quienes cuentan con experiencia en agencias de viajes y la comercialización de destinos, la curaduría no se limita a elegir un servicio de un catálogo; consiste en validar que cada propuesta se alinee con la identidad del viajero, filtrando el ruido informativo y garantizando la calidad de la experiencia en el territorio.
La transformación digital no debe entenderse únicamente como la adopción de nuevas herramientas, sino como un cambio de paradigma: transitar desde un modelo de despacho de productos hacia uno de diseño de itinerarios con propósito. Al aplicar criterios profesionales de selección, el agente de viajes y el gestor transforman un destino genérico en una experiencia con valor diferencial, devolviendo la seguridad y la confianza técnica al proceso de planificación.
El factor humano frente a la inteligencia de datos
Aunque los modelos de inteligencia de datos pueden procesar grandes volúmenes de información para sugerir destinos basados en patrones históricos, carecen de la capacidad de síntesis crítica, ética y empatía que define a la curaduría humana. El valor diferencial del profesional del sector reside en su capacidad de validación. La facultad de discernir qué experiencias son genuinas y seguras es el activo más valioso que un experto puede ofrecer en un mercado saturado de contenidos efímeros.
El futuro del sector no pertenece a quienes mejor gestionen transacciones, sino a quienes mejor sepan interpretar la abundancia de información para convertirla en conocimiento útil. La curaduría de contenidos es el puente necesario entre la tecnología y la sensibilidad profesional. En un mundo hiperconectado, fortalecer el rol del profesional como estratega y facilitador es fundamental para garantizar un desarrollo turístico más consciente, organizado y humano.
Bibliografía
- Organización Mundial del Turismo (2022). Informe sobre las tendencias turísticas internacionales: El nuevo perfil del viajero pospandemia. Madrid, España.
- Organización Mundial del Turismo (2023). Directrices sobre la transformación digital en el sector turístico. ONU Turismo.

