Machu Picchu en blanco y negro"Durante el 2020, Machu Picchu mantuvo sus puertas cerradas y cuando las abrió, lo hizo con una carga turística reducida y en horarios diferentes para mantener el distanciamiento social."

Si importar si estudiamos Administración en Turismo, Gerencia de Servicios Hoteleros, Gastronomía o cualquier otra carrera, siempre escuchamos que el turismo es una actividad económica, social y ambiental que abre las puertas a muchas oportunidades: que supuestamente «lleva el país al mundo y trae el mundo al país», que incrementa el porcentaje de divisas y que es un generador de empleabilidad, entre otras promesas que a veces aterrizan exitosamente y otras no caen sobre tierra fértil.

El viajar en avión en primera clase a Turquía o a cualquier otro destino del mundo, tomar un café en un barrio bohemio en Argentina o disfrutar de la gastronomía mexicana, entre otras actividades comunes en un viaje o excursión a algún lugar y que son parte inherente del turismo, son considerados de tercera necesidad, esto quiere decir que no son indispensables para la existencia humana, como sí lo son comprar alimentos básicos o tener acceso a la salud. Esta característica hace que el turismo sea dependiente de factores externos que alteran la planificación de una empresa, región o país y que muchas veces no se pueden prever ni controlar.

La pandemia del 2020: conflicto de salud pública

El turismo genera oportunidades para diferentes comunidades, regiones y países, sin embargo, es muy dependiente de fenómenos ajenos a él y de otros sectores. El mejor ejemplo es la pandemia mundial del 2020 debido a la aparición del COVID-19. Dicho virus paralizó toda actividad humana, cerrando fronteras y generando el quiebre de muchas empresas y pequeños emprendedores. Con esta catástrofe, el turismo tuvo que luchar contra un enemigo que no se podía ver ni tocar, fue el primer sector en el globo terráqueo en verse afectado y el último en recuperarse, especialmente en países del tercer mundo, y evidentemente Perú estaba en la lista.

El Perú siempre ha sido y es conocido por Machu Picchu, una de las siete maravillas del mundo moderno. Siempre cultural, hipnótica y mística: esta es el principal motor de turistas internacionales para conocer el país. Durante el 2020, Machu Picchu mantuvo sus puertas cerradas, hasta que en diciembre del mismo año las abrió con una carga turística reducida y en horarios diferentes para mantener el distanciamiento social.

El mismo panorama se fue evidenciando en diferentes lugares y atractivos turísticos del planeta. Mientras que otros sectores como la educación y la agricultura jamás detuvieron sus actividades, el turismo estuvo de luto durante casi un año. El sector educación sobrevivió con clases a distancia y el sector de agricultura sobresalió abasteciendo a todo el mundo y tratando de minimizar el aumento de hambruna generada por los altos índices de desempleo de ese año.

Conflictos políticos y sociales

Casos como las guerras y/o conflictos sociales en paises como Ucrania, Myanmar, Armenia y Nicaragua son ejemplos claros de cómo el turismo se ha visto paralizado por factores externos. Otro virus que la existencia humana viene arrastrando desde épocas arcaicas: las guerras.

Diferentes destinos se han visto obligados a retirar los viajes de su palestra, prefiriendo salvaguardar vidas humanas por diferentes conflictos políticos y sociales. El brazo derecho del turismo, la hotelería, también se ve gravemente afectada ante la reducción de reservas, cancelaciones y/o devoluciones, ya que la paralización o bloqueo de carreteras, puertos, terrapuertos y aeropuertos, inmoviliza el desplazamiento de turistas y residentes.

La búsqueda de soluciones

La principal consecuencia en contextos complicados como el de Perú, Armenia, Myanmar, Ucrania, entre otros, es la inclinación del turista por buscar otros destinos y descartar visitar atractivos turísticos que eran primera opción. Debido a que los operadores turísticos internacionales tienen una fuerte influencia en la decisión de viaje del turista y siempre buscan el bienestar y el ofrecer una buena experiencia al visitante, terminan recomendando otros destinos que no presenten un peligro para el turismo. Adicionalmente a ello, debido al panorama incierto que existe ante un conflicto social, los inversionistas extranjeros la piensan dos veces antes de apostar su dinero en tierras que no darán los frutos que ellos esperan.

Esperemos que las estrategias de recuperación económica en turismo frente a fenómenos sociales negativos sean bien planeadas y articuladas para tratar de recuperar las divisas pérdidas y ofrecer una experiencia positiva, gratificante y regeneradora al turista, que es lo que necesitan luego de varios años de recesión económica y panoramas sociales muy inciertos.

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Por Christian Gerard Guillen Guerrero

🇵🇪 Licenciado en Administración de Turismo y Hotelería y profesor de inglés. Apasionado por los viajes, los animales, los idiomas, la lectura y el conocimiento en general.

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