El turismo en los tiempos de Maduro y Trump

Al buen entendedor, pocas palabras, así solía decir mi abuela cuando no se necesitaba dar una explicación adicional para entender el contexto de una situación; lo que aconteció en Venezuela la madrugada del pasado 3 de enero deja muy en claro el panorama de la geopolítica en la actualidad, con una inestabilidad política que pareciera estar siempre al filo de algún conflicto bélico en un mundo donde superpotencias como Estados Unidos, Rusia y China se pelean por obtener a toda costa recursos naturales importantes para su economía, como el petróleo, gas o litio.

Sin embargo, más allá del análisis político que se escucha y lee por todas partes, sería interesante por un momento detenerse a pensar en las consecuencias que va a dejar la reciente intervención militar norteamericana en sectores socioeconómicos como el turismo. Una actividad tan relevante a nivel mundial debería tener un lugar en la conversación.

Para darnos una idea del peso y relevancia del turismo, se deben considerar los 371 millones de puestos de trabajo que generó en todo el mundo durante el 2025, según la proyección del Consejo Mundial de Viajes y Turismo (WTTC), y, por supuesto, los alrededor de 1,500 millones de turistas que ONU Turismo calcula viajaron por todo el orbe durante el mismo año, cifras que se esperan oficializar próximamente.

No obstante, cuando se habla de turismo, también se debe tomar en consideración su valor cualitativo, esas características que no se pueden medir con números ni estadísticas, pero que le otorgan un significado importante. Particularmente, como profesional en el área, tengo la convicción de que, por medio de los viajes y el turismo, una persona puede encontrar lo mejor de sí misma.

A pesar de la fuerza e importancia subrayada en los dos párrafos anteriores, de manera dicotómica, el turismo es una actividad sumamente frágil, siempre a merced de contextos económicos, políticos y climáticos. Si se pudiera englobar en una sola palabra el contexto internacional actual, propondría la palabra “heterogéneo” por el simple hecho de que las distancias y diferencias entre países desarrollados y emergentes cada vez son más marcadas, creando un escenario totalmente contrario al de unidad mundial que se proclamó a inicios del siglo por la Organización de las Naciones Unidas.

Los efectos derivados del arresto o secuestro del dictador Nicolás Maduro (como usted le guste llamar) no hacen más que dificultar la actividad turística en Latinoamérica, pues han polarizado una región que hace no más de una década se distinguía del resto del mundo por su neutralidad y fácil tránsito.

Entre las consecuencias más visibles, figura que en el sector turismo venezolano existe un ambiente de duda y cautela, puesto que las operadoras de turismo y las cadenas hoteleras, como es el caso de la firma española Meliá, miran con incertidumbre el vacío de gobierno, lo que compromete la seguridad de sus clientes; no por nada se han creado alertas de viaje para no visitar Venezuela por algunos gobiernos como el de Rusia. Además del cierre del espacio aéreo de ese país, derivó en cientos de cancelaciones de vuelos, afectando decenas de itinerarios de viajes, dejando pérdidas económicas que todavía no se han calculado, pero que seguramente tendrán cifras altas.

En países cercanos se vislumbran problemáticas como la desaceleración masiva de recepción de turistas internacionales en destinos como México, Jamaica, Bahamas y Puerto Rico para principios de este 2026 dentro de la temporada alta de vacaciones de fin de año. Seguramente a lo largo del año se presentará alguna evaluación que nos muestre los daños cuantificables que tendrá en el sector turismo a nivel nacional e internacional.

Parece que el conflicto entre Maduro y Trump quedará enmarcado en la historia por ser la cúspide de una fragmentación continental sin precedentes en tiempos recientes, una época en la cual las fronteras se cierran cada vez más. Como bien diría Boaventura de Sousa Santos, «todo está en crisis menos la crisis”.

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Por Arturo Escobedo

🇲🇽 Redactor y asesor editorial, estudiante de posgrado con beca CONAHCYT en la Universidad Nacional de Cuyo, Argentina. Licenciado en Turismo por la UAEMéx y Gestor Cultural por la Universidad del Claustro de Sor Juana, con proyectos realizados en México, Perú y Colombia.

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