Las mujeres que viajan solas ya representan entre el 65 % y el 84 % del total de viajeros en solitario. Las motivaciones pueden ser muchas y diversas —independencia, autoconocimiento, necesidad de desconectar—, pero hay una pregunta que conviene hacerse: ¿sabemos elegir el destino?
La realidad es que viajar sola no es lo mismo para un hombre que para una mujer. No todos los países te tratan como turista; algunos te leen como mujer antes que como viajera. Y esa diferencia, aunque incómoda, condiciona la experiencia.
Inevitablemente, hay países que, a priori, suelen considerarse más seguros: Japón, Islandia, Canadá, Portugal o Nueva Zelanda. Sin embargo, la BBC publicaba hace escasos días una lista con los cinco países más seguros para mujeres que viajan solas: Costa Rica, Uruguay, Estonia, Noruega y Vietnam. La reacción no se hizo esperar. Muchos costarricenses cuestionaron esa percepción, señalando que el país es hoy menos seguro que hace unos años.
De los destinos mencionados, solo puedo opinar sobre Estonia y, efectivamente, volvería incluso sola. A esa lista añadiría, sin lugar a dudas, China: de todos los países que he visitado, es uno de los que mayor sensación de seguridad me ha transmitido viajando sola.
Pero, ¿qué tenemos en cuenta a la hora de elegir? Transporte fiable, baja tasa de criminalidad, cultura de respeto y espacio personal, facilidad de desplazamiento… Como española, también recomendaría España, al igual que otros países europeos. Aunque conviene no olvidar algo esencial: la seguridad no es uniforme. Puedes sentirte tranquila en una ciudad y vulnerable en la siguiente parada del mismo país. Lo he experimentado en primera persona.
También existen destinos que, directamente, no pueden contemplarse: Afganistán, Siria, Yemen o Sudán. Y otros que exigen especial precaución, como Arabia Saudita, Irán o Pakistán, donde las normas de vestimenta, la menor libertad de movimiento o la atención no deseada forman parte del contexto. En algunos lugares, el acoso en espacios públicos sigue siendo una constante.
Viajar sola no es solo hacer una maleta; es prepararse emocional y culturalmente. Es aprender a escuchar la intuición, distinguir entre sentirse segura y estarlo, ser consciente del privilegio del pasaporte —no es lo mismo ser europea— y observar cómo tu comportamiento cambia casi sin darte cuenta: la ropa, los horarios, la actitud.
Hay una viajera madrileña a la que sigo de cerca, @birkin_and_backpack, que documenta con honestidad su experiencia recorriendo el mundo en solitario. Su mirada, como la de tantas otras mujeres, ayuda a construir una narrativa más realista del viaje.
Viajar sola no va de no tener miedo, sino de aprender a leer el mundo con otros ojos. Y, a veces, también de aceptar que no todos los lugares están preparados para leerte como libre.
