Turismo de proximidadImagen únicamente ilustrativa. Hecha con inteligencia artificial.

El turismo vive uno de sus periodos de mayor movimiento, pero también enfrenta el reto de replantear la forma en que se viaja y las motivaciones detrás de cada desplazamiento. En un contexto de cambios económicos, sociales y ambientales, el turismo de proximidad se consolida como una alternativa que no solo responde a la coyuntura, sino que abre la puerta a modelos turísticos más equilibrados, conscientes y conectados con los territorios.

En los últimos años se observa una transformación progresiva en los hábitos de viaje. Cada vez más personas optan por desplazamientos cortos, escapadas regionales o experiencias cercanas al lugar de residencia.

Este cambio responde a múltiples factores: el aumento del coste de vida, la necesidad de conciliar tiempos personales y laborales, el deseo de pausa, encuentro y significado, una mayor sensibilidad ambiental y, sobre todo, una nueva valoración del tiempo.

Turismo de proximidad: más allá del “plan B”

Durante mucho tiempo, el turismo local o regional fue percibido como una alternativa secundaria frente al viaje internacional. El turismo de proximidad no es un sustituto de menor valor, sino una tipología con lógicas propias, capaz de generar impactos positivos cuando se planifica y gestiona adecuadamente.

Hablamos de viajes breves, accesibles, recurrentes y profundamente vinculados al territorio. Escapadas de dos días, visitas a pueblos cercanos, rutas gastronómicas, celebraciones tradicionales, ferias artesanales o actividades en la naturaleza forman parte de un turismo que prioriza la experiencia cotidiana frente al consumo acelerado. Esta propuesta adquiere un valor especial al activar tradiciones, memorias colectivas y economías locales que no siempre están en el centro del mapa turístico.

Tradición, identidad y economía local

Uno de los grandes aportes del turismo de proximidad es su capacidad para dinamizar territorios que quedan fuera de los grandes circuitos turísticos. Mercados, festividades religiosas, conciertos comunitarios o celebraciones populares atraen a visitantes cercanos que comparten códigos culturales similares y establecen una relación más horizontal con el destino.

Este tipo de turismo beneficia de forma directa al comercio local, a pequeños productores, a la gastronomía regional y al tejido asociativo. Genera ingresos, refuerza el orgullo identitario y contribuye a mantener vivas tradiciones que forman parte del patrimonio cultural inmaterial. A diferencia de modelos extractivos, el turismo de proximidad tiende a redistribuir el valor económico de manera más equilibrada en el territorio.

Sostenibilidad: duración, distancia y forma de viajar

Hablar de turismo de proximidad implica también revisar algunos lugares comunes del discurso sobre sostenibilidad. Uno de ellos es la idea de que las estancias largas son siempre más sostenibles. Si bien esta afirmación es válida en el caso de los viajes de larga distancia, donde prolongar la estancia ayuda a amortiguar el impacto del transporte, no se aplica de la misma manera al turismo cercano.

En los viajes de proximidad, el impacto ambiental y social depende menos del número de noches y más de otros factores: la frecuencia de los desplazamientos, el tipo de movilidad utilizada, la concentración de visitantes en determinados momentos y la capacidad del territorio para absorber esa demanda. Escapadas cortas pueden ser compatibles con modelos sostenibles si se realizan a corta distancia, con transporte colectivo o compartido, y sin generar saturación recurrente.

En este contexto, la sostenibilidad no pasa tanto por “quedarse más tiempo” como por viajar mejor. Elegir destinos cercanos, diversificar flujos, consumir productos locales y respetar los ritmos del lugar son decisiones que, acumuladas, tienen un impacto significativo.

El papel de la gestión y las políticas públicas

Para que el turismo de proximidad despliegue todo su potencial, no basta con la voluntad del viajero. Es necesaria una planificación territorial que coordine turismo, cultura, movilidad y comercio, especialmente en los periodos vacacionales de alta demanda. La programación cultural descentralizada, la mejora del transporte regional y el apoyo a iniciativas comunitarias son elementos clave para evitar la saturación y garantizar experiencias de calidad.

La sostenibilidad, en este sentido, no puede reducirse a una etiqueta. Requiere datos, diálogo con la comunidad local y una gobernanza que priorice el bienestar del territorio por encima del crecimiento indiscriminado.

Viajar cerca como elección consciente

Más allá de cifras y estrategias, el turismo de proximidad plantea una reflexión de fondo: qué tipo de relación queremos construir con los lugares que visitamos. Viajar cerca permite mirar con otros ojos lo que creemos conocer, redescubrir paisajes cotidianos y reconocer el valor cultural, social y emocional de lo próximo.

Elegir destinos cercanos no es renunciar al viaje, sino resignificarlo. Tal vez la pregunta no sea “¿a dónde ir?”, sino “¿cómo queremos estar?”. Y en esa respuesta, el turismo de proximidad se perfila como una herramienta poderosa para construir destinos más equilibrados, humanos y coherentes con los valores que decimos celebrar.

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Por Vanessa Abad Digón

🇪🇸 Profesional de la comunicación con experiencia en comunicación institucional, estratégica y digital. Trabajo en la construcción de mensajes claros, coherentes y con propósito, poniendo a las personas en el centro. Me mueven la escucha, el pensamiento crítico y la comunicación como herramienta de vínculo, confianza y transformación.

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