Viajeros aeropuerto

Desde el comienzo de los tiempos, el ser humano se desplaza de un lugar a otro por distintas motivaciones, desde la necesidad por encontrar alimentos hasta la búsqueda de experiencias en una cultura distinta, o bien, simplemente para tomar un descanso de su vida habitual. Podríamos decir que es gracias al turismo que cada día tengamos mayores facilidades para desplazarnos a través de una combinación de servicios que le proporciona al turista una calidad en su estadía, acorde a sus posibilidades. 

El masivo movimiento que genera la actividad entre los distintos destinos, debe o al menos debería contar con una previa planificación por parte de los organismos involucrados en el sector turístico para que pueden llevar un mejor control de la demanda turística, previniendo un turismo irresponsable y un uso desigual de los recursos económicos, políticos, medioambientales y sociales. Pero realmente, ¿el turismo es una actividad que se anticipa a los problemas?

En lo que va del siglo XXI el turismo ha enfrentado grandes cambios, entre ellos, trágicos hechos. A principios de siglo nos encontramos con unas de las catástrofes que dejó un antes y un después en la historia del turismo: los atentados sufrido el 11 de septiembre del 2001, donde el mundo tuvo la mirada puesta en los Estados Unidos, luego de que aviones comerciales fueron secuestrados en manos de terroristas, y dos de ellos se estrellaran sobre el centro financiero más importante, en la ciudad de Nueva York. Esta tragedia repercutió directamente en el turismo, produciendo un cambio fundamental en la seguridad de la actividad y en el comportamiento de los turistas, quienes por temor a que suceda algo similar, optaron por no utilizar este medio de transporte, produciendo una crisis en las compañías áreas, obligándolas a realizar un masivo despido de empleados para afrontar la situación, dada la desconfianza de la seguridad en el medio aéreo. 

Previamente existieron antecedentes de atentados en que los aviones fueron el blanco, como el caso del atentado de Lockerbie, Reino Unido en 1988, dónde 259 pasajeros del vuelo 103 de Pan Am y 11 personas que se encontraban en tierra, fallecieron debido a la detonación causada por explosivos plásticos que se encontraban camuflados en un reproductor de casetes guardado en el equipaje de un pasajero. 

Luego del trágico hecho del 11S (11 de Septiembre), se modificó la seguridad en los aeropuertos de Estados Unidos. Se dejó en manos de los federales el control de seguridad de los pasajeros, cruzando información conjuntamente con el FBI para tener una mayor base de datos de posibles personas peligrosas; también se obligó al total de los pasajeros a pasar sus equipajes previamente registrados por un escáner o control manual y no de forma aleatoria cada 20 personas como era antiguamente.

Otro cambio de seguridad que se implementó, fue la restricción de elementos permitidos en los equipajes de mano, que con anterioridad sólo estaban prohibido de una forma genérica; esto se prestó a confusión y no se respetó el listado que está a la vista en los aeropuertos y billetes de avión. Con el tiempo, estas medidas fueron adoptadas por todos los aeropuertos del mundo.

¿Pero estos cambios podrían haberse anticipado? Si en España algunos de estos protocolos de seguridad ya se implementaban con anterioridad (como el caso del control de equipaje), ¿por qué no fue adoptada esta medida en todos los aeropuertos?

Por si el atentado a las torres gemelas no fuera suficiente como un hecho que modificó la forma de viajar durante el siglo XXI, el síndrome respiratorio agudo SARSCoV2, COVID-19, que ha paralizado por completo las economías y la actividad turística a lo largo y ancho de todo el mundo, demuestra que existen lagunas en protocolos de seguridad en la actividad.

En la actualidad y desde hace más de un año, las autoridades gubernamentales se encuentran en una batalla frente al coronavirus que está afectando a diversos países y sobre todo a Latinoamérica, lo que nos lleva a preguntarnos, ¿era posible frenar la expansión del virus?

“En el año 2003 la provincia de Guangdong (China), el virus de SARS viajó con el ser humano a 30 países y zonas del mundo, pero anidó profundamente sólo en seis. En todas éstas, la pauta de transmisión fue la misma: un caso de SARS importado y hospitalizado infectó al personal de salud y a otros pacientes, éstos, a su vez, infectaron a las personas con quienes habían estado en contacto estrecho, y la enfermedad acabó propagándose a la comunidad”, se menciona en un artículo de la OMS.

¿Cómo es posible que luego del antecedente del SARS, el turismo no haya sido lo suficientemente precavido para anteponerse a la situación e implementar nuevos protocolos para viajes y turismo que hayan contribuido al control de la pandemia?

A pesar de contar con un antecedente similar, que si bien fue a una escala menor, no es hasta en la actualidad que la Organización Mundial del Turismo (OMT) busca establecer protocolos de viajes que puedan garantizar el refuerzo de la seguridad de los pasajeros mediante un nuevo Comité Mundial de Crisis para el Turismo, quienes estarán a cargo de la creación de protocolos comunes de seguridad para aumentar la confianza en los viajes internacionales.

Luego de revisar estos hechos históricos que han transformado la manera de viajar y que contienen un antecedente que repite una serie de patrones similares, es necesario plantearnos si el turismo es capaz de anticiparse a las crisis mundiales o sólo busca darles solución una vez inmersos en el problema. Aún más, el sector turístico no sólo debe empezar a plantearse esta problemática, sino tomar el timón e involucrarse activamente en los debates en torno a las restricciones y medidas sanitarias y de seguridad que se deparan para esta nueva realidad, buscando anteponerse a las adversidades y diseñando proactivamente nuevos y efectivos modelos de turismo.

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Por Nicolás Lozano

🇦🇷 Joven curioso y apasionado por el contacto con los turistas principalmente internacionales. En mi paso por la universidad comprendí que el turismo va más allá de un simple desplazamiento, y que cuenta con la habilidad de cambiar economías y de unir naciones. El turismo cambia a las personas y las hace mejores.

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