La puerta en el bosque de los muertosLa puerta es la figura más conocida del Bosque de los Monstruos (Bomarzo, Italia).

“”Soñé que estaba en un parque rocoso, poblado de enormes esculturas y, aunque los demás temían al ejercito fantasmal, yo las amaba, porque solo rodeado de ellas podría seguir viviendo, viviendo, viviendo eternamente”.  

Debe de haber pocos lugares donde realidad y ficción son una. Donde la memorabilia está dada por un pasado olvidado entre las neblinas del tiempo y relatada por alguien que, en alguna vida fue un anillo con forma de escarabajo, y en otra, la que nos ocupa, un duque del renacimiento italiano. El lugar en particular que atrae y repele a la vez es Bomarzo. Antigua ciudad, de orígenes etruscos, al menos eso nos dice la voz que relata esta historia, distante a 70 kilómetros al norte de Roma. Allí existe un sitio destinado a la perpetuidad, pero olvidado durante 400 años. Un espacio reservado solo a aquellas almas que se atreven a verse a sí mismas tal cual son en realidad. La agreste naturaleza rodea impiadosa a la añeja ciudadela, la vegetación y los arroyos serpenteantes, ocultan y discurren, cada uno en sus formas, por este parque, este Sacro Bosque de los Monstruos. Fue hacia 1552 que la zona cercana a Viterbo se convirtió en leyenda. Habitan el parque, “titánicas construcciones que esclavizan y transfiguran a la naturaleza. Empinan las criaturas infinitas, atlantes que hunden su rostros de piedra en las nubes”.

Para visitar Bomarzo y su famoso parque de piedra, es necesario dejar los preconceptos, de todo tipo, en el hotel. Aquí, nuestro anfitrión, al darnos la bienvenida, sostiene que “el surrealismo de mi creación, que provoca el pavor de los maestros de esa escuela como Dalí, debe buscarse en fuentes telúricas como la que provee la tradición etrusca. Uno y otro, al propio y el del siglo XX, inician, cada uno, una revolución en el arte. Mis estatuas representan un mundo estético nuevo, más libre”.

La visita la conduce  el duque Pier Francesco Orsini, conocido como Vicino Orsini, o su fantasma, o su recuerdo, ya veremos, propietario de aquellas tierras a mediados del siglo XVI. La historia oficial dice que, tras la muerte de su esposa, Julia de Farnesio, el duque cayó en una profunda depresión, que lo llevó a dar origen a este excéntrico proyecto escultórico. Recuerden, aquí realidad, historia es lo mismo que literatura, fantasía. Dos esfinges flanquean la entrada, dando la bienvenida al turista, despidiendo las estructuras.

A lo largo del sendero, los rostros de Jano, Hécate, Saturno y Fauno siguen con la mirada firme los pasos temerosos. De repente, una cabeza con las fauces abiertas, sorprende. Se halla adornada con espumeantes olas de mar, rodeada de una aureola de mariposas y sobre su cabeza soporta una esfera sobre un espiralado dibujo. “Desde muchacho, pugnaba por escapar. Soñaba que estaba en un parque rocoso, poblado de inmensas esculturas, monstruos imponentes que me protegían”, dirá Vicino al toparnos con un gigante (Hércules) descuartizando a Caco. Es la lucha entre el bien y el mal. En lo moral, representa la victoria sobre uno mismo. «Si Rodas estuvo orgullosa de su coloso, mi bosque también será glorioso, que no es motivo de un orgullo menor», agrega con la frente en alta y ocultando la espalda, el príncipe.

Un poco más allá, la Casa Inclinada; construida sobre una piedra, es imposible de habitar físicamente, solo el espíritu puede descansar entre el vértigo de no sentir la horizontalidad impuesta por los sentidos. Una vez superado el desequilibrio, la Fuente de la Sabiduría es custodiada por Neptuno. “La fuente no se da a quien guarda en jaulas a las fieras más terribles” y Orsini deja la interpretación libre a cada ser. Es apenas breve el trecho recorrido, cuando un gigantesco Elefante sobresale imponente y sujetando con su trompa el cuerpo rendido de un legionario. El paquidermo es Anonne, “el elefante de Abul, ya no quedan casi rastros de la figura del propio Abul, roída por el tiempo, que se yergue sobre la testa. En cambio a quien se distingue bastante bien, bajo la traza de un soldado romano, es a Beppo, mi paje. El elefante enrosca su trompa alrededor de su cuerpo y lo destruye”. El recuerdo de aquellas acciones delata una breve y sombría sonrisa por entre los labios finos del Duque, que sin más, prosigue la marcha, mostrando con detalle cada una de las figuras que nacieron de su imaginación y viven, perduran en piedras dormidas. Son en total unas treinta esculturas que la familia Bettini recuperó al comprar el palacio en 1954.

No hay sosiego en esta visita, todo sorprende a cada paso. Lo increíble de la voluntad humana se materializa en cada obra. Al llegar ante el misterio de la iniciación, Pier Franceso invita a adentrarnos al más allá. La puerta es la figura más conocida y sobrecogedora del jardín, tal vez la más real. Una enorme cabeza con su boca abierta, quizás invitando a entrar, quizás dejando escapar el dolor y el espanto. Es la entrada al mundo subterráneo, es la bajada a los infiernos. No develaremos que hay más allá, en las profundidades de la piedra excavada a mano por esclavos musulmanes. Aquel que se atreva, descubrirá lo no muerto, lo invadirá una sensación de serenidad, el vacío mismo de la carne, donde los pensamientos no se atreven a entrar. Como despedida, el Duque de Bomarzo, Pier Francesco Orsini, nos deja una frase, “Lo único perdurable, inmutable, firme y cierto son las rocas y cuando yo andaba entre ellas, parecían estremecerse como si fueran colosales seres humanos” y desaparece entre estelas de misterio. Lo último que llego a escuchar, entre murmullos de silencio, “Quien vaya a Bomarzo, verme podrá…”

Lo real:

No es sencillo llegar hasta Bomarzo desde Roma en transporte público. La mejor opción es tomar el tren desde Roma hasta la estación Orte Scalo y luego tomar el autobús a Bomarzo. El parque permanece abierto todo el año, con diferentes horarios para invierno y verano. Hay hospedajes en el pueblo de Bomarzo.

Nota del autor: Esta nota está basada en la novela “Bomarzo” de Manuel Mújica Lainez. Los encomillados fueron extraídos del texto original.

El Bosque de los Monstruos.

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Por Rodrigo Carretero

🇦🇷 Soy Periodista y Guía de Turismo. Durante más de 11 años edité una revista de rock argentino, escribí dos libros de cuentos y desde hace 10 años llevo adelante En Camino Paseos. Me dedico al turismo histórico, cultural y enológico en la provincia de Córdoba, Argentina. Hago salidas en Privado para hasta 3 personas, brindando excelente calidad de servicio.

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