Ruinas del puebloRuinas del pueblo de Armero (Colombia) / Camila Gutiérrez

Han pasado 35 años pero el dolor y la tragedia aún flotan en el aire y se sienten en la piel. Por un momento, todo lo que vi a mi alrededor eran lápidas y ruinas. Fue inevitable tener que parar de caminar en varias ocasiones para respirar profundo y pensar en todas las vidas que no fueron más.

El 14 de noviembre de 1985 amaneció y el pueblo había desaparecido… la noche anterior, una avalancha de 40 metros de altura de lodo, lava y agua (lahar) producto de la erupción del Volcán Nevado del Ruiz, había arrasado con el pueblo de Armero y con más de 23 mil vidas. El pueblo blanco, conocido así por sus cultivos de algodón, había quedado sepultado. 

La tragedia de Armero fue la segunda catástrofe volcánica más mortal del siglo pasado, después de la de 1902 de Mount Pelée en la isla francesa de Martinica, en la cual murieron 28 mil personas.

Armero está ubicado en el departamento del Tolima en la región andina de Colombia. Su principal actividad económica era la agricultura y su población se aproximaba a los 45 mil habitantes. Está bañado por los ríos Sabandija, Cuamo, Magdalena y Lagunilla. Fue justamente por este último por el cual llegó la devastadora avalancha proveniente de las faldas del Nevado.

El “León Dormido”, como también se refieren al Nevado del Ruiz está ubicado a 5.321 metros de altura y a unos 45 kilómetros de Armero. Esta no era la primera vez que hacía erupción, pues se tienen registros de avalanchas en 1595 y 1845. Sin embargo, ninguna con este grado de destrucción.

Tanatoturismo, como el título lo indica, es uno de los nombres que se le da al turismo en lugares marcados por la tragedia y la muerte como por ejemplo: Hiroshima, Chernóbil, Auschwitz y Armero. El morbo parece ser la razón principal que lleva a miles de turistas a visitar estos lugares. Sin embargo, no es la única. Conocer la historia, hacer ofrendas y perdonar, son otros motivos que llaman a reflexionar in situ.

El ingreso a las ruinas es gratuito, el recorrido se puede hacer a pie o en carro, y de manera individual o con guía (en algunos casos son sobrevivientes). El lugar de partida es el Parque a la Vida, que se construyó para conmemorar la antigua plaza principal. En este sitio, se construyó un imponente monumento de 4 pilares unidos en la parte superior por un arco. En cada columna está implantada una placa de bronce recordando las construcciones del pueblo en alto relieve. 

Parque a la Vida
Parque a la Vida / Camila Gutiérrez

Alrededor, además de las lapidas esparcidas por todas partes, se pueden apreciar restos de casas y edificaciones siendo lentamente devoradas por la naturaleza. Cabe decir que lo poco que quedó en pie después de la tragedia fue saqueado por ladrones aumentando el deterioro y desolación en aquel pueblo. En las fachadas que permanecen aún en pie es usual ver letreros como: “Familia Tovar” o incluso listas de nombres de los que vivieron y murieron allí.

Entre las víctimas estaba Omaira Sánchez, una niña de 13 años que quedó atrapada de la cintura para abajo entre escombros y lodo. Durante 3 días los colombianos vieron por televisión cómo los rescatistas trataban de sacar a Omaira con vida. Ella optimista mandaba saludos a sus familiares y agradecía la labor de los voluntarios. Lastimosamente, no hubo fuerza humana que lograra rescatarla y las motobombas fallaron. Ella murió ahí, en los brazos de un rescatista y en la pantalla de todo un país. 

Su tumba se convirtió en santuario y lugar de peregrinación, y aunque no ha sido declarada santa, muchas personas la consideran como tal. Así mismo, el papa Juan Pablo II visitó y declaró Armero Camposanto un año después de la avalancha. Por esto, si bien en el nombre de este artículo menciono el tanatoturismo, el turismo religioso es igual de significativo para este destino. 

Tumba de Omaira
Tumba de Omaira / Camila Gutiérrez
Monumento de Omaira Sánchez
Monumento de Omaira Sánchez / Camila Gutiérrez

Hasta el día de hoy, la tragedia de Armero causa indignación pues muchos creen que las autoridades no escucharon advertencias, no evacuaron a tiempo, no supieron manejar el desastre; y que como si fuera poco, se gestionaron mal los recursos para su reconstrucción. En el recorrido hay varias carpas con audios, periódicos y fotografías donde denuncian todos estos desafortunados hechos y sus fatales consecuencias. 

Otro tema delicado del que también se habla en los recorridos guiados, es el de la separación de familias. Durante la tragedia los sobrevivientes eran llevados a hospitales y refugios de varias ciudades. Tiempo después, cuando los padres volvían al pueblo a preguntar por sus hijos, se daban cuenta de que muchos de ellos habían sido dados en adopción (de forma regular o irregular) incluso a extranjeros. Existe una fundación que hoy, después de 35 años, todavía busca reunificar a las familias.

De la tragedia quedaron varias lecciones aprendidas que permitieron mejorar el monitoreo vulcanológico y la gestión de riegos. Esta última, permitió la reubicación de los sobrevivientes a la nueva cabecera municipal Armero-Guayabal o a otros municipios como Lérida, Venadillo, Ambalema, donde se construyeron barrios para acogerlos.

Afortunadamente, el «León Dormido» no ha vuelto a despertar. Sin embargo, sabemos que es una amenaza latente por su constante actividad y espesa fumarola que podemos ver desde los aviones cada vez que atravesamos la cordillera central. Solo nos queda desear “Que Dios nos tenga en su mano” tal como lo dijo el presidente de esa época, Belisario Betancur, al ver la magnitud de lo que había sucedido.

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Por Camila Gutiérrez

🇨🇴 30 años. Soy Negociadora Internacional, tengo un Máster en Dirección de Empresas y soy Chef. Hablo español, inglés, francés, italiano y portugués. Me encanta viajar, los deportes extremos y la naturaleza. Espero que mis relatos los motive a venir a Colombia. ¡saludos!

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