Bosque

María solamente cerró los ojos y el impacto fue instantáneo. Siguieron unos pocos minutos de silencio antes que fuera saliendo lentamente de su inconsciencia para no entender qué la rodeaba y por qué estaba allí. Cuando llegó la asistencia médica le comenzó a doler la pierna derecha y el dolor se intensificó hasta que le pusieron una inyección que la hizo sentir como si flotara mientras la gente se arremolinaba alrededor de su automóvil.

Ya en el hospital y antes de entrar a la sala de operaciones le dijeron que no había alternativa y que lo que ayudaría a salvar su vida era amputar la pierna derecha. Con todo el dolor de su alma aceptó y firmó un documento con letra temblorosa. Luego vino la ausencia. Un sueño tranquilo que la relajó hasta que una voz angelical le avisó que estaba en sala de recuperación, que en una hora la llevarían a una habitación y que todo estaba bajo control. La voz la tranquilizó y la temperatura del lugar la confortó gracias a un suave cobertor que envolvía todo su cuerpo.

Grande fue el dolor al notar la ausencia de su miembro inferior derecho. El llanto fue su compañero en mañanas nubladas, tardes soleadas y noches solitarias en el hospital.

Semanas después y en una silla de ruedas, María no quería ver a nadie. Su madre le llevaba los alimentos a su dormitorio y apenas saludaba a su padre y a sus dos hermanos. Su mente, su cuerpo, su corazón y su alma le cerraron la puerta al mundo.

Con el tiempo aceptó la rehabilitación primero en el hogar y después en el hospital. Conoció varias personas dedicas no solo a su cuerpo sino a sus esperanzas y principalmente al nuevo enfoque de la vida. Poco a poco se vieron los resultados de la rehabilitación pero los ánimos seguían hechos trizas en todos los rincones de su ser.

Finalmente María logró su independencia dentro de la casa pero se resistía a salir, a que la vieran, a pedir ayuda en todo lugar y para toda actividad.

Su celular, la computadora y la televisión entraron a formar su reducido círculo de amistades y entre todas ellas pasaron incontables horas que pasaban por todos los programas que no hablan, no mencionan, no apoyan y menos asisten a personas con discapacidad.

Una noche de viernes, apenas había apagado las luces de la habitación para dormir, no logró conciliar el sueño y oprimió el botón del comando a distancia de su televisión y mientras pasaba canales se detuvo en uno que mostraba un bosque nuboso lleno de aves, insectos y aventura en cables que cruzaban los árboles y puentes colgantes que le daban la perspectiva de los pájaros sobre la floresta. Se enamoró del lugar y a la mañana siguiente buscó información. Supo entonces que había un lugar mágico donde se respira aire puro, donde las aves viven libres, donde las plantas luchan por ser acariciadas por el poco sol que logra atravesar las nubes cargadas de lluvia y quiso ir allí.

Su sueño y sus ganas se diluyeron al recordar que ella debía usar una silla de ruedas, que lo peor no fue perder una pierna sino haber sufrido una lesión muy dolorosa en la columna que no le permitiría desplazarse a su gusto.

Reunió postales y posters y su dormitorio se llenó de verde. Verdes árboles, verdes plantas, verdes paisajes, vida, mucha vida y un sueño petrificado por su situación.

Angélica era la mejor amiga de María antes del accidente; luego, las muchachas no se volvieron a ver más pero Angélica estuvo en las salas de espera de los quirófanos, en las farmacias para comprar medicamentos que los padres no podían adquirir, en el celular preguntando día y noche por la amiga querida.

Al llegar la Navidad, no había planes previstos. Ya no había celebraciones en casa de María. La muchacha no quería perjudicar los planes de la familia y aceptaba dejarlos ir y venir, hacer y deshacer pero ella no se apuntaba a ninguna actividad.

A la medianoche cuando las calles reventaban de júbilo y fiesta anunciada con petardos y música, la casa de María apenas tenía ruido de tazas y pasos lentos. En la sala había un arbolito muy pequeño apenas decorado y esa noche todos pensaron acostarse antes de la medianoche luego de haber compartido chocolate caliente con galletas de jengibre, pero a las 11:30 p.m. sonó el timbre de la puerta. María en su habitación jugaba con un peluche de un tucán muy gracioso que ya tenía antes del accidente pero que ahora era el símbolo de un bosque nuboso distante en su pensamiento.

Angélica saludo con las felicitaciones de la estación y entregó un sobre a la madre de María. El sobre estaba rotulado “María” por lo que la madre no quiso recibirlo y alentó a Angélica a romper el muro emocional que María había construido desde su dormitorio hasta la frontera más distante del mundo. Angélica tomó aire y aceptó.

Un golpe muy suave sorprendió a María. Antes de apagar la luz para fingir estar dormida, Angélica entró. Apenas un gesto dio la bienvenida a la amiga quien solo dijo: -Te traje tu regalo de Navidad.

El sobre blanco quedó aprisionado entre el índice y el pulgar de María que no entendía el gesto de una amiga tan fiel que había sido ignorada por ella desde el accidente. Angélica le pidió que lo abriera. María respondió que mejor al día siguiente, a lo cual Angélica insistió.

María acomodó las almohadas para sentarse.

El sobre tenía solo papeles: los papeles de la reserva de hotel, los papeles del itinerario, los papeles de las excursiones y los papeles de la reserva aérea. Destino: el bosque nuboso.

Los ojos de María se llenaron de lágrimas y no por el regalo sino porque sabía que aun teniendo todas las ganas del mundo no podría viajar porque vivía sentada en una silla de ruedas.

Angélica se sentó al lado de María y le explicó que hoy no hay barreras para las personas con discapacidad. Asientos preferenciales en los aviones, hoteles especialmente diseñados para personas con discapacidad motriz, busetas especiales para sillas de ruedas, senderos habilitados para todo tipo de personas, actividades que incluyen silla de ruedas o infraestructura para ellas. Todo un nuevo mundo de posibilidades para las personas con discapacidad.

Ayer María mandó una foto a su familia: silla de ruedas en el cable que cruza el bosque desde lo más alto hasta las plataformas de llegada. En la foto todo es verde, todo es paz, todo es aire puro, todo es la sonrisa más hermosa que María tiene en el rostro.  

Dinos tu opinión

Por Luis Carlos Palazuelos

🇧🇴 Profesional en turismo hace treinta y seis años. Formación en Derecho y Maestría en Turismo; soy conservacionista y escritor entre otras cosas que me apasionan y me complementan.

Facebook2k
Twitter203
Instagram649
Tiktok234