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Tras varios intentos fallidos de probar la curiosa sensación de elevar mi cuerpo a unos cuantos miles de pies de altura, en un cumpleaños muy especial por fin pude realizar la inigualable experiencia de transportarme en un avión, sin duda es algo que quiero hacer unos cuantos miles de veces en mi vida. Mi primer viaje al caribe mexicano, y no precisamente al famoso Cancún; ya como egresado de Turismo, mi enriquecedora acompañante y yo buscábamos visitar un destino no tan conocido.

Mahahual era el destino a visitar, con unos destellos en Bacalar y su grandiosa Laguna de los 7 colores. Al llegar al primer destino, fue bastante claro que estábamos frente a las bellas playas caribeñas y también fue muy evidente la tranquilidad que envuelve a este pequeño pueblo pesquero, donde la tirada de los comerciantes son principalmente los cruceros que llegan por la mañana y zarpan por la tarde.

Como de costumbre y fieles a nuestra curiosidad de profesión, hacíamos preguntas frecuentes en los restaurantes que estuvimos visitando, acerca de las temporadas altas y bajas, el flujo de gente y el mercado principal para el que trabajan. Sin duda los cruceros se han convertido en el principal sustento de estas hermosas tierras pesqueras y aunados a ellos, los extranjeros de edad por encima de los cuarenta años, y en efecto, al día siguiente que nos tocó el arribo del primer crucero, todo coincidía con lo dicho por los locales.

Por la mañana y hasta la hora de la comida, en todo el malecón se encontraba un gran volumen de personas, provenientes del crucero anclado a lo lejos. Comerciantes, restauranteros y masajistas hacían acto de presencia como la oferta principal de los demandantes de un buen gourmet local, a la orilla de la hermosa playa azul turquesa tan distintiva del caribe mexicano. ¿Y quién no? Les aseguro que ya se les antojo, y si, no les mentiré no pude resistirme a una hamaca con vista al mar y tomándome una cerveza.

Mahahual,-Quintana-Roo

Sin embargo, los cruceros regresaban a lo profundo del mar por la tarde-noche, y los comercios, masajistas y restauranteros se esfumaban de igual forma. Fue muy claro para nosotros que la demanda casi total bajaba de un barco por la mañana y se subía al mismo, más tarde. Esta situación nos creó cierta reflexión de la recepción de Turismo en Mahahual, un lugar hermoso en México, que consumen casi exclusivamente los extranjeros.

Un detalle importante de mencionar de esta visita, es que la gente local nos ha recibido de forma diferente a cualquier persona extranjera, afortunadamente, para bien. Me dio la impresión de que los nacionales se paran por ahí tan esporádicamente, que al darse cuenta que nuestra lengua materna es el español mexicano, nos hacían sentir en casa y lo que sea que ofrecían sus negocios nos daban un precio especial por ser Mexicano, un descuento, una sonrisa y un excelente trato.

No puedo evitar pensar al escribir esto, en un artículo que se publicó hace pocos días en esta revista donde nos pregunta si en verdad nos interesamos por los anfitriones de los lugares que visitamos, donde todo lo expresado ahí de forma atinada y puntual, nos habría de dar espacio a la reflexión, si visitamos un Mahahual o un Bacalar, el archipiélago de San Andrés o Santa Marta en Colombia, busquemos sus raíces, sus antecedentes, seamos empáticos con su gente y respetuosos con sus tierras.

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Por Emanuel Mendiola Arrieta

Hotelero de corazón, apasionado por la escritura y el turismo. “Viajar es más que ver lo que hay para ver; es iniciar un cambio en nuestras ideas sobre lo que es vivir.” Miriam Beard.

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