Córdoba calle de nombre JudíosLa calle judíos en plena Judería cordobesa.

Visitar Córdoba, una de las ciudades españolas que cuenta con mayor número de inscripciones en lista de Patrimonio Mundial de la Unesco, con su Mezquita, su Alcázar de los Reyes Cristianos o su espléndida Judería (una de las más grandes del mundo), barrio judío emplazado en el casco histórico que forma parte de la zona designada “Patrimonio de la Humanidad” desde 1994, es una experiencia cultural, turística y emocional sin igual.

Córdoba es historia, es luz, son patios floridos de macetas de geranios, es aroma a naranjos que inundan la ciudad. Pero, si además, todas estas sensaciones las potenciamos, guiándonos por la Ruta Sefarad de la Red de Juderías de España, el viaje a Córdoba puede resultar inolvidable.

Córdoba Judíos calle
Vista de la calle Judíos en la Judería Cordobesa.

¿Qué es la Red de Juderías?

La Red de juderías es una asociación de municipios, nacida en 1993, que potencia en España los Caminos de Sefarad, a través de 22 ciudades, donde se quiere recuperar el patrimonio sefardí o judío. Los sefardíes eran los judíos que vivían en la Península y que fueron expulsados en 1492 por los Reyes Católicos. En la Red de juderías hay 5 ciudades patrimonio de la humanidad: Cáceres, Avila, Segovia, Córdoba y Toledo. Las 22 ciudades que forman la Red de Juderías no abarcan el 100% del patrimonio judío español ya que este pasado va mucho más allá, reflejándose en la arquitectura, las costumbres, la gastronomía. Las ciudades que sí están en la Red tienen el compromiso de trabajar en unos proyectos comunes, gracias a iniciativas como el programa RASGO, difundiendo el valor del patrimonio judío, transmitiendo el valioso legado sefardí y permitiendo que los visitantes descubran esas raíces materiales e inmateriales que están por todas estas ciudades.

patios cordobeses
Símbolo de la red se Juderías que representa la Península Ibérica con la inscripción de Sefarad en hebreo.

La Red, en Andalucía, está conformada por tres ciudades: Córdoba, Jaén y Lucena. Lo interesante de esta Red radica en que no es un simple logo turístico sino que reúne mucha gente que en toda España están unidos por su pasión de recuperar y hacer revivir la cultura de estas comunidades sefardíes, tan presentes en nuestra idiosincrasia y adn. La Red posee, en este sentido, varias vertientes que se desarrollan desde el interior de las propias comunidades: la de educación (como el concurso infantil Benjamín, de preguntas sobre la cultura judía), la de turismo, la comercial y la cultural.

Día a día, gentes como Sebastián de la Obra, apasionado y erudito director de la Casa Museo Sefarad de Córdoba, Fran en su peluquería de Lucena, Rafael desde el ayuntamiento de Córdoba o Manuel Lara Cantizani, entrañable concejal de turismo de Lucena, transmiten, luchan y viven la historia de Sefarad para que todos podamos conocerla. La Historia Sefarad es, en definitiva, la historia de España. Sefarad significa el final de la tierra conocida, que era, en el pasado, la Península Ibérica.

Después de la expulsión en 1492, la Diáspora reparte a los sefardíes por el Mediterráneo, el Norte de Africa, el cuerno del Bósforo, para dispersarse, posteriormente por el Centro de Europa y  América (actualmente la comunidad sefardí es muy extensa en Argentina y México), donde fueron incorporando a su propia cultura, que han sabido mantener durante más de 500 años, nuevas asimilaciones de músicas, productos gastronómicos, vestimentas… Ya lo dice el lema judío: “Hay que asimilar sin asimilarse”.  

En España, muchas de las expresiones culturales que creemos nuestras o actuales provienen de los sefardíes, desde la comida (recetas con miel), la música o las expresiones lingüísticas, como “mantenerse en sus 13”, cuyo origen se encuentra en el tratado “Los 13 principios básicos” del gran genio judío cordobés Maimónides, filósofo, médico y teólogo, una de las figuras claves del mundo sefardí.

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La Puerta de Almodovar en la muralla cordobesa que da entrada a la judería.

El turista que llega a cualquier ciudad de la Red de Juderías, podrá seguir el Camino Sefarad gracias al programa RASGO (restauración, alojamiento, señalética, guías oficiales). Cada hotel o restaurante que tenga este distintivo en la ciudad significa que participa y ofrece algo del mundo sefarad al visitante. En un hotel, descubrirá un rincón sefardí, por ejemplo, con libros de cultura judía o en un restaurante, encontrará un menú sefardí todo el año (que no kosher porque en este caso se necesita un rabino que certifique la pureza del procedimiento) como en la cordobesa Casa Mazal, especializada en excelente cocina sefardí, situada en plena judería, cerca del espléndido hotel Casas de la Judería.

El turista tiene una oferta de actividades culturales todo el año, además de poder comprar cosas típicas, en este caso de Córdoba, como cerámica, joyería, cuero, o recuerdos judíos como una menorá (candelabro judío de 7 brazos, ligado a una de las fiestas judías más importantes, la Janucá). El Pasaporte del Descubridor permite al turista, sellando este documento en las Oficinas de Turismo, acceder a detalles o regalos como una copa o tener vistas de una habitación de hotel a una plaza.

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Vista de las murallas de Córdoba.

Un paseo por la Córdoba judía

Córdoba mantiene, así, gracias a la Red de Juderías, y a tantas personas involucradas, la cultura sefardí a través de manifestaciones como el Festival Internacional de Musica Sefardí en junio, recuperando, así el patrimonio oral del idioma ladino (judeo- español) de los sefardíes o las Jornadas europeas de la cultura judía; en septiembre, el reconocido “Otoño sefardí”, un  revolutum de cultura sefardí con vinos, gastronomía, música, visitas guiadas y exposiciones.

Además de visitar el patrimonio monumental como la extraordinaria Judería de Córdoba, epicentro de la Ruta, el objetivo de la Red de Juderías es crear emociones a través de la cultura sefardí, haciendo las cosas que podían hacer nuestros antepasados como, por ejemplo, la artesanía.

Un Turismo de Emociones que abarca el mundo sefardí, incluso después de la expulsión de los judíos de España. Los judío conversos se mantuvieron en el país clandestinamente, dando como herencia a figuras de la talla de Góngora o Cervantes. Perseguidos por la inquisición, los judíos conversos mantuvieron su cultura a escondidas, usando mensajes en clave, cambiándose apellidos (la llamada limpieza de sangre). Por eso se sospecha que muchos españoles pueden provenir de ahí. El antisemitismo llega en el siglo XIV, potenciado por los cristianos y de ahí, se realizaron muchas conversiones, por miedo, refugiándose numerosos judíos en el Castillo de la Judería.

El Alcázar de Córdoba, uno de los lugares más bellos de la ciudad, fue sede del Tribunal de la Inquisición. Para los que visiten este verano la villa cordobesa, se puede acudir al espectáculo nocturno Las Noches mágicas en el Alcázar de luz y sonido en las fuentes de los jardines de dicho monumento.

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Estatua del médico, filósofo, matemático y teólogo Manimónides.

El paseo ideal para conocer la Córdoba judía debe centrarse en la Judería bajo medieval que existe desde la conquista cristiana de Córdoba, cuando se traslada ahí, en 1236. Se dice que la presencia de los primeros judíos en Córdoba data de la época visigoda. Allí podremos descubrir la Plaza de Maimónides, hijo ilustre de la ciudad, donde se mantiene el esplendor de las casas señoriales de los posteriores siglos XVI y XVII junto a la estatua del gran médico (escribió numerosos tratados médicos de gran modernidad), matemático, filósofo y teólogo (su “Guía para perplejos” es una obra maestra de adaptación filosófica aristotélica al judaísmo), situada en un recoleto rincón presidido por espléndidos naranjos. La red de juderías, cuya sede, se encuentra en este punto, nos lleva por callejuelas a patios cordobeses llenos de flores, desde donde podemos alcanzar la muralla, la puerta de Almodovar y como no, la Casa Museo Sefarad y la insólita sinagoga que data de 1315, de pequeñas dimensiones pero de gran belleza y armonía.

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Entrada a la Casa Sefarad en la Judería.

En este paseo por el tiempo que nos lleva al mundo judío, no se puede dejar de visitar la Casa Sefarad, un museo y centro cultural vivo, de iniciativa privada, llevada por el cultísimo y apasionado conocedor del mundo judío, Sebastián de la Obra. Desde exposiciones, actividades, música sefardí, jazz, seminarios, todo cabe en este universo de cultura y placidez que nos revive, a través de la memoria, las costumbres sefardíes. Un recorrido, cuyo eje se articula en torno a tres temas: los primeros judíos desde el siglo I hasta 1492, épocas de gran esplendor; los judíos, expulsados, en su diáspora, fuera de la península y  finalmente, el mundo judaíco que se quedó en España (los judío conversos), con su patrimonio oculto, y formado por pensadores extraordinarios como Francisco de Vitoria o Bartolomé de las Casas, defensor de los pueblos indígenas en América.

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Por Carmen Pineda

Inquieta, rigurosa, sensible y amante de la cultura (sobre todo el cine), el turismo, la gastronomía y los viajes. Me gusta comunicar y escribir sobre mis experiencias y sobre el mundo en general.

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