Damián Gerardo MuxeDamián Gerardo "Muxe" / <a href="https://www.instagram.com/damisen/" target="_blank" rel="noreferrer noopener"><em>damisen</em></a>

Los Muxes son “el tercer género” perteneciente a la población zapoteca del Istmo de Tehuantepec en Juchitán de Zaragoza, Oaxaca y esta denominación proviene del sentido de pertenencia a una identidad cultural e histórica.

“Ser Muxe tiene que ver con los hombres que biológicamente son hombres pero que crean una identidad femenina y toman propios los roles establecidos femeninos”, afirma Biiniza Carrillo Medina, muxe.  

Es decir, los muxes son hombres que de manera libre adoptan la realización de actividades como: bordado de huipiles, diseño y confección, manualidades, decoración, estilismo y maquillaje, entre otros; algunos incluso son propietarios de sus talleres y debido a ello es que la economía de la comunidad se ve fortalecida, además de que son parte fundamental del etnosimbolismo zapoteco. En este sentido, los muxes son imprescindibles en los ámbitos económico y cultural, reflejo de esto, se puede visualizar en la fiesta de las Velas Istmeñas dentro de la cual hay una significativa traslación de recursos del mercado doméstico y son ellos quienes se encargan de ejecutar dicho menester, además de los adornos, la comida, los vestuarios, el maquillaje y los peinados.

Debido a que la sociedad indígena zapoteca reconoce a este tercer género y aunado a que Juchitán (Oaxaca) es un lugar con gran diversidad en incontables ámbitos cuya población se ha rehusado a profesar el sistema patriarcal, los muxes lejos de ser discriminados son aceptados, respetados y reconocidos por las funciones que desempeñan. 

No obstante, la legitimidad e impacto de este tercer género ha llegado al sector turismo, a tal grado que en el año 2015 en el tianguis turístico llevado a cabo en Guadalajara Jalisco se anunció la ruta: “Destino Muxe”. Cabe destacar que ésta abarca también los ámbitos económico y gastronómico e involucra seis poblados: Magdalena Tequisistlán, Jalapa del Marqués, Juchitán de Zaragoza, Santa María Xadani, Tehuantepec y San Blas Atempa en el estado de Oaxaca. 

Es importante señalar que la planificación de dicha ruta se formuló de manera que se incluyeran diversas e interesantes actividades enfocadas en el segmento LGTTTBI, tales como: participación en talleres de bordado, tejido, filigrana, bailes típicos de la zona, papel picado; sin dejar de lado las visitas a mercados regionales, zonas arqueológicas, dunas y algunos centros religiosos. La creación de este circuito y su vinculación con la promoción auténtica de la comunidad Muxe logra llegar de manera oportuna al nicho antes mencionado, mismo que al observar una propuesta genuina, es decir, que no usa campañas habituales en las que se observan viajes y experiencias, sólo de familias convencionales o personas heterosexuales, de tez clara o vestidas de una forma “aceptada”, sino que muestra en su forma pura la riqueza y cotidianidad de la multiplicidad sexual, conquista la confianza e interés de la comunidad LGTTTBI. 

Ahondando en el público al que va dirigido y tomando como referencia datos de la propia OMT (Organización Mundial del Turismo), se sabe que esta modalidad turística crece en un 10.3% anualmente; es decir, a una diferencia de 5.6% frente al turismo general, además de que aproximadamente el 30% de sus ingresos es empleado para viajar, lo que se traduce en un gasto mayor al que generan los turistas tradicionales. Por tal motivo la exigencia en cuanto al disfrute y expectativas de los destinos y experiencias que se promocionan dirigidos al segmento LGTTTBI deben procurar no sólo la satisfacción de estos requerimientos; sino también propiciar respeto, armonía e inclusión. 

La ruta “Destino Muxe” ha sido posible gracias a la sinergia de la comunidad local, pues ésta es quien ha propiciado el respeto de los usos de vida propios, sus costumbres y tradiciones hacia los miembros del tercer género impulsando así la cohesión de dos importantes grupos sociales, es decir las autoridades quienes han aceptado la legitimidad de los muxes amparando sus derechos y finalmente, los prestadores de servicios turísticos, agentes que deben tener gran humanismo, empatía, respeto, flexibilidad y transigencia para aceptar de forma idónea las diversas expresiones sociales y culturales de su país y demás lugares.

Lo anterior obedece a los lineamientos estipulados en el Código Ético Mundial para el Turismo, documento que dentro de sus diez principios refiere que todas las personas tienen derecho al turismo, esto es que todos los ciudadanos deben tener acceso al disfrute de las actividades de ocio, vacaciones y viajes. Asimismo, se establece que el turismo debe coadyuvar a la concordia y respeto equitativo entre personas y grupos sociales, lo que se traduce en que la comunidad receptora debe ser protegida de forma integral, respetando su idiosincrasia y folclore; mientras que los turistas deben recibir atención hospitalaria, respeto y protección, además de información veraz. De igual modo, se manifiesta al turismo como vía para el desarrollo individual y comunitario, lo cual alude al conocimiento de diversas culturas bajo los ideales de tolerancia, igualdad, cooperación y la no discriminación. 

En síntesis, el destino Muxe en Oaxaca es un claro ejemplo de la práctica armónica del turismo, tal como lo sugiere la OMT, pues existe un respeto recíproco entre la comunidad local y los turistas, los agentes turísticos y las autoridades protegen que ninguna de las partes sea violentada, procurando así una interacción segura, confiable y empática. 

Finalmente, tal como refiere el título de este escrito, la comunidad Muxe aporta gran valor étnico, simbólico y cultural no sólo a Oaxaca, sino a México. También fomenta el desarrollo económico, prolifera las costumbres y tradiciones ancestrales y es el vivo ejemplo de que no seguir un sistema patriarcal, puede permitir la existencia humana en su forma auténtica y traer consigo beneficios personales y colectivos. 

Algo en lo que a título personal se hace hincapié es admirar y ovacionar lo avanzada que la región de Juchitán está y es que pese a que se vive en pleno siglo XXI la mentalidad de muchas personas sigue estancada en épocas antañas, manteniendo una posición hermética ante “lo diferente”. Para algunos será sorprendente que en una comunidad indígena la tolerancia, respeto y apreciación de la pluralidad sexual sea mucho más y mejor aceptada que en las grandes ciudades o destinos “urbanizados” en donde aún prevalece la homofobia. Así es como Oaxaca muestra estar a un gran paso por encima de otros sitios, salvaguardando su riqueza multifacética y aprovechando razonablemente este factor para atender un nicho de turismo exigente a la vez que obtiene beneficios, mantiene su autenticidad y se posiciona como destino LGTTTBI nacional e internacionalmente.

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Por Angelica C. Gomez Alvarez

🇲🇽 Lic. en Turismo por la Universidad Autónoma del Estado de México (UAEMex). Mi mayor aspiración: ejercer e inculcar un turismo sostenible, responsable y consciente.

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