Nave espacial de Blue Origin<em>New Shepard</em> es una nave suborbital reutilizable diseñada por <em>Blue Origin</em> para llevar astronautas y cargas útiles de investigación más allá de la línea de Kármán (fuera de la atmósfera).

La noticia es de #OMG, #nomelopuedocreer, #PorFin, para quienes, como yo, llevamos más de una década esperando este momento. Quienes comenzamos a interesarnos en el turismo espacial suborbital tras la concesión del Premio Ansari. Quienes asistimos a todas las reprogramaciones del inicio de sus vuelos realizadas por Virgin Galactic. Quienes nos pusimos muy tristes por el grave accidente de esta compañía en octubre de 2014 y muy alegres con todos los éxitos de SpaceX

A un nivel muy personal, como profesor de Mercadotecnia Turística interesado en el turismo espacial suborbital, ya estaba harto de tener que decir en todas mis pláticas y mis clases: “se trata de un producto muy novedoso; tan novedoso que ni siquiera existe”. Esta frustrante situación parece haberse acabado, y la era del turismo suborbital puede arrancar (veinte años después del primer vuelo turístico orbital) el próximo 20 de julio.

Ese día, que coincide con el 52 aniversario de la llegada de los primeros seres humanos a la Luna, la nave New Shepard desarrollada por la compañía norteamericana Blue Origin efectuará su primer vuelo suborbital tripulado. En dicho vuelo viajarán el dueño de la empresa, Jeff Bezos, fundador y CEO de Amazon hasta su renuncia planeada para el 5 de julio de este año, Mark Bezos, hermano del anterior, y la ganadora o el ganador de la subasta para ocupar un tercer asiento en la nave, cuya identidad no se conoce cuando escribo esto, pero sí que ha pagado la impresionante cantidad de 28 millones de dólares por este paseo espacial.

La New Shepard es una nave de despegue vertical, similar en ese aspecto a los más típicos cohetes de la carrera espacial iniciada a mediados del siglo XX, aunque con una serie de características que la distinguen. Quizá la diferencia más llamativa sea que se trata de una nave reutilizable: las empresas espaciales privadas, por más que pertenezcan a algunas de las personas con más dinero del mundo, no pueden permitirse el nivel de gastos de las oficinas gubernamentales de las dos superpotencias que, en plena Guerra Fría, se enzarzaron en una feroz competición por el dominio del espacio exterior. Y la reutilización de los diversos componentes de las naves ha sido el principal pilar para el control de gastos.

El vuelo trazará una parábola de más de cien kilómetros de altura, sobrepasando así la línea de Kármán, que señala convencionalmente el límite del espacio, y tendrá una duración de diez minutos, en tres de los cuales se podrá experimentar la microgravedad. Estos momentos en que no se siente el peso del cuerpo representan, de acuerdo con las investigaciones de mercado, una de las experiencias que más motivan a las y los turistas espaciales. Otra de tales experiencias es, sin duda, la posibilidad de observar la Tierra desde el espacio, algo tenido en cuenta por Blue Origin al diseñar su nave, de la que se ha anunciado que tiene las ventanas más grandes de toda la historia de los vuelos espaciales

Estas ventanas permiten ver el mundo desde una perspectiva alcanzada por muy pocas personas: aproximadamente una de cada 200 millones. Dicho en números redondos, se calcula que durante toda la historia de la humanidad han existido algo más de 100,000 millones de seres humanos, de los cuales tan sólo unos 500 han estado en el espacio. El próximo 20 de julio, Jeff Bezos y los otros dos tripulantes de su nave se unirán a este selecto grupo, convirtiéndose así en los primeros turistas suborbitales. Según las declaraciones del propio Bezos, este vuelo cumple una de sus mayores aspiraciones desde la infancia, y la oportunidad de ver la Tierra desde el espacio parece haber jugado un papel fundamental; como afirma en una publicación de Instagram, lo considera algo que “te cambia. Cambia tu relación con este planeta, con la humanidad”.

Desde su fundación en el año 2000, Blue Origin siempre se mantuvo relativamente alejada de los focos, una estrategia muy distinta a la seguida por Virgin Galactic, su principal competidora, empresa sobre la que, por cierto, cabe preguntarse si se esperaba esta situación, este adelantamiento fulgurante por parte de la compañía de Jeff Bezos, que recuerda a los mejores de la Fórmula 1. En 2016, Blue Origin anunció que iba a comenzar sus vuelos dos años después. Y ahora, con un retraso muy ligero, parte del cual sin duda puede atribuirse a la pandemia, e inferior a lo acostumbrado en el turismo espacial, todo parece indicar que ha llegado el momento.

Si todo sale bien, como deseamos que suceda, ¿qué es lo que cabe esperar después? 

De entrada, el turismo suborbital dejará de ser un producto en desarrollo y se dará apertura a su lanzamiento al mercado, con todo lo que ello implica. Cuesta creer que el producto se vuelva masivo rápidamente, pero no hay razón para dudar acerca de la existencia de un mercado muy jugoso. Blue Origin no ha proporcionado información en todos estos años acerca de sus reservaciones, pero los datos que se conocen acerca de Virgin refuerzan esta idea.

Hasta ahora, si algo ha demostrado la historia del turismo espacial es que se trata de un negocio muy difícil. Casi cualquiera de nosotros puede trasladarse cien kilómetros sobre la superficie de la Tierra en un tiempo razonable sin más ayuda que la de nuestros pies; sin embargo, recorrer cien kilómetros hacia arriba es una hazaña de increíble complejidad. La desaparición de numerosas compañías de turismo espacial, como Armadillo o XCOR Aerospace, sirve para atestiguar esta dificultad. Tras el vuelo de Blue Origin, del enorme impulso mediático que generará y de los potentes esfuerzos de mercadotecnia que sin duda va a realizar la empresa, seguirá siendo un negocio difícil, pero ya se habrá producido un primer punto de inflexión. El producto habrá dejado de ser una idea más o menos alocada, casi en el límite de la ciencia ficción, y estará disponible para quien pueda y quiera comprarlo.

Los precios merecen un tratamiento aparte. Evidentemente, los 28 millones de dólares que ha pagado la persona ganadora de la subasta no van a ser el precio habitual del turismo espacial suborbital, que hasta ahora se había considerado en el rango entre los 200,000 y los 300,000 dólares. La cantidad abonada por el primer vuelo en la New Shepard no es sino un desproporcionado impuesto por viajar en primer lugar. Los precios de inicio serán previsiblemente muy inferiores, y además las leyes de la Economía indican que irán bajando todavía más, a medida que el producto llegue a las mayorías del mercado. Es probable que, en una o dos décadas, se convierta en un producto que pueda ser comprado una vez en la vida por una parte significativa de la población mundial.

Desde luego, también cabe esperar que, a futuro, los modelos de negocio vayan evolucionando en múltiples direcciones, a causa de elementos como su interacción (sinérgica o no) con el turismo orbital, los vuelos suborbitales point-to-point, la legislación internacional y nacional, el impacto ambiental del turismo espacial o los cambios en la mentalidad de las personas, un elemento siempre de enorme trascendencia para la Mercadotecnia.

Quizá comiencen a aparecer más tiktokers y youtubers apasionadxs por el turismo espacial y con ganas de difundir sus virtudes. Siento que el turismo espacial debería tener mucha mayor presencia en las redes sociales, especialmente entre las personas más jóvenes, y ésta podría ser una excelente oportunidad para lograrlo. 

Desde el punto de vista de un profesor de Mercadotecnia, esperaría un mucho mayor interés académico por el turismo espacial, reflejado en más artículos científicos y más investigaciones de grado acerca de este tema en México, que hasta ahora se ha trabajado muy poco (pero –también hay que decirlo– muy bien, como muestran las tesis de Licenciatura y Maestría de María Angélica Piñón sobre el tema). 

Un aspecto estrechamente relacionado con las investigaciones académicas es que el vuelo del próximo 20 de julio abre la posibilidad para resolver dudas que se llevan discutiendo durante años, con respecto a diversos aspectos de gran interés para la Mercadotecnia. Así sucede con el ya mencionado de los precios, que resulta decisivo para el futuro del negocio, pero también con múltiples elementos de seguridad, calidad y emocionales. Probablemente sea una época muy adecuada para incrementar la vinculación entre ingenieros y mercadólogos, entre expertas en tecnología y expertas en hospitalidad, de manera que se puedan crear experiencias de vuelo cada vez más satisfactorias.

También es muy interesante preguntarse cuál será la reacción de Virgin Galactic, empresa con un enorme talento para generar expectativas, que había anunciado por enésima vez el inicio de sus vuelos, esta vez para principios de 2022. Quizás ahora, con el revulsivo que significa el vuelo de Blue Origin, Virgin sí vaya a cumplir por fin su promesa, respaldada por las numerosas pruebas exitosas que ha realizado últimamente.

Si a esta posibilidad le añadimos el proyecto Inspiration4 de SpaceX, que a finales de este año enviará cuatro civiles al espacio en la nave Crew Dragon, tendremos que reconocer que el doloroso y pandémico 2021 se ha convertido en un año de extremo interés para los vuelos espaciales privados y el turismo espacial. 

En suma, hay un montón de temas de los que se puede y se tendrá que hablar. Los que he señalado en los últimos párrafos son únicamente una mínima selección de todas las posibilidades que inaugura este vuelo del 20 de julio. Por el momento, sólo nos resta esperar a que llegue esa fecha y, por supuesto, que el vuelo vaya bien. Tiempo habrá después para seguir analizando todo lo que se avecina. 

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Por José María Filgueiras Nodar

🇪🇸 🇲🇽 Soy Licenciado y Doctor en Filosofía, con un Master en Administración y Dirección de Empresas. Trabajo como Profesor-Investigador en la Universidad del Mar (Huatulco, Oaxaca), donde doy clases de Mercadotecnia General y Turística desde 2007, además de dirigir el Instituto de investigación de Turismo.

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